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Selva

El Manuscrito 512


El Manuscrito o Documento 512 es un manuscrito de archivo perteneciente al periodo del Brasil Colonial (mediados del siglo XVIII) y conservado actualmente en el acervo de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (división de “Manuscritos”, serie “Obras Raras”). El documento, conformado por diez páginas, está escrito en portugués y lleva el título de Relação histórica de uma occulta e grande povoação antiguissima sem moradores, que se descobriu no anno de 1753 (Relación histórica de una oculta y gran población, antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año de 1753). Aunque está redactado como un informe expedicionario, el documento posee al mismo tiempo ciertas características de una carta personal, considerando el carácter de relación entre el autor y el destinatario.

Por su contenido, el documento representa una narración recogida por un grupo de bandeirantes portugueses; el nombre propio del autor, jefe de la expedición, no se conservó. El documento relata el descubrimiento, en el corazón de un sertão o sertón brasileño, de las ruinas de una desconocida ciudad perdida, con rasgos de una civilización altamente desarrollada de tipo grecorromano. El informe menciona también el hallazgo de los yacimientos de oro y plata en ese contexto.

El texto contiene varias lagunas como resultado del deterioro del documento provocado por las termitas mientras el manuscrito permanecía olvidado en los archivos (1754-1839), causa por la que jamás se pudo saber el nombre del autor ni la localización geográfica exacta de la supuesta ciudad abandonada.

El Manuscrito 512 es probablemente el documento más famoso de la Biblioteca Nacional, y según el punto de vista de los modernos historiadores brasileños constituye la base del mayor mito de la arqueología nacional.1? Durante los siglos XIX y XX la ciudad perdida del Manuscrito 512 era objeto de acaloradas discusiones científicas, como también de infatigables búsquedas emprendidas por aventureros e investigadores.

Por su estilo vivo y pintoresco, el relato del Manuscrito 512 es considerado por algunos una de las obras más bellas de la lengua portuguesa.
El acceso al relato original es extremamente restringido actualmente, aunque una versión digital de este pasó a ser disponible con la actualización digital de la Biblioteca Nacional.

En 1839, el naturalista Manuel Ferreira Lagos encontró de manera casual en el acervo de la Biblioteca Pública de la Corte (actual Biblioteca Nacional de Brasil) un documento muy antiguo y deteriorado del siglo XVIII titulado Relação histórica de huma oculta, e grande Povoação, antiguissima sem moradores, que se descubrio no anno de 1753 (en español: Relación histórica de una gran población oculta, antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año 1753), conocido actualmente con el nombre de Manuscrito 512.1 3. El documento fue entregado por Lagos al Instituto Histórico y Geográfico Brasileño (IHGB) y fue el canónigo Januário da Cunha Barbosa quien, comprendiendo el valor histórico y cultural del documento, decidió publicar una copia integral del manuscrito en la Revista do Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro, con la adición de un prefacio que relacionaba la historia de la ciudad perdida con la saga de Robério Dias o Muribeca, quien había sido apresado por negarse a revelar a la Corona la ubicación de unas ricas minas de metales preciosos situadas en el interior del Estado de Bahía, lo que motivaría posteriormente numerosas expediciones de bandeirantes en busca de aquellos tesoros perdidos.

Aunque aún se desconoce al autor del Manuscrito 512, los integrantes del Instituto Histórico consideraron que el relato era verídico, albergando la esperanza de que podrían encontrarse ruinas de una civilización muy avanzada en el interior brasileño. El contexto histórico del Brasil de aquella época, tras pocos años de haber obtenido su independencia, era el de la búsqueda de una identidad nacional, exaltando la grandeza imperial y su glorioso pasado. De esa forma, el documento adquirió un destaque y un enfoque muy importante en los primeros años de su descubrimiento, tanto por parte de los aventureros como de intelectuales, aristócratas y religiosos y hasta del propio emperador Don Pedro II. La valoración del Manuscrito como importante fuente del pasado nacional se produjo también a raíz del reciente descubrimiento de los monumentos de grandes civilizaciones precolombinas, como la ciudad de Palenque en México y las fortificaciones establecidas en las fronteras del Perú. Como señalaba Cunha Barbosa, aludiendo al relato del Manuscrito, monumentos semejantes podían ser encontrados también en el territorio de Brasil.


A finales del siglo XVI un navío portugués naufragó en la costa central de Brasil. Se dice que hubo un único superviviente, de nombre Diogo Alvares, que fue rescatado por los guaraníes. Permanecería el resto de su vida junto a ellos, con quienes convivió en paz y armonía, llegando incluso a casarse con una indígena. Uno de sus descendientes, llamado Muribeca, descubrió en el interior unas minas en las que supuestamente había ingentes cantidades de oro, plata y piedras preciosas. Comenzó a explotarlas y se hizo riquísimo comerciando con lo que extraía de ellas desde el puerto de Bahía. De allí partió su hijo hacia Portugal, en uno de los múltiples viajes en los que llevaba a la metrópoli los tesoros obtenidos en las minas de su padre. Tal era su ambición que no dudó en prometer al rey revelarle la ubicación de dichas minas a cambio de obtener el título de marqués. Una vez conseguido, retornó a Brasil junto a una expedición de la corona portuguesa. Pero al llegar a Bahía y abrir el sobre que contenía su nombramiento, descubrió que en lugar de un marquesado lo que se le había otorgado realmente era una capitanía provisional. Indignado, se negó a revelar la situación exacta de las minas y murió en prisión, llevándose el secreto a la tumba.

The Guarani continue fighting for their land rights despite continuous attacks.

Semejante historia daría pie al que aún hoy es uno de los mayores mitos arqueológicos de Brasil, pero que nada tiene que ver con unas supuestas minas de oro, y sí en cambio con una civilización perdida. Ya en el siglo XIX, un botánico que andaba curioseando por la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro encontró por casualidad un antiguo manuscrito en el que se narraba el viaje que un grupo de bandeirantes -una suerte de aventureros y traficantes de esclavos-, comandados por un tal Francisco Raposo, y el fabuloso hallazgo que hicieron. En el manuscrito, catalogado con el número 512, Francisco Raposo refiere al virrey de Brasil el descubrimiento de una ciudad que debía llevar abandonada bastante tiempo, pero con unas trazas de civilización similares a las de cualquier urbe grecorromana. De hecho, la descripción que se hace del camino empedrado que desembocaba en un arco de piedra con tres cuerpos guardaría un cierto parecido con la ciudad romana de Timgad, en Argelia.

Hay más. Los edificios residenciales serían parecidos a las insulae romanas -el origen de nuestros actuales bloques de pisos-, aunque todos ellos prácticamente iguales. Habría varias edificaciones a modo de palacio, decorada con bajorrelieves bastante logrados. Una plaza central contendría un obelisco de piedra negro coronado por una figura que señalaba hacia el norte. Y por si esto fuera poco, a dos días de camino encontraron una cascada tras la cual habría un conjunto de cuevas en cuyo interior se encontrarían yacimientos auríferos con señales de haber sido explotados hacía mucho tiempo. En el río acertaron a distinguir una canoa tripulada por dos hombres con rasgos europeos, que se dieron a la fuga al punto de ser vistos.

Es de suponer que una historia así no pasaría desapercibida. Uno de los mejores exploradores de todos los tiempos, el británico Richard Burton, publicó una traducción del manuscrito 512 en su Explorations of The Highlands of Brazil. Su lectura cautivó a otro insigne aventurero, Percy Harrison Fawcett, en cuya trayectoria se había fijado supuestamente Steven Spielberg para crear el personaje de Indiana Jones. El caso es que Percy Harrison Fawcett consiguió la financiación necesaria y en 1925 se adentró en la cuenca del río Xingú en Mato Grosso, con la esperanza de dar con la ciudad perdida. Nunca más se volvió a saber nada más de él. Pero su desaparición no ha hecho sino aumentar la leyenda de un lugar infructuosamente buscado desde hace siglos. Aún hoy hay quien se adentra en la selva para ver si es capaz de encontrar la misteriosa ciudad. En cualquier caso, todo Brasil es en sí un inmenso tesoro que merece la pena descubrir.

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