Mi patria es todo el mundo.

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Quisiera

Quisiera verte así, mujer consciente
del privilegio enorme de la vida,
quiero ver alguien y responder con ello,
a los talentos que el ser te dignifica.
Quisiera la felicidad en tí misma
conforme a tus rarezas y a mil sueños.
Quiero tener el coraje de ser libre
para elegir mi camino a tus desvelos.
Y conocer la alegría de verte así,
construyendo el camino a mundos nuevos
para sentir tu energía de vivir
como la flor que sonríe en los senderos.
Y a la vez tener éxitos, fracasos,
que recuerden tu condición humana,
la grandeza de Dios y mi soberbia
en el querer saber porque te ama.
  Sentirme y ser completa sinfonía
ser única verdad irremplazable
y en la chispa divina del consuelo
ser alma y corazón, hasta adorarte.

 

 

 

 

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“Carrero Blanco debió de ser un gran demócrata cuando
puedes ir a la cárcel por hacer chistes de él”

La joven juzgada por publicar chistes en Twitter sobre el atentado de
Carrero Blanco finalmente no irá a prisión. La Fiscalía ha rebajado la
petición de cárcel a un año, por lo que la estudiante, en caso de ser
condenada, no tendrá que ingresar en la cárcel ya que carece de
antecedentes penales. Sea como fuere, muchos tuiteros consideran un
despropósito que la mujer haya terminado sentada en el banquillo por
algo así mientras, en Suiza…

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Mujer

Liberate mujer de antiguos velos
que el deber ayer puso en tu vida
Suelta tu pelo en cascada de deseo
y lucha por ser tú y tu fantasía…

fin

Muestra tu faz limpia y pura al universo
y abre los ojos de tu desventura
que el mar es ancho en tu pecho palpitando
estrellándose contra rocas obscuras…

fin

Que tu amor ilumine la mañana
con el semblante alegre de tu boca
besando al firmamento con los lábios
que Dios quisiera ver cuando le imploras.

fin

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Contra el T.T.I.P.

NO A LA LEY MORDAZA

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Baila mujer, baila

Dicen que la Zambra la inventó un Omeya

Una noche bella que miró a la luna

Al pasar su danza entre las estrellas

Creó su cadencia nuestro soñador

fin

Danza para mi, mujer baila

mientras los juncos mecen sus cuerpos

muestra la hermosura de tu faz al universo

alegrando en estrellas tu creación.

danza y que la sombra de tu pelo cubra

en gotas de rocío y ambrosía

colmando de esperanzas mi canción

finDios te hizo perdón en tu belleza,

grande como aquél primer amor

mágica verdad de la pureza

y ansia de la gracia de tu don.

Danza para mi, mujer baila

Haz vibrar la noche afortunada

logra que nunca llegue la mañana

para recrear el gozo de los dos

fin

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Rose

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Por ser mujer

Solicitamos que la Real Academia Española nombre académica a Gertrudis Gómez de Avellaneda, ( 1814 -1873 ) rechazada por ser mujer.

 Gertrudis Gómez de Avellaneda fue considerada en su tiempo como una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Su vida y su obra siguen interesando a los estudiosos actuales, tal como se aprecia en los numerosos trabajos de investigación publicados en estos últimos años. Sus personales circunstancias biográficas, su apasionado carácter, su generosidad y su marcada rebeldía frente a los convencionalismos sociales, que la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, la apartan de la mayoría de las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España.

Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, una de las más notables figuras de la literatura hispano-cubana de todos los tiempos, nació en la villa de Puerto Príncipe el día 23 de marzo de 1814 en una casa solariega de la calle San Juan (antigua “de las Carreras”, pues era la calle de las carreras a caballo en las fiestas sanjuaneras), calle que hoy lleva el nombre de Avellaneda según acuerdo adoptado el 28 de septiembre de 1885 por el Cabildo Municipal de la Villa. Sus biógrafos concuerdan en que 1814 es el año correcto de su nacimiento, aunque 1816 es el año que figura en su autobiografía (La Ilustración, 1850-XI-8). Era hija de Don Manuel Gómez de Avellaneda, un capitán de navío español, natural de Constantina, pueblo cercano a Sevilla, y de Doña Francisca de Arteaga, respetable dama de abolengo principesco.

La propia poetisa nos habla del modo en que transcurrió su niñez, tal y como la describe en la primera de sus cartas a Ignacio de Cepeda y Alcalde, el gran amor de su vida, escrita entre el 23 y el 27 de julio de 1839. Esta carta, que constituye en sí una formidable autobiografía y un magnífico ejemplo de su cuidada y amena prosa, fue el comienzo de un epistolario que se prolongó al menos hasta 1854. Leemos en uno de sus párrafos:

“…Cuando comencé a tener uso de razón, comprendí que había nacido en una posición social ventajosa: que mi familia materna ocupaba uno de los primeros rangos del país, que mi padre era un caballero y gozaba toda la estimación que merecía por sus talentos y virtudes, y todo aquel prestigio que en una ciudad naciente y pequeña gozan los empleados de cierta clase…”

Tuvo la oportunidad de recibir una educación esmerada y de desenvolverse en un ambiente cultural muy superior al habitual. Desde niña dio muestras de una extraordinaria personalidad y era notoria su avidez por la lectura de novelas y libros de poesía. Con sus amigas más allegadas rehuía conversaciones y juegos banales tan propios de la edad, y prefería disfrutar con ellas largos ratos de lectura y comentarios. Fue así moldeándose el carácter y la creatividad de quien ha sido considerada por muchos críticos como una de las voces más notables de la poesía romántica en lengua castellana.

Tenía apenas ocho años cuando falleció su padre. Las consecuencias de esta pérdida dejaron hondas huellas en ella, que lo idolatraba. De aquel primer matrimonio de doña Francisca de Arteaga quedaron sólo dos hermanos: Gertrudis y Manuel. Algún tiempo después, la madre casó de nuevo con otro militar español, Gaspar de Escalada.

A los nueve años escribió sus primeros versos, y a los quince había producido un drama histórico sobre la conquista de México. Desenvolviéndose en un ambiente de tertulias refinadas y culturales (cortesanas, si cabe, al modo provinciano), aquella hermosa y altiva joven descollaba entre los otros jóvenes por su superior cultura y su fuerte personalidad. El amor, o lo que ella creía que era, la atrajo por un tiempo hacia uno de ellos, a quien identifica sólo con el apellido Loynaz en sus cartas a Cepeda, pero no puede decirse que hubiera llegado a establecerse entre ambos una relación formal o seria, tal vez porque Loynaz nunca correspondiera a ella.

Dejemos que ella misma, en su carta a Cepeda, continúe hablándonos de aquellos felices años de su juventud:

“…fuimos bien pronto las señoritas de moda en Puerto Príncipe. Nuestra tertulia, que se formó en mi casa, era brillantísima para el país. En ella se reunía la flor de la juventud del otro sexo y las jóvenes más sobresalientes. Todos los forasteros de distinción que llegaban a Puerto Príncipe, solicitaban ser introducidos en nuestra sociedad, y nos llevábamos todas las atenciones en los paseos y bailes. Atrajimos la envidia de las mujeres, pero gozábamos la preferencia de los hombres, y esto nos lisonjeaba…”

Sin embargo, su felicidad distaba mucho de ser completa. Antes de alcanzar los diecisiete años de edad, su familia preparó su matrimonio con un rico hacendado, compromiso que ella siempre repudió y se negó a cumplir, amenazando incluso con el suicidio. Ello la llevó a confesar: “… yo sospeché entonces lo que después he conocido muy bien: que no he nacido para ser dichosa, y que mi vida sobre la tierra será corta y borrascosa”.
Poetisa desde la cuna, Gertrudis Gómez de Avellaneda estremeció a la Real Academia de la Lengua. Tula, como muchos llamaban a esta bella camagüeyana, llegó a ser una de las más destacadas plumas del romanticismo español, y aun permanece entre las escritoras más distinguidas de nuestra lengua.

Dominó la poesía con pasión. Sus dramas llenaron los teatros de la Península. Sus obras se discutieron el primer y segundo premio, a la vez, en los Juegos Florales más selectos de Madrid. La Real Academia de la Lengua, aterrorizada por la habilidad que poseía la adorable criolla, se negó aceptarla bajo el pretexto de la saya. Emocionalmente destruida por la injusticia, continuó creando obras inmortales hasta el fin de sus días.

Además de ser reconocida como una de las más refinadas, y a la vez de lenguaje más sencillo, poetisas de nuestro idioma, la Avellaneda trató con dos temas primordiales de la literatura universal. Su novela Sab es una de las mejores obras en la abolición de la esclavitud. Pocos años antes de morir, en 1867, publicó un libro de oraciones, o pensamientos religiosos, llamado Devocionario que la sitúa entre las místicas de pensamientos más elevados.

A Dios
A El
Contemplación
Deseo de Venganza
Elegía
Elegía II
José María de Heredia
A la Luna
Al Partir
Sonteo Imitando una Oda de Safo
A Washington

Gertrudis Gómez de Avellaneda fue la primera mujer propuesta para la Real Académica Española. Y fue rechazada por el sólo hecho de SER MUJER.

Este mes se cumplirán 200 años de su nacimiento, y qué mejor regalo que conseguir que la RAE la nombre Académica a título Póstumo o al menos Académica Honorífica.

Más de 70.000 personas ya se lo están pidiendo: ¿quieres unirte a ellas? Firma la petición ahora >>

La Avellaneda fue la más importante escritora Hispano-Cubana del siglo XIX, la gran romántica. Vivió en España casi treinta años, y fue aquí donde escribió, publicó y estrenó la mayoría de su obra poética, novelística y teatral.

Por eso fue la primera mujer propuesta para la Real Académica Española. Pero fue rechazada por el sólo hecho de ser mujer. De hecho, pasaron más de 100 años hasta que una mujer, Carmen Conde, consiguió ser Académica.

Este sábado se celebra el Día de la Mujer. Un buen momento para pedirle a la RAE el reconocimiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Firma aquí la petición >>

Muchas gracias.

Edith y la Asociación Cultural y Literaria “La Avellaneda”

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