Mi patria es todo el mundo.

religión

Oda a la mierda

Dedicado a tod@s los que, sin motivo, se fueron y a los que se irán:
comed mierda, basuras, diez mil millones de moscas no pueden equivocarse
Es como viento que pasa
engendrado entre mi vientre
que con sopores calientes
sofoca la hez de las almas
Loco estubo por salir
en explosión controlada
y ahora perfuma todo él
esta pestilente estancia
Cagar, ¡Oh, placer divino! que en ningún otro momento
no pudiera el más amigo hacer por uno el favor
de aflojarse el cinturón dejando al aire el ombligo.

Cagar, ¡Oh, delicia hermosa! Apretando con pasión
mientras que sale el “mojón” sentir como se destroza
la mierda sobre la loza acompañando su olor
la deposición gloriosa de un enorme cagajón.

A cada golpe de esfuerzo ya se ve, ya asoma presto
el oloroso montón, suben vapores prohibidos
de aromas de algo comido, de esencias para inhalar
acompañando sonidos de unos “cuescos” al azar.
Y un gusto nuevo se siente cuando las heces calientes
van saliendo de su hogar, un nuevo placer alzado
a los más sublimes gozos distribuyéndose en trozos
y burbujas humeantes de brillantes excrementos
e inenarrables momentos de porquerías en trance.

El mismo Zeus en un viento terrible que hizo en el acto
mil truenos causando espanto salieron de su barriga
y evacuando al mar y al cielo sus deíficas boñigas
salpicaron las esquinas del Olimpo de los cielos.
Y la porquería avanza en caravanas de tormentas
como orzas que revientan, una con punta de lanza,
otra roma, otra laxa y otras en forma de lezna.

¡Que felicidad de aquél que acabó su sufrimiento!
poniendo fin al tormento que sus tripas sostenían
como vulgar porquería nublándole la razón
en magna deposición recuperó la alegría
que el cagar le devolvió el bienestar y la vida.

 

 

 

Que bonito es mi Blog

botongifcorazonplateado1

Contador


Feliz Saturnalia

Navidad o Saturnalia

Jesús, no nació el 25 de diciembre

Aunque Papa Noel acapare todo el protagonismo, todavía están los villancicos, los belenes,
las postales, y hasta los décimos de Lotería que nos recuerdan que el motivo de la fiesta
de la Navidad es el nacimiento de Jesús. Pero no ocurrió así. Fue cosa del Emperador
Constantino El Grande, hace unos 1700 años, que, actuando como lo haría un creativo
publicitario de esta época, creyó conveniente hacer coincidir el nacimiento de Cristo
con la fiesta pagana más multitudinaria y popular del Imperio Romano, el Festival de la
Saturnalia, que celebraba el nacimiento de un “nuevo” Sol. Las Navidades del siglo XXI
se van pareciendo cada vez más a aquellas bacanales romanas. La celebración más antigua
y universal siempre ha estado centrada en el solsticio de
invierno, un término astronómico que se refiere a la posición del sol. A mediados de
diciembre, los días son muy cortos (en el Hemisferio Norte) y, después del solsticio,
empiezan a alargarse de nuevo. En la antigüedad, imaginaban que el sol se hacía viejo,
hasta morir, y que después nacía un niño Sol.

https://i2.wp.com/www.detectivesdelahistoria.es/wp-content/uploads/2016/01/Solstice-SaturnaliaCeleb.jpg

En el antiguo Imperio Romano, la fiesta del solsticio era el acontecimiento social más
importante del año y se llamaba Festival de Saturnalia en honor a Saturno, el dios de
la agricultura y las cosechas. El Sol Invencible (Sol Invictis) era otro de los dioses
favoritos, cuyo nacimiento se celebraba el 25 de diciembre.
Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más larga, los romanos
se relajaban, colgaban la toga en el armario, se vestían de forma informal y se
olvidaban por unos días de las reglas que les oprimían durante el resto del año.
Todo empezaba en el templo de Saturno, con un estupendo banquete (lectisternium)
y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.

El poeta Catullus (84 a.C-54 a.C) decía que eran “los mejores días” y Séneca El Joven
(4 a.C-65 d.C) que “toda Roma se volvía loca” durante las fiestas: “La multitud se deja
llevar por los placeres”, escribió.Pero, como ocurre ahora con la Navidad, también había quien no quería ni oír hablar del
tema: Plinio el Joven (63-113) cuenta que se aislaba en unas habitaciones de su Villa
Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa
por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo
los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”. Cicerón (106 a.C-43 d.C)
también se refugiaba en su casa de campo.

Intercambio de regalos

Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando
velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era una ocasión para visitar
a los amigos y parientes e intercambiar regalos.Lo tradicional era regalar fruta,
nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota.Quizás lo
más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban como amos y
los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas de su señor. Ese trato
era temporal, por supuesto. Petronio (396-455) hablaba de un esclavo imprudente que
preguntó en algún momento del año si ya era diciembre.

Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de
la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del
Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se
le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Excesos con la comida y bebidaJohn_Reinhard_Weguelin–The_Roman_Saturnalia_(1884)

Se cerraban las escuelas, los tribunales y las tiendas, se paraban las guerras,
se liberaba a los esclavos, y los romanos cometían todo tipo de excesos con la
bebida y la comida.
Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban juegos, bacanales,
bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que estaban prohibidos el resto del
año. Los cristianos utilizaban el término saturnalia cuando querían decir orgía.

Las fiestas de Saturnalia comenzaban el 17 de diciembre y su duración varió a lo
largo de los años. Cada vez era más larga, como ocurre ahora con la Navidad.
Al principio, era un día. A finales del siglo I, duraban una semana. Hubo intentos
de acortar las fiestas por parte del Emperador Augusto, pero también hubo quien
propuso que se alargaran hasta finales de enero.

El nacimiento del Sol Invencible

Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol
—Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible)— personificado en el dios
Mitra. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión
dominante en Roma, especialmente entre los soldados.
Después del día 25, empezaba el festival de Sigillaria, dedicado, sobre todo, a
hacer regalos a los niños: anillos, muñecos de terracota, sellos, tablas de escritura,
dados, pequeños objetos, monedas, y, ¡bolsas llenas de canicas! Hay muchos bajorrelieves
y documentos que reflejan a los niños romanos jugando a las canicas durante la Saturnalia.
Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se encendían velas para
celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras de los árboles. Pero no metían
árboles dentro de casa. Los romanos sólo adornaban los que estaban plantados en la tierra.
La tradición del árbol de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI.

Cristianismo legalizado

Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo había
avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El mitraísmo era la
religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero Constantino I cambió
las cosas después de tener una visión, antes de una batalla, en el año 312.
Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los
dioses paganos de Roma.

Por ejemplo, uno de los dioses romanos más populares era el Deus Sol Invictus,
y los romanos lo adoraban un día a la semana, el Dies Solis (como en inglés,
“sunday” = “día del sol”). Constantino, que era sumo sacerdote en el culto al
Sol Invictus, decretó que ese día fuese también jornada de descanso y adoración
para la cristiandad.

En el año 321, Constantino legalizó el cristianismo, y declaró que el día del
“nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de diciembre, debía ser
considerado como una nueva fiesta cristiana para celebrar el nacimiento de Cristo.
Con estas tácticas, no se alteraba el calendario romano, y las tradiciones paganas
se fueron adaptando al cristianismo.

En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre como la Fiesta de la Natividad.

Distintas opiniones

La Navidad llegó a Egipto hacia el año 432, y a Inglaterra al final del siglo VI.
Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII.
En la actualidad, los cristianos occidentales lo celebran el 25 de diciembre pero
los ortodoxos lo hacen el 6 de enero, basándose en las referencias de un académico
griego, Clemente de Alejandría, que a su vez escribió sobre otro maestro griego,
Basillides, que dijo que Jesucristo nació el 6 de enero. Clemente se refiere a la
Fiesta de la Epifanía, que en España se celebra como el Día de los Reyes Magos.

Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253), condenaban
la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un faraón”. Decía que sólo
se festejaba el nacimiento de los pecadores y no de los santos. Hoy, algunos grupos
fundamentalistas, como los testigos de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen
pagano. Tampoco los cumpleaños, dicho sea de paso.

¿Cuándo nació Jesucristo?

Parece bastante claro que Jesucristo no nació en diciembre. Es muy improbable que
los pastores durmiesen con sus ovejas a la intemperie en diciembre, cuando las
temperaturas en Judea caían hasta bajo cero y era época de lluvias.
Se ha especulado con muchas fechas: el 16 de mayo, el 9 o 20 de abril, el 29 de marzo,
pero es algo imposible de averiguar con certeza. Hay gente dedicada a investigar la
Biblia, como los de ASK (Associates for Scriptural Knowledge), de Wisconsin. Una de
sus últimos estudios asegura que la Estrella de Belén que guió a los tres Reyes Magos
—probablemente, una conjunción de Venus y Júpiter— ocurrió el 17 de junio del año 2 a.C.
Para entonces, Jesús debía tener entre 0 y 2 años. Así que, según esta aproximación,
Jesús pudo haber nacido en algún momento entre los años 4 a.C. y 2 a.C.

¡Haz lo inesperado!

Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después de su retiro invernal.

La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno trataban de la familia,
la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección, el nuevo ciclo. Diciembre
siempre has sido una época para la rebelión, la celebración, la esperanza. Sería una
buena idea adoptar algunas de esas tradiciones paganas que se han perdido por el
camino. Por ejemplo, el intercambio de papeles: con los niños, con los empleados,
con los alumnos,… Frances Bernstein, en su libro Classical Living: Reconnecting
with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas un poco! ¡Haz lo inesperado!
Porque estas acciones pequeñas recuerdan el espíritu de la Saturnalia y tienen
importancia religiosa, al conectarnos directamente con la Naturaleza”.

https://i0.wp.com/www.chenpr.com/wp-content/uploads/2014/12/saturnalia.jpg

Io Saturnalia

https://i2.wp.com/www.metropolisesceptica.com/wp-content/uploads/2015/10/fernando-vallejo-y-la-puta-de-babilonia.jpg

DESCARGAR LIBRO

superduque

https://juniorprimero.files.wordpress.com/2016/07/blog.png?w=195&h=195

Que bonito es mi Blog

botongifcorazonplateado1

Contador

https://i2.wp.com/www.cuartopoder.es/deidayvuelta/files/2015/04/CABECERA_NO_TTIP.jpg

Firmar

Contra el T.T.I.P.

NO A LA LEY MORDAZA

descripción


LA BIBLIA CONTADA A LOS VASCOS


Los vascos se denominan a sí mismos «euskaldunak», es decir, los hablantes de la lengua euskara.
El País Vasco está situado en los Pirineos, a caballo entre los estados francés y español, junto al mar Cantábrico, formando el Golfo de Vizcaya.
En la antigüedad, la lengua vasca tuvo una extensión mayor que la actual: se supone que en toda la Aquitania (la gran región de Burdeos) se hablaba euskara, o alguna lengua emparentada con él.
El euskara es una lengua sonora y dulce, con cinco vocales bien marcadas y un sistema verbal extraordinariamente regular.
Es también una lengua isla, sin parientes conocidos, clasificada como pre-indoeuropea, y que no tiene ninguna relación estructural ni con las lenguas latinas ni con las germánicas. Se barajan diversas hipótesis sobre su origen: unos defienden que el euskara es el antiguo ibero, otros la asocian a las lenguas caucásicas, y también se la supone proveniente de un árbol sahariano-bereber.
Considerada como un obstáculo para la asimilación política, nuestra lengua ha sido secularmente ridiculizada, prohibida y perseguida por los poderosos y centralistas estados francés y español. La Revolución francesa la consideró enemiga de la luz e instrumento de la reacción católica, Franco la consideró enemiga de Dios y España. No hace mucho, Francia se negó a firmar la Carta de las Lenguas Europeas. En el año 2003, Egunkaria, el único diario de lengua vasca, fue clausurado y precintado por Madrid sin que cometiese delito alguno, y sus directivos detenidos y encarcelados. Este hecho ha merecido numerosas condenas en todo el mundo, desde Amnistía Internacional hasta Salman Rushdie, en su calidad de presidente del Pen Club de los Estados Unidos y coordinador del Comité de Escritores Encarcelados.
El euskara es una lengua de rica tradición oral, con un notable conjunto de canciones, baladas y cuentos que pertenecen al gran fondo de la tradición europea.
La literatura culta es relativamente joven en euskara, pues arranca en el siglo XVI. Durante largos años nuestra lengua careció de escuelas y de prestigio social, y nuestros principales escritores, inevitablemente, fueron curas y frailes.
A mediados del siglo XIX la poesía comenzó a renovarse notablemente, dando lugar en el siglo XX a lo que se ha dado en llamar Pizkundea, una especie de pequeña época dorada de nuestra lírica, truncada por el alzamiento fascista de 1936.
La literatura vasca actual constituye una pequeña pero dinámica industria, con una media de trescientos títulos nuevos de ficción cada año. De ellos, la poesía aporta una treintena. Aunque la novela ha experimentado un gran auge en los últimos veinte años, la poesía es, por su calidad y por su pluralidad, la expresión de la moderna conciencia vasca.

fin

Reservados todos los derechos

white roses backgrounds

descripción

Contador

https://i0.wp.com/www.pressenza.com/wp-content/uploads/2014/11/espa--a-600x268.jpg

https://i2.wp.com/www.cuartopoder.es/deidayvuelta/files/2015/04/CABECERA_NO_TTIP.jpg

Firmar

Contra el T.T.I.P.

NO A LA LEY MORDAZA

descripción

 


Esos hipócritas

¿ESOS VIEJOS simbolos

La culpa evidentemente es de los gobernantes que han pasado por Moncloa
y que han situado la laicidad como cuestión menor, o no tan menor pero
incómoda políticamente para resolverla.
La cuestión de fondo es si debemos respetar las creencias de todos (ni
mayoría ni minorías) y convertir el espacio de todas las personas que
conviven socialmente en espacios de todos (laicos). Después de siglos
viviendo con naturalidad la presidencia de símbolos religiosos en la
vida civil, aún hay quienes creen que esto es el estado natural de las
cosas. Por ello cuando, tarde, el gobierno dice de prohibir los símbolos
religiosos en los espacios de todos y todas, se llevan las manos a la
cabeza y amenazan con crear un problema donde no lo hay. Estas personas
aún no se han enterado que el ámbito religioso es de índole privada y
que se manifiesta colectivamente entre aquellas personas que comparten
un mismo credo. Pero que no puede superar este espacio por respeto a las
otras creencias.


Evidentemente que un crucifijo, o una estrella, o media luna o una hoz o
un martillo o tantos otros símbolos de creencias encontradas, presida
la vida civil choca de frente en una sociedad que asume que las creencias
de cada uno son tan respetables como las de los demás. Posiblemente este
esquema de tolerancia es el que quema a más de una persona que cree estar
en posesión de la “única verdad” y por lo tanto miran de reojo al resto
de los mortales que no la comparten con cierta “compasión”, en el mejor
de los casos, o con rencor en el peor.
La vocación totalizadora de las religiones integristas nos lleva a la
confrontación entre seres humanos, que por serlo estamos mucho más allá
de las ideologías y las creencias. Antes que la fe está la persona, el
prójimo que no debe ser quemado en la hoguera simplemente por no compartir
el credo. Muchos siglos de intransigencia y de terror deben ser redimidos
enviando al mundo de las religiones a las esferas privadas y de culto
propios. Las manifestaciones ciudadanas públicas siempre deben ayudar a
la unión de aquellos que construimos día a día una sociedad más fraterna
y solidaria. Que solo los símbolos que representan aquello que nos une a
todas las personas (laicos) siempre estén presentes entre nosotros.


La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente constante
de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla. Por ello
debemos volver a insistir en que dentro del curriculum ordinario, el común, el
laico, no aparezca la enseñanza religiosa como elemento diferenciador. El
crucifijo en la pared es poca cosa comparada con la diaria segregación de
aquellos niños y niñas que deben de salir de su grupo de iguales, porque no
comparten con ellos un credo religioso. Escandaliza la imagen de la estrella
de David en la solapa de los vestidos de las niñas y niños judíos en la
Alemania nazi, mientras que asumimos como normal que se le indique la puerta
de la calle a los niños y niñas que no dan religión a diario en nuestras
escuelas. Basta de deseducar a niños y a niñas en la segregación, en la
exclusión por sexos, por razas, por religiones o creencias.
La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente
constante de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla.

NO A LA DISCRIMINACION RELIGIOSA

Contador

Firmar

¡Contra TTIP y CETA!

 

Breve Historia de la Humanidad

La historia de la humanidad es la historia de lo imposible, si analizamos los hechos desde el principio de los tiempos, veremos como la realidad supera y con creces a la ficción. Muchas personas no saben, bien porque no quieren saberlo, bien porque nadie se lo ha contado, que la humanidad por completo está siendo sometida, manipulada y organizada, según los intereses de una minoría supra nacional. Una élite que más allá del parlamento, de la cámara del congreso, de la organización de Las Naciones Unidas, conduce al homo sapiens hacia un sistema de gobierno ya diseñado desde mucho tiempo atrás. La ignorancia de la mayor parte del planeta es su mayor logro, fruto de una ingeniería social planificada desde hace al menos dos siglos. La ignorancia, es en definitiva, la piedra angular en la que basan su supremacía como élite gobernante, constatada desde hace al menos dieciocho siglos, desde el apretón de manos de Clemente y Costantino (iglesia y estado). El principal logro de esta élite en la sombra, ha sido confundir nuestra verdadera naturaleza, que nunca fue la competición, el egoísmo, la indolencia, la distinción entre lo masculino y lo femenino, la codicia, el clasismo, la jerarquización, la propiedad (todos y todas compartimos una sola casa), lo efímero (todos los seres humanos compartimos una memoria de especie, es decir, tenemos almacenadas en alguna parte de nuestro cerebro, reminiscencias de infinitas experiencias en distintas épocas. Un sistema de gobierno “perfecto”, representado por una gran pirámide, en cuya base sustentando el resto del edificio, estamos tú y yo, en una u otra altura, pero siempre cerca de la base, justo encima de nosotros hay una gran “barrera” con ciertos privilegios de clase, pero con un solo objetivo: la represión de la masa. Antes de la cima piramidal, en posiciones elevadas, ya sabes quiénes se situarían, y ocupando la privilegiada cúspide están ellos, dominándonos, esclavizándonos y alimentándose de todo el resto de la población, que les lleva manteniendo y enriqueciendo durante siglos. Curiosa coincidencia, que este mundo que todos tildamos de injusto y acabado, sea una fotocopia del sistema jerárquico de cualquier orden masónica en el mundo…

Muchos de los estados actuales se autodenominan “democracias”:
gobierno en el que el pueblo es soberano. Sin embargo, la soberanía
del pueblo se limita a marcar,cada pocos años, una cruz en
una papeleta, señalando unos nombres de entre otros,
que le son propuestos. Nos han hecho creer que la democracia
es ese simple gesto.Nuestro sistema, NO ES UNA DEMOCRACIA.
Es un sistema social de jerarquía global,
sostenido por una minoría para dominar a una mayoría.
En
esta
jerarquía,
unos pocos, situados
en la cima de la Pirámide
del Poder, imponen sus leyes.
Se arrogan unos derechos que nos han
usurpado a todos los demás. Son los grandes
capos de la banca y la industria. Han acaparado más dinero
que nadie, y a través de él ejercen el control sobre seres humanos y recursos.

Se valen de los gobiernos (“democráticos” o “dictatoriales”, de “derechas” o
de “izquierdas”), que les sirven, y con quiénes comparten porciones del poder.
Los gobiernos son los asalariados directos de la gran banca y la industria
multinacional.
Las autoridades son un artificio pensado para responder a necesidades creadas
artificialmente: seguridad y protección. Son una herramienta de usurpación del
poder por parte de las multinacionales. Son el biombo tras el cual la industria
mueve los hilos.
Por debajo de los gobiernos, las instituciones se disputan las porciones de
poder que les son concedidas.
Políticas nos comprometen en guerras que nosotros no deseamos. Establecen
alianzas o apoyan embargos a otras naciones, sin tenernos en cuenta.
Legislativas
Nos imponen leyes para controlarnos y pagan a jueces para condenarnos.
Sanitarias
Nos niegan el poder de decidir los tratamientos que queremos
para mantener nuestra salud. Nos intoxican con las vacunaciones a las
que nos obligan a someternos; nos mutilan con supuestas cirugías preventivas
y nos envenenan y exterminan con pseudo-medicamentos.
Educacionales
Nos educan para que seamos sumisos, para que tengamos miedo.
Nos inculcan la creencia de la desigualdad, que es la base
sobre la que han conseguido sus privilegios. Controlan
la investigación científica a partir del dinero que aportan en subvenciones,
y no tienen empacho en censurar o falsificar los resultados según su conveniencia.
Policiales
Instalan sistemas electrónicos para vigilarnos (inculcándonos la creencia de
que es para nuestra seguridad y protección). Pagan a policías para detenernos.

Mediáticas

Controlan los medios de comunicación más importantes, y a través de los mismos
crean una falsa realidad que actúa como cortina de humo para que no podamos ser
conscientes de sus manipulaciones.
Para llevar a cabo su agenda de control, la Cima del Poder lleva adelante
su Plan Secreto. A eso se le llama CONSPIRACIÓN o COMPLOT.
Ya que el plan es secreto, no podemos conocerlo. Pero vemos sus resultados.
Y la mejor manera de desmontar un complot es exponer esos resultados a la
luz del día.
A fuerza de repetírnoslo, hemos acabado creyendo que no tenemos ningún poder
para cambiar nada. Pero somos nosotros quiénes pagamos el salario de nuestras
autoridades. Nosotros, quiénes hemos depositado nuestra autoridad individual
en manos ajenas, y hemos permitido el desarrollo y mantenimiento de los
gobiernos que tenemos. Tienen la autoridad que nosotros queremos darles.

Nosotros podemos vivir sin ellos.

Ellos no pueden vivir sin nosotros.

finContador

 fin


La última cena

LA CENA DEL SEÑOR

Cena literal que conmemora la muerte del Señor Jesucristo, por lo que apropiadamente se la denomina la Conmemoración. Es el único acontecimiento que la Biblia manda celebrar a los cristianos. (1Co 11:20)

Dos apóstoles que fueron testigos presenciales y participantes, a saber, Mateo y Juan, registraron la institución de la Cena del Señor. Marcos y Lucas, aunque no estuvieron presentes, complementaron el relato con algunos detalles. Pablo también esclareció algunas cuestiones cuando dio instrucciones a la congregación de Corinto. Estas fuentes nos dicen que la noche antes de su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos en un espacioso aposento superior para observar la Pascua. (Mr 14:14-16). Mateo informa: “Mientras continuaron comiendo, Jesús tomó un pan y, después de decir una bendición, lo partió y, dándolo a los discípulos, dijo: ‘Tomen, coman. Esto significa mi cuerpo’. También, tomó una copa y, habiendo dado gracias, la dio a ellos, diciendo: ‘Beban de ella, todos ustedes; porque esto significa “mi sangre del pacto”, que ha de ser derramada a favor de muchos para perdón de pecados. Pero les digo: de aquí en adelante de ningún modo beberé yo de este producto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre’. Por último, después de cantar alabanzas, salieron al monte de los Olivos”. (Mt 26:17-30; Mr 14:17-26; Lu 22:7-39; Jn 13:1-38; 1Co 10:16-22; 11:20-34.)

 

Cuándo se instituyó La Pascua siempre se observaba el 14 de Nisán (Abib), el día de luna llena o cerca de ese día, pues en el calendario judío el primer día de cada mes (mes lunar) era el día de luna nueva, determinado por observación visual. Por consiguiente, el día 14 del mes sería hacia la mitad de una lunación. En el artículo JESUCRISTO (Cuándo murió) se muestra que Jesús murió el 14 de Nisán del año 33 E.C. Como los cálculos astronómicos indican que hubo un eclipse de luna el viernes 3 de abril del año 33 E.C., según el calendario juliano, viernes 1 de abril, según el calendario gregoriano, y los eclipses de luna siempre se producen en tiempo de luna llena, es posible concluir con bastante seguridad que, de acuerdo con el calendario gregoriano, la fecha de la muerte de Jesús, el 14 de Nisán del año 33 E.C., cayó en jueves al viernes, 31 de marzo–1 de abril del año 33 E.C. (Canon of Eclipses) de Oppolzer, traducción al inglés de O. Gingerich, 1962, pág. 344.)

La noche antes de su muerte Jesús observó su última cena pascual, después de lo cual instituyó la Cena del Señor. Antes de que empezara la cena de la Conmemoración, se echó afuera al traidor Judas, y el registro bíblico informa que para entonces ya “era de noche”. (Jn 13:30.) Puesto que en el calendario judío el día comenzaba al anochecer e iba hasta el anochecer del día siguiente, la Cena del Señor se celebró también el 14 de Nisán, es decir, el anochecer del jueves 31 de marzo. (Véase DÍA.)

Periodicidad de su celebración.

Tanto Lucas como Pablo registran que cuando Jesús instituyó la conmemoración de su muerte, dijo: “Sigan haciendo esto en memoria de mí”. (Lu 22:19; 1Co 11:24.) Estas palabras permiten concluir que Jesús quiso decir que sus seguidores deberían celebrar la Cena del Señor una vez al año, y no con más frecuencia. La Pascua, que se observaba en conmemoración de la liberación que trajo Jehová en 1513 a. E.C. sobre el pueblo de Israel cautivo en Egipto, se conmemoraba tan solo una vez al año: cada 14 de Nisán. En consecuencia, dado que la Conmemoración también era un aniversario, sería lógico que se celebrara únicamente el 14 de Nisán.

Pablo citó a Jesús cuando dijo concerniente a la copa: “Sigan haciendo esto, cuantas veces la beban, en memoria de mí”, y añadió: “Porque cuantas veces coman este pan y beban esta copa, siguen proclamando la muerte del Señor, hasta que él llegue”. (1Co 11:25, 26.) La expresión “cuantas veces” puede referirse a algo que se hace solo una vez al año, en especial cuando esta acción se repite durante muchos años. (Heb 9:25, 26.) El 14 de Nisán Cristo dio su cuerpo literal en sacrificio en un madero de tormento y derramó su sangre vital para perdón de pecados. De modo que fue ese día cuando aconteció la “muerte del Señor” y, por consiguiente, esa es la fecha en la que se habría de conmemorar su muerte.

Los participantes estarían “ausentes del Señor” y habrían de celebrar ‘muchas veces’ la Cena del Señor hasta que muriesen en fidelidad. Una vez que resucitasen a vida celestial, estarían junto con Cristo y ya no necesitarían una celebración para recordarlo. Al decir con respecto a la duración de esta observancia “hasta que él llegue”, el apóstol Pablo se refirió a que Cristo vendría de nuevo y los recibiría en el cielo cuando resucitasen durante su presencia. Las palabras que Jesús dirigió a los once apóstoles más tarde aquella misma noche clarifican esta idea: “Si prosigo mi camino y les preparo un lugar, vengo otra vez y los recibiré en casa a mí mismo, para que donde yo estoy también estén ustedes”. (Jn 14:3, 4; compárese con 2Co 5:1-3, 6-9.)

Jesús les mencionó a sus discípulos que el vino que había bebido (en esa Pascua, antes de la Conmemoración) era lo último que bebería del producto de la vid ‘hasta aquel día en que lo bebiera nuevo con ellos en el reino de su Padre’. (Mt 26:29.) Ya que él no bebería vino de manera literal en el cielo, es obvio que se refería a lo que el vino a veces simboliza en las Escrituras: el gozo. Lo que ellos esperaban con gran expectación era estar juntos en el Reino. (Ro 8:23; 2Co 5:2.) El rey David escribió en canción sobre el “vino que regocija el corazón del hombre mortal” como provisión de Jehová, y su hijo Salomón dijo: “El vino mismo regocija la vida”. (Sl 104:15; Ec 10:19.)

Los emblemas. En lo que tiene que ver con el pan que Jesús usó cuando instituyó la Cena del Señor, Marcos registra lo siguiente: “Mientras continuaban comiendo, él tomó un pan, y habiendo dicho una bendición, lo partió y se lo dio a ellos, y dijo: ‘Tómenlo; esto significa mi cuerpo’”. (Mr 14:22.) El pan era el que había disponible para la cena pascual que Jesús y sus discípulos acababan de celebrar. Era pan sin levadura, ya que no se permitía que hubiera levadura en los hogares judíos durante la Pascua ni en el transcurso de la fiesta de las tortas no fermentadas, que tenía lugar inmediatamente después. (Éx 13:6-10.) A veces en las Escrituras se usa la levadura para denotar lo pecaminoso. Es apropiado que el pan no tuviese levadura porque representa el cuerpo carnal sin pecado de Jesús. (Heb 7:26; 9:14; 1Pe 2:22, 24.) El pan ácimo era aplastado y quebradizo; por lo tanto, como era costumbre entonces al comer, hubo que partirlo. (Lu 24:30; Hch 27:35.) Lo mismo hizo Jesús cuando multiplicó milagrosamente el pan para miles de personas: lo partió con el fin de distribuirlo. (Mt 14:19; 15:36.) Por consiguiente, queda claro que el partir el pan de la Conmemoración no tenía en sí ningún significado espiritual.

Después de pasar el pan, Jesús tomó una copa, “ofreció gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. Y les dijo: ‘Esto significa mi “sangre del pacto”, que ha de ser derramada a favor de muchos’”. (Mr 14:23, 24.) Usó vino fermentado, no zumo de uvas sin fermentar. Cuando en la Biblia aparece el término vino, es con referencia al vino literal, no al zumo de uvas sin fermentar. (Véase VINO Y BEBIDAS ALCOHÓLICAS.) El vino fermentado, y no el zumo de uvas, reventaría los “odres viejos”, tal como dijo Jesús. Sus enemigos le acusaron de ser “dado a beber vino”, acusación que no tendría significado alguno si el “vino” hubiese sido simplemente zumo de uvas. (Mt 9:17; 11:19.) En aquella ocasión todavía había vino de la celebración pascual que acababa de concluir y Cristo muy apropiadamente lo usó al instituir la conmemoración de su muerte. El vino debió ser tinto, pues solo así sería un símbolo apropiado de la sangre. (1Pe 1:19.)

Comida de comunión. En el antiguo Israel un hombre podía disponer una comida de comunión. En primer lugar, llevaba un animal al santuario, donde se degollaba. Luego, una porción del animal ofrecido se colocaba sobre el altar para “olor conducente a descanso a Jehová”, con otra se quedaba el sacerdote que oficiaba y una tercera era para los hijos sacerdotales de Aarón; además, el que presentaba la ofrenda participaba de la comida junto con su casa. (Le 3:1-16; 7:28-36.) Al que era ‘inmundo’ según la Ley se le prohibía comer un sacrificio de comunión bajo pena de ser “[cortado] de su pueblo”. (Le 7:20, 21.)

La Cena del Señor es también una comida de comunión, porque hay una participación conjunta. Jehová Dios participa como el Autor de la celebración, Jesucristo es el sacrificio de rescate y sus hermanos espirituales toman de los emblemas como copartícipes. El que ellos coman de “la mesa de Jehová” significa que están en paz con Él. (1Co 10:21.) De hecho, las ofrendas de comunión se llamaban a veces “ofrendas de paz”. (Le 3:1, nota.)

Los que participan en comer del pan y beber del vino reconocen que son copartícipes en Cristo y que están en completa unidad. El apóstol Pablo dice: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es un participar de la sangre del Cristo? El pan que partimos, ¿no es un participar del cuerpo del Cristo? Porque hay un solo pan, nosotros, aunque muchos, somos un solo cuerpo, porque todos participamos de ese solo pan”. (1Co 10:16, 17.)

Cuando participan, muestran que están en el nuevo pacto y que reciben sus beneficios: Dios les perdona los pecados por medio de la sangre de Cristo. Ellos estiman como de gran valor la “sangre del pacto” por la que se les santifica. (Heb 10:29.) En las Escrituras se dice que son “ministros de un nuevo pacto” y que sirven para sus fines. (2Co 3:5, 6.) Con toda propiedad participan del pan emblemático, porque pueden decir: “Por dicha ‘voluntad’ hemos sido santificados mediante el ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre”. (Heb 10:10.) Participan de los sufrimientos de Cristo y de una muerte como la suya: muerte de integridad. Por eso, esperan participar en “la semejanza de su resurrección”, una resurrección a vida inmortal en un cuerpo espiritual. (Ro 6:3-5.)

El apóstol Pablo dice de aquellos que participan: “Cualquiera que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable respecto al cuerpo y la sangre del Señor. Primero apruébese el hombre a sí mismo después de escrutinio, y así coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe, come y bebe juicio contra sí mismo si no discierne el cuerpo”. (1Co 11:27-29.) Las prácticas inmundas, no bíblicas o hipócritas harían que la persona fuera indigna de comer. Si comiese en tal condición, estaría comiendo y bebiendo juicio contra sí misma. Lejos de mostrar aprecio por el sacrificio de Cristo, su propósito y significado, estaría manifestando falta de respeto y desprecio. (Compárese con Heb 10:28-31.) Tal persona estaría en peligro de ser ‘cortada del pueblo de Dios’, como ocurría en Israel con aquel que participaba en condición inmunda de una comida de comunión. (Le 7:20.)

En efecto, Pablo compara la Cena del Señor a una comida de comunión israelita, cuando habla en primer lugar de los que participan juntos en Cristo y luego pasa a decir: “Miren a aquello que es Israel según la carne: Los que comen los sacrificios, ¿no son partícipes con el altar? […] No pueden estar bebiendo la copa de Jehová y la copa de demonios; no pueden estar participando de ‘la mesa de Jehová’ y de la mesa de demonios”. (1Co 10:18-21.)

Los que participan y otros asistentes a la Cena. Mientras estaba con sus doce apóstoles, Jesús les dijo: “En gran manera he deseado comer con ustedes esta pascua antes que sufra”. (Lu 22:15.) Pero el relato de Juan, un testigo ocular, revela que Jesús despidió al traidor Judas antes de instituir la Conmemoración. Como Jesús sabía que Judas era quien le iba a traicionar, en el transcurso de la Pascua mojó un bocado y se lo dio, a continuación de lo cual le ordenó que se marchase. (Jn 13:21-30.) El registro de Marcos también da a entender el mismo orden de acontecimientos. (Mr 14:12-25.) En la Cena del Señor que siguió, Jesús pasó el pan y el vino a los once apóstoles restantes, y les dijo que comieran y bebieran. (Lu 22:19, 20.) Más tarde, les recordó que ellos eran los que ‘con constancia habían continuado con él en sus pruebas’, otra indicación de que ya se había despedido a Judas. (Lu 22:28.)

No hay nada que muestre que Jesús mismo comiera del pan o bebiera de la copa durante la Conmemoración. Él dio su cuerpo y su sangre a favor de ellos y para validar el nuevo pacto, por medio del cual se les borrarían los pecados. (Jer 31:31-34; Heb 8:10-12; 12:24.) Sin embargo, Jesús no tenía pecados. (Heb 7:26.) Él medió el nuevo pacto entre Jehová Dios y los que fueron escogidos para ser sus coherederos. (Heb 9:15; véase PACTO.) Además de los apóstoles, presentes en aquella cena, otros llegarían a formar parte del “Israel [espiritual] de Dios”, es decir, del “rebaño pequeño”, y finalmente serían reyes y sacerdotes con Cristo. (Gál 6:16; Lu 12:32; Rev 1:5, 6; 5:9, 10.) Por lo tanto, todos los hermanos espirituales de Cristo que estuvieran en la Tierra habrían de participar en esta cena cada vez que se celebrase. Se dice que son “ciertas primicias de sus criaturas” (Snt 1:18) que han sido comprados de la humanidad como “primicias para Dios y para el Cordero”, y en la visión de Juan se revela que el número asciende a 144.000. (Rev 14:1-5.)

Los observadores que no participan. El Señor Jesucristo reveló que durante su presencia habría personas que harían bien a sus hermanos espirituales, visitándolos en tiempo de necesidad y dándoles apoyo. (Mt 25:31-46.) Cuando estas personas asistieran a la celebración de la Cena del Señor, ¿tendrían derecho a participar de los emblemas? Las Escrituras dicen que a aquellos que tuvieran derecho a participar de los emblemas como “herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo”, Dios, por medio de su espíritu santo, les suministraría pruebas y les daría seguridad de que son sus hijos. El apóstol Pablo escribe: “El espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”, y luego sigue diciendo que hay otras personas que se benefician de lo que Dios ha previsto para estos hijos: “Porque la expectación anhelante de la creación aguarda la revelación de los hijos de Dios”. (Ro 8:14-21.) Puesto que los coherederos con Cristo tienen que ‘gobernar como reyes y sacerdotes sobre la tierra’, el Reino beneficiará a sus súbditos terrestres. (Rev 5:10; 20:4, 6; 21:3, 4.) Como es lógico, estos se interesan en el Reino y en su desarrollo. Por lo tanto, asisten como observadores a la celebración de la Cena del Señor, pero, al no ser coherederos con Cristo ni hijos espirituales de Dios, no participan de los emblemas, como sí hacen los copartícipes en la muerte de Cristo, que tienen la esperanza de una resurrección a vida celestial con él. (Ro 6:3-5.)

No se produjo ninguna transubstanciación o consubstanciación. Jesús todavía tenía su cuerpo carnal cuando ofreció el pan. Este cuerpo, completo e intacto, tenía que ofrecerse la tarde siguiente (según el calendario judío seguiría siendo el mismo día 14 de Nisán) como un sacrificio perfecto e inmaculado por los pecados. Asimismo, conservaba toda su sangre para aquel sacrificio perfecto: “Derramó su alma [que está en la sangre] hasta la mismísima muerte”. (Isa 53:12; Le 17:11.) Por consiguiente, Jesús no realizó durante la cena ningún milagro de transubstanciación, cambiando el pan y el vino por su carne y sangre literales. Por las mismas razones, tampoco se puede decir, como alegan los que se adhieren a la doctrina de la consubstanciación, que hizo que su carne y su sangre estuvieran presentes o combinadas milagrosamente con el pan y el vino.

Las palabras de Jesús registradas en Juan 6:51-57 no contradicen lo que se acaba de exponer. Jesús no estaba hablando de la Cena del Señor, pues esta cena no se instituyó sino hasta un año después. El ‘comer’ y ‘beber’ mencionados en el relato son figurativos y se realizan ejerciendo fe en Jesucristo, como indican los Juan 6 versículos 35 y 40.

Por otra parte, el comer carne y sangre humanas sería canibalismo. Por esa razón se escandalizaron los judíos que no tenían fe en Jesús y que no entendieron su afirmación sobre comer su carne y beber su sangre. Esta reacción indica el punto de vista judío respecto a comer carne y sangre humanas, según enseñaba la Ley. (Jn 6:60.)

Asimismo, el beber sangre era una violación de la ley que Dios dio a Noé antes del pacto de la Ley (Gé 9:4; Le 17:10), y el Señor Jesucristo nunca mandaría a otros que violasen la ley divina. (Compárese con Mt 5:19.) Además, Jesús mandó: “Sigan haciendo esto en memoria de mí”, no ‘en sacrificio de mí’. (1Co 11:23-25.)

Por lo tanto, el pan y el vino son emblemas que representan la carne y la sangre de Cristo de una manera simbólica, como simbólicas son sus palabras en cuanto a comer su carne y beber su sangre. Jesús había dicho a los que se ofendieron por sus palabras: “De hecho, el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo” (Jn 6:51), lo que se cumplió cuando murió en sacrificio en el madero de tormento. Luego, su cuerpo fue enterrado y su Padre se deshizo de él antes de que viera la corrupción. (Hch 2:31.) Nadie comió jamás de su carne o de su sangre de manera literal.

Observancia apropiada y ordenada. En algunos aspectos la congregación cristiana de Corinto había incurrido en una mala condición espiritual, de modo que el apóstol Pablo dijo que ‘muchos estaban débiles y enfermizos, y no pocos estaban durmiendo en la muerte’. Esto se debía en buena parte a que no entendían bien la Cena del Señor y su significado, y no respetaban el carácter sagrado de la ocasión. Había quienes se llevaban la cena para comerla antes de la celebración o durante la misma, y algunos de estos comían en exceso y abusaban de la bebida, mientras que otros miembros de la congregación que no tenían cena pasaban hambre y se sentían avergonzados ante la presencia de aquellos que tenían en abundancia. Como su mente estaba soñolienta o concentrada en otras cosas, no se hallaban en posición de participar de los emblemas con aprecio. Además, la congregación estaba dividida, porque había quienes favorecían a Pedro, quienes preferían a Apolos y quienes se decantaban por Pablo. (1Co 1:11-13; 11:18.) No reparaban en que esta ocasión, de manera especial, debía realzar la unidad. No percibían por completo su seriedad: los emblemas representaban el cuerpo y la sangre del Señor, y la cena era un recordatorio de su muerte. Por eso Pablo subrayó el grave peligro que corrían los que participaban sin discernir estos hechos. (1Co 11:20-34.)

finiTopAlea superduque777.wordpress.comfin


Cruzada asesina


“Era frecuente ver, en esos primeros días [del golpe militar], curas y religiosos con su fusil al hombro, su pistola y su cartuchera sobre la negra sotana”. Mariano Ayerra, sacerdote de Alsasua, 1936.
“Con los sacerdotes han marchado a la guerra nuestros seminaristas. ¡Es guerra santa! Un día volverán al seminario mejorados. Toda esta gloriosa diócesis, con su dinero, con sus edificios, con todo cuanto es y tiene, concurre a estagigantesca cruzada”.Marcelino Olaechea Loizaga, 6 de noviembre de 1936.


Aprovechando la última masiva beatificación dominical de Tarragona, no estaría mal recordar que los dos partidos presentes en la misma, PP y CiU, descendientes de la oligarquía franquista y monárquica, también fueron de la mano en la Guerra Civil. Es importante saberlo para que ahora la gente no se deje arrastrar por los mismos en la sinrazón y el enfrentamiento nacionalista. En la guerra civil, tristemente como en todas las guerras, fueron asesinadas miles de personas inocentes injusta y cruelmente. Pero es fundamental que sepamos que ese velo de santidad e inocencia que presume la Iglesia es falso. La Iglesia no es víctima de esta guerra, sino un bando activo, que aprovechó la guerra para alcanzar unos objetivos materiales, políticos e ideológicos. En palabras del arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Gomá y Tomás: “Una restauración totalitaria de la vida cristiana”. Lo que vendría a derivar en una involución social bajo un represivo régimen fascista–católico.


El golpe militar fue desde un principio apoyado y jaleado por la Iglesia católica. La posterior guerra y dictadura contó con su ferviente colaboración. No fue el anticlericalismo violento el que hizo a la Iglesia tomar partido. Antes de conocerse los pormenores de éste, el arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Domenech, poco más de veinte días después de la sedición militar justifica el mismo porque “no se hace en servicio de la anarquía, sino en beneficio del orden, la patria y la religión”. A los dos meses, el cardenal primado de España, Isidro Gomá, describía lo que era para él la guerra en una alocución radiofónica con motivo de la caída de Toledo a manos del ejército fascista: “El choque de la civilización contra la barbarie, del infierno contra Cristo, debían sucumbir primero,…, los adalides de la civilización cristiana, los abanderados de Cristo… Gloria a los mártires”.


La Iglesia católica fue un bando, claramente, beligerante en la guerra civil española, una facción que animó y participó en el exterminio y la persecución. Que colaboró activamente en las venganzas y los asesinatos. Nunca la Iglesia católica trabajó en pos de la paz y la unidad de los españoles. Todo lo contrario. Desde el advenimiento de la República rechazó abiertamente sus instituciones y nunca estuvo dispuesta a renunciar a sus privilegios propios del Antiguo Régimen. Cuando en julio de 1936 se produjo el golpe de estado corrió rauda y gozosa a empuñar las armas en una nueva y, en sus palabras, “santa Cruzada”. Nunca mostró piedad cristiana y se lanzó a un sanguinario y cruel revanchismo convirtiéndose en uno de los pilares sobresalientes de la represión, la ingeniería social y la venganza fascista. Ni ha buscado nunca la reconciliación pidiendo perdón por sus crímenes. El orgullo y la soberbia, graves pecados, es lo que ha guiado la conducta de su cúpula.


Como recordaría, más tarde, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que se encontraba en Tuy en julio de 1936:“todos los sacerdotes del lugar aceptaron la sublevación militar con alegría y apoyaban al ejército como un deber de conciencia”. Esta dinámica fue habitual en Navarra, donde miles fueron asesinados sin que se diera ningún tipo de enfrentamiento armado. El fanatismo religioso que impregnaba lo que consideraban una guerra santa se dejaba ver en los actos del contingente de requetés donde se encontraban numerosos religiosos combatiendo. A poco menos de un mes del golpe militar, durante la procesión de la Virgen del Sagrario en Pamplona, milicianos falangistas y requetés asesinaron a decenas de presos, entre ellos, curas supuestamente nacionalistas “los sacerdotes dieron la absolución en masa a los restantes, las ejecuciones se llevaron a cabo y los camiones volvieron a Pamplona, a tiempo para que los requetés se incorporaran a la procesión que estaba entrando en la catedral”.


Y es que el ardor guerrero había infectado el discurso y los actos de la plana mayor de la jerarquía católica española. Palabras como “cristianísimo Imperio español”, “judío–masónico”, “liberación”, “santa Cruzada” o “plebíscito armado”tenían sus oraciones. En la Pastoral de 30 de septiembre de 1936, “Las dos ciudades”, el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel deja bien a las claras que lo que se vive es una “santa Cruzada” para la Iglesia española: “Enhorabuena que los ciudadanos españoles, haciendo uso de un derecho natural, se hayan alzado para derrocar un gobierno que llevaba la nación a la anarquía […]. El carácter de la actual lucha que convierte a España en espectáculo para el mundo entero. Reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden […]. Una cruzada por la religión y por la patria y por la civilización”.


Evidentemente, no todos los religiosos actuaron de esta manera. Seguro que muchos que no estaban de acuerdo con estas consignas perecieron injusta y cruentamente. A todos ellos nuestra admiración y respeto como seres humanos vilmente asesinados. Pero, entre la jerarquía católica esto fue un desierto. Hasta el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea que alababa la bondad de esta guerra santa “vivimos una hora histórica en la que se ventilan los sagrados intereses de la religión y de la patria, una contienda entre la civilización y la barbarie” y bendijo a sus cruzados, se horrorizó de los crímenes y venganzas de los suyos: “Ni una gota más de sangre de venganza”. Pero sus palabras no tuvieron eco entre sus filas. Ya era demasiado tarde. La sangre de venganza corría por toda España. Asimismo, no importaba que se fuera religioso. Era muy importante ser religioso del bando fascista – tradicionalista, porque si no, se corría el riesgo de ser fusilado como a decenas de curas supuestamente nacionalistas o, si se protestaba contra estas infames acciones ser amenazado de muerte como le ocurrió al obispo de Vitoria, monseñor Mateo Múgica.


En cambio, la jerarquía católica y Franco fueron uña y carne. Unidos por una férrea cohesión ideológica y unos mismos objetivos. El obispo de Vic, Joan Perelló, quería una “profilaxis social”, sabía que se necesitaba un “bisturí para sacar la pus de las entraña de España”. La pus, evidentemente, eran las personas con una ideas políticas opuestas a las suyas. Para regocijo suyo, Francisco Franco, pensaba lo mismo que él y declaraba sentirse “dispuesto a exterminar si fuese necesario a toda esa media España que no me es afecta” con el propósito de “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII”. Y el cardenal primado, arzobispo de Toledo, Isidro Gomá, seguía tenazmente la línea ideológica del Movimiento Nacional: “Judíos y masones, envenenaron el alma nacional con doctrinas absurdas, con cuentos tártaros o mongoles aderezados y convertidos en sistema político y social en las sociedades tenebrosas manejadas por el internacionalismo semita”. Discurso histórico de la Iglesia Católica que tras la derrota nazi y el descubrimiento del Genocidio hubo que maquillar y hasta ocultar.


No solo el catolicismo español apoyó el golpe militar, cuando ya los crímenes eran bien conocidos y el nuevo régimen afirmaba sus postulados fascistas y totalitarios, el arzobispo de Westminster, cardenal Arthur Hinsley, en una carta remitida a Franco el 28 de marzo de 1939, en agradecimiento al envío de una foto autografiada por éste, le expresaba su admirada devoción: “Le considero el gran defensor de la verdadera España, el país de los principios católicos donde la justicia social católica y la caridad se aplicarán al bien común bajo un gobierno firme y pacífico”. El Vaticano mostró una extraña ambivalencia y pragmatismo político. Pío XI reconoció a Franco en mayo de 1938, aunque no tuviera una gran afinidad con él. Igualmente contradictorio fue su bendición de las tropas fascistas italianas que marchaban a invadir Abisinia en 1935. Luego Pío XII felicitaría efusivamente al general Franco en un telegrama, el 1 de abril de 1939: “Levantando nuestro corazón al señor, agradecemos sinceramente, con V.E, deseada victoria católica España”. Y, unos días más tarde, el 16 de abril de 1939, en un radiomensaje a los fieles de España se expresaba de tal forma: “Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la Paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos”. Cierto es que hubo sufrimientos, pero por ningún sitio se atisbó un poco de “caridad” o “paz”. Y en ningún caso “piedad” o “perdón”.

Contador

fin