Mi patria es todo el mundo.

Poema

Fantasía

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FUR VOICE – Fantasía from Pablo Maestres on Vimeo.

To the land of dreams I´d like to fly,
where birds and fairies surround the skys,
and fishes with them.
Where elves, flowers and butterflies dwell.
Come to the land of dreams
and you will see yourself with imagination
flying with the wind, flying with me..

La fantasía es la capacidad humana para imaginar hechos, sucesos o situaciones que pueden ser posibles o imposibles, reales o irreales. La palabra, como tal, proviene del latín phantasia, y esta a su vez procede del griego f φαντασία (phantasía).
La fantasía supone un nivel más elevado de imaginación, pues implica la facultad de una persona para inventar, crear o producir con su mente mundos o situaciones imaginarias o quiméricas. En este sentido, la fantasía puede expresarse a través de la creación artística en la producción de obras como pinturas, esculturas, novelas, películas, piezas musicales, etc.

   En nuestra vida, es común que tengamos pensamientos de naturaleza fantástica sobre cosas que queremos hacer o que nos gustaría haber hecho. Este tipo de fantasías, que nos permiten proyectar nuestros sueños y nuestros anhelos, son positivas. Sin embargo, según la psicología, a veces las fantasías pueden ser un indicador de que nuestra mente está utilizando mecanismos de defensa para evadir situaciones reales que nos generan desagrado o angustia.

   La fantasía también puede ser un género cinematográfico, literario o de cómic. De hecho, un clásico del cine animado de Disney se titula Fantasía, pues en el filme ocurren cosas mágicas y sobrenaturales. Finalmente, como fantasía también puede hacerse referencia a joyas de poco valor, como bisutería o prendas que simulan joyería real.

   La expresión onírica se puede hallar en diferentes contextos. En el contexto literario, se puede observar la expresión el mundo onírico con el fin de demostrar los sueños que poseen cada personaje o para indicar momentos que los autores sufren producto de locura, fiebre o por la ingestión de alguna sustancia. En el mundo de la pintura, el término onírico se refiere al cuadro realizado con un elevado grado de fantasía o surrealismo al punto de considerarse que fue producto de un sueño.
El onirismo se identifica por alucinaciones visuales que puede ser acompañada por el sentido del tacto o alusiones auditivas, cuando surgen combinaciones de algunas de las alusiones antes referidas es lo que se conoce como delirio onírico.

   La fantasía también puede ser entendida como el grado superior de la imaginación o el pensamiento ingenioso. Estos pensamientos pueden plasmarse en obras artísticas, como cuentos, novelas o películas.
El género fantástico es aquel que presenta elementos imaginarios y sobrenaturales en su argumento. Se trata de un género que viola las reglas de la realidad, con animales que hablan, monstruos, personas inmortales y seres que viajan en el tiempo.


En su sentido más amplio, se halla presente en la literatura, cinematografía, historieta, videojuegos, juegos de rol, pintura, escultura, drama y, sobre todo, en la mitología y relatos antiguos, donde tuvo su origen. Se caracteriza por no dar prioridad a una representación realista que respete las leyes de funcionamiento del mundo real. En ese sentido se suele decir que el género fantástico es subversivo, pues viola las normas de la realidad.


Generalmente se lo distingue de otras formas artísticas como la ciencia ficción –en la que también se subvierten los mecanismos de funcionamiento de la realidad conocida– aduciendo que la causa de los fenómenos observados en obras de corte fantástico siempre tienen que ver con fuerzas sobrenaturales mientras que en la ciencia ficción hay causas “cientifizadas”, con explicaciones que buscan la racionalidad dentro de su ruptura con el orden conocido. Por eso, algunos autores opinan que la diferencia entre el relato fantástico y el de ciencia-ficción radica no tanto en los hechos sobrenaturales como en el modo en que el autor presenta y explica los mismos. 

–¿Me preguntas qué serás allí? ¿Y qué eres aquí? ¿Qué sois los seres de Fantasía?
¡Sueños, invenciones del reino de la poesía, personajes de una Historia Interminable!
¿Crees que eres real, hijo? Bueno, aquí en tu mundo, lo eres. Pero si atraviesas la Nada,
no existirás ya. Habrás quedado desfigurado. Estarás en otro mundo. Allí no tenéis ningún
parecido con vosotros mismos. Lleváis la ilusión y la ofuscación al mundo de los hombres.
¿Sabes, hijo, lo que pasará con todos los habitantes de la Ciudad de los Espectros que
han saltado a la Nada?… –No –tartamudeó Atreyu. –Se convertirán en desvaríos de la
mente humana, imágenes del miedo cuando, en realidad, no hay nada que temer, deseos de
cosas que enferman a los hombres, imágenes de la desesperación donde no hay razón para
desesperar.. 

  –Calma, pequeño necio gruñó el hombre-lobo–. En cuanto te llegue el turno de saltar a la Nada,
serás también un servidor del poder, desfigurado y sin voluntad. Quién sabe para qué les servirás.
Quizá, con tu ayuda, harán que los hombres compren lo que no necesitan, odien lo que no conocen,
crean lo que los hace sumisos o duden de lo que podría salvarlos. Con vosotros, los pequeños se
harán grandes negocios en el mundo de los hombres, se declararán guerras, se fundarán imperios
mundiales… Gmork contempló al muchacho un rato con los ojos semicerrados, y luego añadió:
–También hay una multitud de pobres zoquetes, los cuales, naturalmente, se consideran a sí mismos
muy inteligentes y creen estar al servicio de la verdad, que nada hacen con más celo que intentar
disuadir hasta a los niños de que existe Fantasía. Quizá tú les seas útil precisamente a ellos..

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Pablo Maestres Porque no hay otra cosa en la Tierra donde esté la salvación

Pablo Maestres Jesús nunca fundó una Iglesia

Stravinsky from anabel amiens on Vimeo.

La consagración de la Primavera

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Deutsch: Hl. Georg und der Drache

Libros de caballerías

Descargar Juego De Tronos -George R. R. Martin en PDF, ePub, mobi o Leer Online | Le Libros

Juego de tronos – George R. R. Martin

Las crónicas de Narnia: La colección completa  C. S. Lewis

Las crónicas de Narnia (en inglés: The Chronicles of Narnia) es una heptalogía de libros infantiles escrita por el escritor y profesor anglo-irlandés C. S. Lewis entre 1949 y 1954. Relata las aventuras en Narnia, tierra de fantasía y magia creada por el autor, y poblada por animales parlantes y otras criaturas mitológicas que se ven envueltas en la eterna lucha entre el bien y el mal. Aslan, un legendario león creador del país de Narnia, se constituye como el auténtico protagonista de todos los relatos (si bien los cuatro hermanos Pevensie: Peter, Susan, Lucy y Edmund, aunque ausentes directamente en dos títulos, sirven de hilo conductor). La saga es considerada un clásico de la literatura infantil, y es el trabajo más conocido del autor, habiendo vendido más de 100 millones de ejemplares, y siendo traducida a más de 41 idiomas. Las Crónicas de Narnia se han adaptado varias veces, completa o en parte, por la radio, la televisión, el cine y el teatro. Además de numerosos temas cristianos tradicionales, la serie toma los personajes y las ideas de la mitología griega y la mitología romana, así como de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses..



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Nada hay cuidadosamente ocultado que no haya de revelarse
ni secreto que no llegue a saberse”. Evangelio de Lucas 12:2

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“No hay bien alguno que no nos deleite si no lo compartimos”.
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Tras la dictadura de primo de rivera, bajo la tutela de alfonso XIII y por la mala situación del país, en abril de 1931, la izquierda española ganó las elecciones, proclamándose la ii republica española. Las repúblicas pueden estar compuestas por partidos políticos tanto de derechas como de izquierdas, en cualquier caso, la joven república, comenzo con un partido de izquierdas, pero muy pronto se le arrebató la oportunidad de continuar, por el alzamiento militar, apoyado por la nobleza, monarquía, la iglesia y el capitalismo del momento, pese a todo esto, durante ese periodo de libertad entre dictaduras, con la nueva constitución realizada por la república, en tiempos en que los trabajadores eran meramente esclavos analfabetos, se construyeron miles de escuelas por todo el país, jamás en la historia de españa los trabajadores y estudiantes, obtendrían tal cantidad de derechos de todo tipo. Logicamente muchos se opusieron a esta forma de estado, simplemente por motivos económicos y pérdida de privilegios, entre ellos, el clero, la monarquía y la nobleza capitalista. Leer la constitución de 1931 y podreis comprobarlo. La misión de este video, es limpiar de falsedades y calumnias de todo tipo, que durante casi 40 años, de dictadura han arrojado sobre el periodo republicano para desvirtuar y confundir a la opinión pública venidera, pero apesar de eso, los republicanos siempre podremos alzar nuestra bandera con orgullo por que, fuimos la forma de gobierno elegido por el pueblo en las elecciones, con el objetivo de luchar contra la tiranía y la explotación, además, podemos decir bien alto, que la guerra no la comenzamos nosotros, simplemente tuvimos que defender el asalto militar al estado español.

¡Viva la República federal española!

   

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Al Dios desconocido



The Lonely Shepherd. How beautiful this world is! from Veniamin Tseytlin on Vimeo.

Dame amor… ¿quién me ama todavía?
¿quién, aún, me da calor?
Tiéndeme manos ardientes,
dale brasas a mi corazón…
ofrécete, sí, entrégate a mí,
¡tú, el más cruel enemigo!
¿Huyó? Él mismo ha huido,


mi único compañero,
mi gran enemigo,
mi desconocido,
¡el Dios verdugo!
¡No! ¡Vuelve otra vez!
¡Con todos tus suplicios!
Vuelve a mí,
¡al último solitario!


Mis lágrimas, a torrentes,
discurren en cauce hacia Ti,
y encienden en mí el fuego
de mi corazón por Ti.
¡Oh, vuelve, mi Dios desconocido!
Mi dolor, mi última suerte,
¡mi felicidad!


Friedrich Nietzsche
      

    Además de los doce dioses principales y las innumerables deidades menores, los antiguos griegos adoraban a una deidad que ellos llamaban Agnostos Theos, es decir: el dios desconocido. En Atenas, hubo un templo dedicado específicamente a este dios y muy a menudo que los atenienses prestaban juramento “en el nombre del dios desconocido” (Νή τόν Άγνωστον Ne ton Agnoston). Apolodoro de Atenas, Filóstrato el Joven y Pausanias escribieron también sobre el dios desconocido.​ El dios desconocido no era tanto una deidad específica, sino una representación, de un dios o dioses que realmente existía, pero cuyo nombre y la naturaleza no se reveló a los atenienses o al mundo helénico en general.
De acuerdo con una historia contada por Diógenes Laercio, Atenas cayó una vez en las garras de una plaga y estaban desesperados por apaciguar a los dioses con los sacrificios apropiados. Así, Epiménides reunió a un rebaño de ovejas en el Areópago y posteriormente las liberaron. Las ovejas comenzaron a deambular por Atenas y las colinas circundantes. Por sugerencia de Epiménides siempre que una oveja se detenía, se establecerá un sacrificio al dios local de ese lugar. Muchos de los jardines y los edificios de Atenas se asociaron de hecho, con un dios o una diosa específica por lo que el altar fue construido y adecuado el sacrificio. Sin embargo, al menos una, si no varias ovejas, llevaron a los atenienses a un lugar que ningún dios había asociado con él. Así, un altar fue construido allí sin el nombre de un dios inscrito en él.

Tloque Nahuaque (en náhuatl ‘el que está cerca, al lado y alrededor de las cosas’‘tloc, cerca, a lado; nahuac, cerca, alrededor; “Señor de lo cercano y lo lejano” «cabe quien está el ser de todas las cosas, conservándolas y sustentándolas» Moyocoyani (en náhuatl: Aquel que se creó a sí mismo; “Señor que se crea o inventa a sí mismo mediante su propio pensamiento” es la deidad principal de los pueblos náhuatl, y en la mitología mexica es el dios protógono de la existencia e inexistencia, creador y ordenador de todas las cosas, creador de la primera pareja de humanos y jefe supremo de las cinco edades del mundo o cinco soles; Originalmente era un dios del misterio y lo desconocido implicando un solo dios creador de todo lo existente en el cosmos; En su libro ‘Filosofía Náhuatl’, Miguel León-Portilla profundiza en el significado del término mencionado (así como de muchos más).
Un solo Dios y una sola causa, que fue aquel decir que era substancia y principio de todas las cosas; y es así, que como todos los dioses que adoraban, eran los dioses de las fuentes, ríos, campos y otros dioses de engaños, concluían con decir: Oh Dios en quien están todas las cosas, que es decir el Teotloquenahuaque, como si dijéramos agora, aquella persona en quien asisten todas las cosas acompañadas, que es solo una esencia. Finalmente este rastro tuvieron, de que había un solo Dios, que era sobre todos los dioses…”

   

The Unknown God?

  


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Volver en primavera

Cuerdas que rasgan la noche, luceros en tus pupilas
la claridad de tu pelo y una pasión encendida.

Rondando en el firmamento de tu cuerpo la ternura

desgrana el amor su celo con la adorada dulzura
del carmín y de los besos robados a la locura.

Busca las luces del alba el corazón de la luna

el rumor se desvanece, muere el amor, nace el día.

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Templaba el aire sones nuevos
en la cumplida mañana de una primavera

como siempre el agua dibujaba signos
que el viento del amor trajera

Narcisos de color dorado

reflejaban la silueta entretejida

de los juncos ondeantes del estanque
de las ideas dormidas


Y al sueño sucedió la realidad

arrastrando tras de sí mi desventura

estaba ya en Sevilla, era temprano,

y el olor del azahar se hacía brisa.
Sevilla duerme en el lecho de un río con anchos brazos
que la mecen en un sueño de largos y hermosos años

no despertad a la niña, rodeadla de mil lazos

de amor, nostalgia y color y que siga su letargo

que la vela la giralda y la nana estan cantando

por las esquinas del alma sus hijos los sevillanos.

Audio
Quizás la ciudad del duende,
Quizás la ciudad del Arte,
Reina de la gracia y el donaire.
Donde duermen las hadas en sus parques.
Donde en un celeste cielo me adorastes.

 

Jean Ferrat


Strings that tear the night, stars in your pupils
the clarity of your hair and a burning passion.


Rounding in the firmament of your body the tenderness
shed love her zeal with the adored sweetness
of carmine and kisses stolen from madness.


Look for the lights of dawn the heart of the moon
the rumor vanishes, love dies, the day is born.
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2017/03/14/pre-rm01638300080_7730e7ba.jpg

Templating the air new sounds
on the morning of an spring
as always the water drew signs
that the wind of love brought


Daffodils of golden color
they reflected the interwoven silhouette
from the rushing rushes of the pond
of the sleeping ideas


And reality came true
dragging behind me my misadventure
I was already in Seville, it was early,
and the scent of orange blossom became a breeze.


Maybe the city of the goblin,
Maybe the city of Art,
Queen of grace and grace.
Where the fairies sleep in their parks.
Where in a celestial sky you adored me.
qpx-79785993. Arte mudéjar

Any time any day…

Seville was founded as the Roman city of Hispalis, and was known as Ishbiliya after the Muslim conquest in 712. During the Muslim rule in Spain, Seville came under the jurisdiction of the Caliphate of Córdoba before becoming the independent Taifa of Seville; later it was ruled by the Muslim Almoravids and the Almohads until finally being incorporated into the Christian Kingdom of Castile under Ferdinand III in 1248.

Seville, the capital of one of the most beautiful regions of Spain,is a European destination of extreme beauty ; it is located in the south of Spain . One of its treasures, the Alcazar, is classified as a World Heritage site by UNESCO.

Discover Seville; its climate is perfect throughout the year. If you want to avoid the hustle and bustle, book your holiday at the best price in Seville during the low season, for example in October or Spring. If you want to live a real immersive experience in the Andalusian culture, book your stay in Seville in April for the traditional “Feria de Abril” on the third week of April for 7 consecutive days. It is a perfect opportunity to discover Seville, its inhabitants, their traditions and gastronomy.

SVcB5614. Una Catedral fascinante

Seville is perfect at any time of the year though. You will be amazed by the city. Book your hotel, guesthouse, B&B, at the best price guaranteed in Seville as well as your best activities such as “a guided tour of the Royal Alcazar” or a 1-hour river cruise before ending the evening with a romantic dinner and a Flamenco showAccording to legend.

Sevilla was founded by Hercules and its origins are linked with the Tartessian civilisation. It was called Hispalis under the Romans and Isbiliya with the Moors. The high point in its history was following the discovery of America in 1492. For all its important monuments and fascinating history, Sevilla is universally famous for being a joyous town. While the Sevillians are known for their wit and sparkle, the city itself is striking for its vitality. It is the largest town in Southern Spain, the city of Carmen, Don Juan and Figaro. .

fin


Bendita creación
que se hizo flor
y fuiste amor
en cuerpo de mujer
Feliz Día De La Mujer GIF - FelizDiaDeLaMujer DiaDeLaMujer GIFs

fin

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La leyenda de la rosa / Washington Irving


Washington Irving nació el 3 de abril de 1783 en Nueva York (Estados Unidos), hijo de un comerciante escocés y de una mujer inglesa, matrimonio que tuvo once hijos. A su retoño menor le bautizaron en homenaje a George Washington. Desde niño, Irving se sintió atraído por la lectura y la escritura, participando en 1802 como colaborador del “Morning Chronicle”, publicación editada por su hermano Pete. Al mismo tiempo estudiaba Leyes. Entre los años 1804 y 1806 Irving viajó por diversos países europeos, residiendo principalmente en Francia e Italia.

Tras regresar a Nueva York, trabajar brevemente como abogado, y participar en la empresa familiar, Washington comenzó a escribir sus primeras obras editando el “Analetic” y publicando “Salmagundi” (1808), libro de corte satírico escrito junto a su hermano William y James K. Paulding. Un año después falleció su novia Mathilde Hoffman, con quien estaba comprometido. Tras esta tragedia, Irving jamás se casó. Con el seudónimo de Dietrich Knickerbocker escribió “Una Historia De Nueva York” (1809), una visión humorística de la ciudad americana bajo el dominio holandés que consiguió un gran éxito en su país. Desde ese momento Knickerbocker se convirtió en algo significativo de la Gran Manzana, adoptando posteriormente el equipo de baloncesto de la ciudad este apelativo. En el año 1815, Irving se trasladó de nuevo a Europa para residir en Liverpool. También visitó países como Francia, Italia, Holanda, Alemania o España.

En 1819 escribió su famoso cuento “Rip Van Winkle”. Más tarde publicó “El Libro De Apuntes” (1820), un conjunto de historias de raíz folk entre las que se encontraba su conocida “Leyenda De Sleepy Hollow” que fue escrita con otro seudónimo, el de Geoffrey Crayon. Dos años después apareció una continuación de este volumen titulada “Bracebridge Hall” (1822). “La Leyenda De Sleepy Hollow” fue llevada al cine por Tim Burton con Johnny Depp como protagonista. Tras vivir en Dresde, Londres y Paris.

Washington Irving se trasladó a Madrid, en donde trabajó como diplomático. En España escribió “Vida y Viajes De Cristóbal Colón” (1828), “Crónica De La Conquista De Granada” (1829) y “Viajes y Descubrimientos De Los Compañeros De Colón” (1831). En Londres, en donde parece ser que mantuvo relaciones con Mary Shelley, Irving terminó de redactar “Cuentos De La Alhambra” (1832), colección de historias ambientadas en la Andalucía musulmana. En el año 1832.


Washington Irving regresó a los Estados Unidos, viviendo en Sunnyside en Tarrytown. Poco después aparecieron “The Cayon Miscellany” (1835) y “A Tour Of The Prairies” (1835). En 1842 volvió a España para trabajar como embajador de los Estados Unidos, cargo en el que estuvo hasta 1845. En el año 1848 fue nombrado presidente de la Biblioteca Astor, puesto que abandonó en 1859. En 1859 también publicó “La Vida De George Washington” (1855-1859). Washington Irving falleció el 28 de noviembre de 1859 a la edad de 66 años. Está enterrado en el cementerio de Sleepy Hollow (localidad anteriormente llamada North Tarrytown), en Westchester County, Nueva York (Estados Unidos).

Washington Irving [pseudonym Geoffrey Crayon] (1783-1859), American essayist, historian, and author wrote “The Legend of Sleepy Hollow”. They are given to all kinds of marvellous beliefs, are subject to trances and visions, and frequently see strange sights, and hear music and voices in the air. The whole neighborhood abounds with local tales, haunted spots, and twilight superstitions; stars shoot and meteors glare oftener across the valley than in any other part of the country, and the nightmare, with her whole ninefold, seems to make it the favorite scene of her gambols.


The dominant spirit, however, that haunts this enchanted region, and seems to be commander-in-chief of all the powers of the air, is the apparition of a figure on horseback, without a head.
One of the first noted American authors to be highly acclaimed in Europe during his life time, Irving was a prolific author of fiction and non-. He wrote numerous short stories, biographies, histories, and tales of his travels. His characters Ichabod Crane and Rip van Winkle are now icons of popular American culture, and many of Irving’s works have inspired adaptations to the stage and film.
Named in honour of American President George Washington, under whom the United States gained independence during the American Revolution, Washington Irving was born on 3 April 1783 in New York. He was the eleventh child born to emigrants Sarah Sanders and William Irving, deacon and successful merchant. The Irving’s were kind, charitable people and often tended to those left less fortunate after the war. Washington, while born sickly, was a mischievous and adventuresome young man, sneaking out at night to attend plays and frustrating his pious parents, especially his father. He roamed the city and environs, dreaming of far-off places–dreams that were partly fueled by one of his favourite books, Daniel Defoe’s Robinson Crusoe. Travelling would become a life-long passion. Although he was not an avid student, he studied law and became a clerk in Josiah Ogden Hoffman’s law office. The Hoffmans would become great friends to Irving.


Suffering from ill-health off and on for many years, in 1804 Irving set sail from New York Harbour, the first of many trips abroad: he was going to a spa in Bordeaux, France to treat a lung ailment. He learned French and, always gregarious, made many friends who were charmed by his easy-going ways. For the next two years he travelled through many countries in Europe including France, the Netherlands, Spain, Scotland, Wales, and England. Ever the flâneur, he basked in the hospitality of sophisticated European society and indulged his love of art, theatre, and opera. But his Grand Tour was to come to an end when, in 1806 and restored health, he returned to America and was called to the bar.
Irving’s social life continued to dominate his days. He was not interested in practicing law, preferring the companionship of his male friends and the flirtatious affections of ladies. In a foreshadowing of great things to come, he collaborated with his brother William and James Kirke Paulding in creating a semi-monthly periodical to compete with the more sombre news publications of the day. While it was short-lived The Salmagundi Papers; or, the Whim-Whams and Opinions of Laucelot Langstaff, Esq. And Others. (1809) was met with great success. The Jonathan Swift-like satire and tongue-in-cheek pokes at politics, culture, and society was “to instruct the young, reform the old, correct the town, and castigate the age.” In a similar vein Irving composed his first novel, Knickerbocker’s History of New York (1809). A burlesque and comprehensive weaving of fact and fiction, his “History of New-York from the Beginning of the World to the End of the Dutch Dynasty” is narrated by Diedrich Knickerbocker and won Irving much acclaim at home and abroad.


During the War of 1812, Irving was beset with ennui. Initially he had begrudgingly enlisted but his patriotism flared with the burning of the capitol; he also served as governors’ aid and military secretary for a time. In 1815 he left America for England to visit his brother but remained for the next seventeen years, again travelling to various countries in Europe. While in England, an unsuccessful business venture with his brothers caused him to turn to his pen in hopes of providing some income. Irving’s short stories, first printed in America under his pseudonym Geoffrey Crayon between the years 1819-20 were collected in The Crayon Papers and The Sketch Book of Geoffrey Crayon. They contain two of Irvings’ most famous tales: “Rip van Winkle” and “The Legend of Sleepy Hollow”. These stories were wildly popular in America and soon too in Europe where Irving, or, Geoffrey Crayon, was welcomed by noted society and literary figures including actors, writers, artists, Dukes, and Lords, Kings and Queens. Positive reviews were published and Charles Dickens, Samuel Taylor Coleridge, Lord George Gordon Byron, and his friend Sir Walter Scott lauded his humorous and witty style.


Irving’s health failed again and for many months he was unable to walk, but it did not stop him from continuing to write. His next novel was Bracebridge Hall, or, The Humorists, A Medley (1822). It was followed by Tales of a Traveller (1824), which Irving considered one of his finer works. In 1826 Irving moved to Madrid, Spain, where he set to writing his highly lauded The Life and Voyages of Christopher Columbus (1828), Chronicle of the Conquest of Granada (1829), and Tales of the Alhambra (1832).
In 1832 Irving returned to America, greeted by his overwhelmingly adoring readership. With the intent of creating a secluded retreat for writing, he bought a farm on the banks of the Hudson River at Tarrytown in New York State. The little Dutch cottage and the picturesque views was soon transformed into the now famous residence “Sunnyside”. Irving the bachelor was surrounded by loving friends and relatives, and apart from his sojourn as Minister to Spain in 1842-48, his days of living abroad were over.
Abbotsford and Newstead Abbey (1835) was followed by Astoria: Anecdotes of an enterprise beyond the Rocky Mountains (1836). “….I have felt anxious to get at the details of their adventurous expeditions among the savage tribes that peopled the depths of the wilderness.” It explores Irving’s impressions from travels in Canada and America as guest of John Jacob Astor’s Northwest Fur Company. Irving expresses his sympathy to the displaced, and dispossessed ‘savage’ Native American Peoples in such stories as “Philip of Pokanoket”, “Traits of Indian Character”, and “Origin of the White, the Red, and the Black Men”. The Adventures of Captain Bonneville (1837) was followed by Irving’s biographical works Oliver Goldsmith: A Biography (1850) and Lives of Mahomet and his Successors (1850). Wolfert’s Roost and Miscellanies (1855) includes short stories first published in Knickerbocker Magazine.

Irving’s last finished work, something he had been working on for many years but kept putting aside for other more pressing projects is his Life of George Washington (1859). Washington Irving died on 28 November 1859 and now rests in the Sleepy Hollow Cemetery overlooking the Old Dutch Church in Tarrytown, New York.
Panting and fatigued, he threw himself, late in the afternoon, on a green knoll, covered with mountain herbage, that crowned the brow of a precipice. From an opening between the trees he could overlook all the lower country for many a mile of rich woodland. He saw at a distance the lordly Hudson, far, far below him, moving on its silent but majestic course, with the reflection of a purple cloud, or the sail of a lagging bark, here and there sleeping on its glassy bosom, and at last losing itself in the blue highlands.–from “Rip van Winkle”


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Pavana para una musa

Me abandonó una mañana
en un hirviente septiembre
mientras la la zafia canícula
ardía en torno a la gente
y el sudor perlaba a ratos
los contornos de mi mente.
Ya mi musa feneció
y en vapores de calor
entre ayes del gentío,
se muere la inspiración,
todo mi esfuerzo ya es nulo,
y ella sin contemplación
tiró su lira al vacío
diciendo: a tomar por culo.


Ya no eres la capitana
del barco de mis desvelos,
para mi gloria, te has muerto,
si acaso, grumete loca
que hace hundir mi bajel,
antes de salir del puerto.


En el jardín de mis sueños,
feneció mi cruel princesa,
ya no eres cuento de hadas
ahora tienes otros dueños,
y ya que yaces decesa,
si acaso bruja del cuento
de pesadilla siniestra.


Esto es, para ti mujer,
sombra de musa olvidada
si el áspid te robó el cuerpo
tu, de mí, robaste el alma.

Julia from anabel amiens on Vimeo.

Optical artist by Gianni Sarcone

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Τίποτα δεν είναι κρυμμένο προσεκτικά και δεν πρέπει να αποκαλυφθεί
κανένα μυστικό που δεν έρχεται να γίνει γνωστό. ” Ευαγγέλιο του Λουκά 12: 2

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La Venta de los Gatos – Gustavo Adolfo Bécquer

– I –

En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena, hay, entre otros ventorrillos célebres, uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y característico de todos los ventorrillos andaluces.

Figuraos una casita blanca como el ampo de la nieve, con su cubierta de tejas rojizas las unas, verdinegras las otras, entre las cuales crecen un sinfín de jaramagos y matas de reseda. Un cobertizo de madera baña en sombras el dintel de la puerta, a cuyos lados hay dos poyos de ladrillos y argamasa. Empotradas en el muro que rompen varios ventanillos abiertos a capricho para dar luz al interior, y de los cuales unos son más bajos y otros más altos, éste en forma cuadrangular, aquél imitando un ajimez o una claraboya, se ven, de trecho en trecho, algunas estacas y anillas de hierro que sirven para atar las caballerías. Una parra añosísima que retuerce sus negruzcos troncos por entre la armazón de maderas que la sostiene, vistiéndose de pámpanos y hojas verdes y anchas, cubre como un dosel el estrado, el cual lo componen tres bancos de pino, media docena de sillas de enea desvencijadas y hasta seis o siete mesas cojas y hechas de tablas mal unidas. Por uno de los costados de la casa sube una madreselva agarrándose a las grietas de las paredes hasta llegar al tejado, de cuyo alero penden algunas guías que se mecen con el aire, semejando flotantes pabellones de verdura. Al pie del otro corre una cerca de cañizo, señalando los límites de un pequeño jardín, que parece una canastilla de juncos rebosando flores. Las copas de dos corpulentos árboles que se levantan a espaldas del ventorrillo forman el fondo obscuro sobre el cual se destacan sus blancas chimeneas, completando la decoración los vallados de las huertas llenos de pitas y zarzamoras, los retamares que crecen a la orilla del agua, y el Guadalquivir, que se aleja arrastrando con lentitud su torcida corriente por entre aquellas agrestes márgenes hasta llegar al pie del antiguo convento de San Jerónimo, el cual asoma por encima de los espesos olivares que lo rodean y dibuja por obscuro la negra silueta de sus torres sobre un cielo azul transparente.

Imaginaos este paisaje animado por una multitud de figuras, de hombres, mujeres, chiquillos y animales formando grupos a cuál más pintoresco y característico: aquí, el ventero, rechoncho y colorarote, sentado al sol en una silleta baja, deshaciendo entre las manos el tabaco para liar un cigarrillo y con el papel en la boca; allí, un regatón de la Macarena, que canta entornando los ojos y acompañándose con una guitarrilla mientras otros le llevan el compás con las palmas o golpeando las mesas con los vasos; más allá, una turba de muchachas, con su pañuelo de espumilla de mil colores y toda una maceta de claveles en el pelo, que tocan la pandereta, y chillan, y ríen, y hablan a voces en tanto que impulsan como locas el columpio colgado entre dos árboles, y los mozos del ventorrillo que van y vienen con bateas de manzanilla y platos de aceitunas, y las bandas de gentes del pueblo que hormiguean en el camino; dos borrachos que disputan con un majo que requiebra al pasar a una buena moza; un gallo que cacarea esponjándose orgulloso sobre las bardas del corral; un perro que ladra a los chiquillos que le hostigan con palos y piedras; el aceite que hierve y salta en la sartén donde fríen el pescado; el chasquear de los látigos de los caleseros que llegan levantando una nube de polvo; ruido de cantares, de castañuelas, de risas, de voces, de silbidos y de guitarras, y golpes en las mesas, y palmadas, y estallidos de jarros que se rompen, y mil y mil rumores extraños y discordes que forman una alegre algarabía imposible de describir. Figuraos todo esto en una tarde templada y serena, en la tarde de uno de los días más hermosos de Andalucía, donde tan hermosos son siempre, y tendréis una idea del espectáculo que se ofreció a mis ojos la primera vez que, guiado por su farsa, fui a visitar aquel célebre ventorrillo.

De esto ya hace muchos años: diez o doce lo menos. Yo estaba allí como fuera de mi centro natural: comenzando por mi traje y acabando por la asombrada expresión de mi rostro, todo en mi persona disonaba en aquel cuadro de franca y bulliciosa alegría. Pareciome que las gentes, al pasar, volvían la cara a mirarme con el desagrado que se mira a un importuno.

No queriendo llamar la atención ni que mi presenciase hiciese objeto de burlas más o menos embozadas, me senté a un lado de la puerta del ventorrillo, pedí algo de beber, que no bebí, y cuando todos se olvidaron de mi extraña aparición saqué un papel de la cartera de dibujo que llevaba conmigo, afilé un lápiz y comencé a buscar con la vista un tipo característico para copiarlo y conservarlo como un recuerdo de aquella escena y de aquel día.

Desde luego, mis ojos se fijaron en una de las muchachas que formaban alegre corro alrededor del columpio. Era alta, delgada, levemente morena, con unos ojos adormidos, grandes y negros y un pelo más negro que los ojos. Mientras yo hacía el dibujo un grupo de hombres, entre los cuales había uno que rasgueaba la guitarra con mucho aire, entonaban a coro cantares alusivos a las prendas personales, los secretillos de amor, las inclinaciones o las historias de celos y desdenes de las muchachas que se entretenían alrededor del columpio, cantares a los que a su vez respondían éstas con otros no menos graciosos, picantes y ligeros.

La muchacha morena, esbelta y decidora que había escogido por modelo llevaba la voz entre las mujeres y componía las coplas y las decía, acompañada del ruido de las palmas y las risas de sus compañeras, mientras el tocador parecía ser el jefe de los mozos y el que entre todos ellos despuntaba por su gracia y sus desenfadado ingenio.

Por mi parte, no necesité mucho tiempo para conocer que entre ambos existía algún sentimiento de afección que se revelaba en sus cantares, llenos de alusiones transparentes y frases enamoradas.

Cuando terminé mi obra comenzaba a hacerse de noche. Y en la torre de la catedral se habían encendido los dos faroles del retablo de las campanas y sus luces parecías los ojos de fuego de aquel gigante de argamasa y ladrillo que domina toda la ciudad. Los grupos se iban disolviendo poco a poco y perdiéndose a lo largo del camino entre la bruma del crepúsculo, plateada por la luna, que empezaba a dibujarse sobre el fondo violado y obscuro del cielo. Las muchachas se alejaban juntas y cantando, y sus voces argentinas se debilitaban gradualmente hasta confundirse con los otros rumores indistintos y lejanos que temblaban en el aire. Todo acababa a la vez: el día, el bullicio, la animación y la fiesta, y de todo no quedaba sino un eco en el oído y en el alma, como una vibración suavísima, como un dulce sopor parecido al que se experimenta al despertar de un sueño agradable.

Luego que hubieron desaparecido las últimas personas doblé mi dibujo, lo guardé en la cartera, llamé con una palmada al mozo, pagué el pequeño gasto que había hecho y ya me disponía a alejarme cuando sentí que me detenían suavemente por el brazo. Era el muchacho de la guitarra que ya noté antes y que mientras dibujaba me miraba mucho y con cierto aire de curiosidad. Yo no había reparado que, después de concluida la broma, se acercó disimuladamente hasta el sitio en que me encontraba con el objeto de ver qué hacía yo mirando con tanta insistencia a la mujer por quien él parecía interesarse.

-Señorito -me dijo con un acento que él procuró suavizar todo lo posible-, voy a pedirle a usted un favor.

-¡Un favor! -exclamé yo, sin comprender cuáles podrían ser sus pretensiones-. Diga usted; que si está en mi mano es cosa hecha.

-¿Me quiere usted dar esa pintura que ha hecho?

Al oír sus últimas palabras no pude menos de quedarme un rato perplejo; extrañaba, por una parte, la petición, que no dejaba de ser bastante rara, y por otra, el tono, que no podía decirse a punto fijo si era de amenaza o de súplica. El hubo de comprender mi duda y se apresuró en el momento a añadir:

-Se lo pido a usted por la salud de su madre, por la mujer que más quiera en este mundo, si quiere a alguna; pídame usted en cambio todo lo que yo pueda hacer en mi pobreza.

No supe qué contestar para eludir el compromiso. Casi, casi, hubiera preferido que viniese en son de quimera, a trueque de conservar el bosquejo de aquella mujer que tanto me había impresionado; pero sea por sorpresa del momento, sea que yo a nada sé decir que no, ello es que abrí mi cartera, saqué el papel y se lo alargué sin decir una palabra.

Referir las frases de agradecimiento del muchacho, sus exclamaciones al mirar nuevamente el dibujo a la luz del reverbero de la venta, el cuidado con que lo dobló para guardárselo en la faja, los ofrecimientos que me hizo y las alabanzas hiperbólicas con que ponderó la suerte de haber encontrado lo que él llamaba un señorito templao y neto sería tarea dificilísima, por no decir imposible. Sólo diré que como entre unas y otras se había hecho completamente de noche, que quise que no, se empeñó en acompañarme hasta la puerta de la Macarena, y tanto dio en ello que por fin me determiné a que emprendiésemos el camino juntos. El camino es bien corto, pero mientras duró encontró forma de contarme de pe a pa toda la historia de sus amores.

La venta donde se había celebrado la función era de su padre, quien le tenía prometido, para cuando se casase, una huerta que lindaba con la casa y que también le pertenecía. En cuanto a la muchacha objeto de su cariño, que me describió con los más vivos colores y las frases más pintorescas, me dijo que se llamaba Amparo, que se había criado en su casa desde muy pequeñita y se ignoraba quiénes fuesen sus padres. Todo esto y cien otros detalles de más escaso interés me refirió durante el camino. Cuando llegamos a las puertas de la ciudad me dio un fuerte apretón de manos, tornó a ofrecérseme y se marchó entonando un cantar cuyos ecos se dilataban a lo lejos en el silencio de la noche. Yo permanecí un rato viéndolo ir. Su felicidad parecía contagiosa, y me sentí alegre, con una alegría extraña y sin nombre, con una alegría, por decirlo así, de reflejo.

El siguió cantando a más no poder; uno de sus cantares decía así:

Compañerito del alma
mira qué bonita era:
se parecía a la Virgen
de Consolación de Utrera.

Cuando su voz comenzaba a perderse oí en las ráfagas de la brisa otra delgada y vibrante que sonaba más lejos aún. Era ella, que lo aguardaba impaciente.

Pocos días después abandoné a Sevilla, y pasaron muchos años sin que volviese a ella y olvidé muchas cosas que allí me habían sucedido; pero el recuerdo de tanta y tan ignorada y tranquila felicidad no se me borró nunca de la memoria.

– II –

Como he dicho, transcurrieron muchos años después que abandoné a Sevilla, sin que olvidase del todo aquella tarde, cuyo recuerdo pasaba algunas veces por mi imaginación como una brisa bienhechora que refresca el ardor de la frente.

Cuando el azar me condujo de nuevo a la gran ciudad que con tanta razón es llamada reina de Andalucía una de las cosas que más llamaron mi atención fue el notable cambio verificado durante mi ausencia. Edificios, manzanas de casas y barrios enteros habían surgido al contacto mágico de la industria y el capital: por todas partes fábricas, jardines, posesiones de recreo, frondosas alamedas; pero, por desgracia, muchas venerables antiguallas habían desaparecido.

Visité nuevamente muchos soberbios edificios, llenos de recuerdos históricos y artísticos; torné a vagar y a perderme entre las mil y mil revueltas del curioso barrio de Santa Cruz; extrañé en el curso de mis paseos muchas cosas nuevas que se han levantado no sé cómo; eché de menos muchas cosas viejas que han desaparecido no sé por qué y, por último, me dirigí a la orilla del río. La orilla del río ha sido siempre en Sevilla, el lugar predilecto de mis excursiones.

Después que hube admirado el magnífico panorama que ofrece en el punto por donde une sus opuestas márgenes el puente de hierro; después que hube recorrido con la mirada absorta los mil detalles, palacios y blancos caseríos; después que pasé revista a los innumerables buques surtos en sus aguas, que desplegaban al aire los ligeros gallardetes de mil colores, y oí el confuso hervidero del muelle, donde todo respira actividad y movimiento, remontando con la imaginación la corriente del río, me trasladé hasta San Jerónimo.

Me acordaba de aquel paisaje tranquilo, reposado y luminoso en que la rica vegetación de Andalucía despliega sin aliño sus galas naturales. Como si hubiera ido en un bote corriente arriba, vi desfilar otra vez, con ayuda de la memoria, por un lado la Cartuja con sus arboledas y sus altas y delgadas torres; por otro, el barrio de los Humeros, los antiguos murallones de la ciudad, mitad árabes, mitad romanos; las huertas con sus vallados cubiertos de zarzas y las norias que sombrean algunos árboles aislados y corpulentos, y, por último, San Jerónimo… Al llegar aquí con la imaginación se me representaron con más viveza que nunca los recuerdos que aun conservaba de la famosa venta, y me figuré que asistía de nuevo a aquellas fiestas populares y oía cantar a las muchachas, meciéndose en el columpio, y veía los corrillos de gentes del pueblo vagar por los prados, merendar unos, disputar los otros, reír éstos, bailar aquéllos, y todos agitarse, rebosando juventud, animación y alegría. Allí estaba ella, rodeada de sus hijos, lejos ya del grupo de las mozuelas, que reían y cantaban, y allí estaba él, tranquilo y satisfecho de su felicidad, mirando con ternura, reunidas a su alrededor y felices, a todas las personas que más amaba en el mundo: su mujer, sus hijos, su padre, que estaba entonces como hacía diez años, sentado a la puerta de su venta, liando impasible su cigarro de papel, sin más variación que tener blanca como la nieve la cabeza, que antes era gris.

Un amigo que me acompañaba en el paseo, notando la especie de éxtasis en que estuve abstraído con esas ideas durante algunos minutos me sacudió al fin del brazo; preguntándome:

-¿En qué piensas?

-Pensaba -le contesté- en la Venta de los Gatos, y revolvía aquí, dentro de la imaginación, todos los agradables recuerdos que guardo de una tarde que estuve en San Jerónimo… En este instante concluía una historia que dejé empezada allí y la concluía tan a mi gusto que creo no puede tener otro final que el que yo le he hecho. Y a propósito de la Venta de los Gatos -proseguí, dirigiéndome a mi amigo-, ¿cuándo nos vamos allí una tarde a merendar y a tener un rato de jarana?

-¡Un rato de jarana! -exclamó mi interlocutor, con una expresión de asombro que yo no acertaba a explicarme entonces-; ¡un rato de jarana! Pues digo que el sitio es aparente para el caso.

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-¿Y por qué no? -le repliqué admirándome a mi vez de sus admiraciones.

-La razón es muy sencilla -me dijo, por último-: porque a cien pasos de la venta han hecho el nuevo cementerio.

Entonces fui yo el que lo miré con ojos asombrados y permanecí algunos instantes en silencio antes de añadir una sola palabra.

Volvimos a la ciudad y pasó aquel día y pasaron algunos otros más sin que yo pudiese desechar del todo la impresión que me había causado una noticia tan inesperada. Por más vueltas que le daba, mi historia de la muchacha morena no tenía ya fin, pues el inventado no podía concebirla, antojándoseme inverosímil un cuadro de felicidad y alegría con un cementerio por fondo.

Una tarde, resuelto a salir de dudas, pretexté una ligera indisposición para no acompañar a mi amigo en nuestros acostumbrados paseos y emprendí solo el camino de la venta. Cuando dejé a mis espaldas la Macarena y su pintoresco arrabal y comencé a cruzar por un estrecho sendero aquel laberinto de huertas ya me parecía advertir algo extraño en cuanto me rodeaba.

Bien fuese que la tarde estaba un poco encapotada, bien que la disposición de mi ánimo me inclinaba a las ideas melancólicas, lo cierto es que sentí frío y tristeza y noté un silencio que me recordaba la completa soledad como el sueño recuerda la muerte.

Anduve un rato sin detenerme, acabé por cruzar las huertas para abreviar la distancia y entré en el camino de San Lázaro, desde donde ya se divisa en lontananza el convento de San Jerónimo.

Tal vez será una ilusión; pero a mí me parece que por el camino que pasan los muertos hasta los árboles y las hierbas toman al cabo un color diferente. Por lo menos allí se me antojó que faltaban tonos calurosos y armónicos, frescura en la arboleda, ambiente en el espacio y luz en el terreno. El paisaje era monótono, las figuras negras y aisladas.

Por aquí un carro que marchaba pausadamente, cubierto de luto, sin levantar polvo, sin chasquidos de látigo, sin algazara, sin movimiento casi; más allá un hombre de mala catadura con un azadón en el hombro, o un sacerdote con su hábito talar y oscuro, o un grupo de ancianos mal vestidos o de aspecto repugnante, con cirios apagados en las manos, que volvían silenciosos, con la cabeza baja y los ojos fijos en la tierra. Yo me creía transportado no sé adónde, pues todo lo que veía me recordaba un paisaje cuyos contornos eran los mismos de siempre, pero cuyos colores se habían borrado, por decirlo así, no quedando de ellos sino una media tinta dudosa. La impresión que experimentaba sólo puede compararse a la que sentimos en esos sueños en que, por un fenómeno inexplicable, las cosas son y no son a la vez, y los sitios en que creemos hallarnos se transforman, en parte, de una manera estrambótica e imposible.

Por último, llegué al ventorrillo; lo recordé más por el rótulo, que aun conservaba escrito con grandes letras en una de sus paredes, que por nada; pues en cuanto al caserío, se me figuró que hasta había cambiado de forma y proporciones. Desde luego puedo asegurar que estaba mucho más ruinoso, abandonado y triste. La sombra del cementerio, que se alzaba en el fondo, parecía extenderse hacia él, envolviéndolo en una oscura proyección como en un sudario. El ventero estaba solo, completamente solo. Conocí que era el mismo de hacía diez años; y lo conocí por no sé qué, pues en este tiempo había envejecido hasta el punto de aparentar un viejo decrépito y moribundo, mientras que cuando lo vi no representaba apenas cincuenta años, y rebosaba salud, satisfacción y vida.

Senteme en una de las desiertas mesas; pedí algo de beber, que me sirvió el ventero, y de una en otra palabra suelta, vinimos al cabo a entrar en una conversación tirada acerca de la historia de amores, cuyo último capítulo ignoraba todavía, a pesar de haber intentado adivinarlo varias veces.

-Todo -me dijo el pobre viejo-, todo parece que se ha conjurado contra nosotros desde la época que usted me recuerda. Ya lo sabe usted: Amparo era la niña de nuestros ojos, se había criado aquí desde que nació, casi era la alegría de la casa; nunca pudo echar de menos el suyo, porque yo la quería como un padre; mi hijo se acostumbró también a quererla desde niño, primero como un hermano, después con un cariño más grande todavía. Ya estaba en vísperas de casarse; yo les había ofrecido lo mejor de mi poca hacienda, pues con el producto de mi tráfico me parecía tener más que suficiente para vivir con desahogo, cuando no sé qué diablo malo tuvo envidia de nuestra felicidad y la deshizo en un momento. Primero comenzó a susurrarse que iban a colocar un cementerio por esta parte de San Jerónimo: unos decían que más acá, otros que más allá; y mientras todos estábamos inquietos y temerosos, temblando de que se realizase este proyecto, una desgracia mayor y más cierta cayó sobre nosotros.

Un día llegaron aquí en un carruaje dos señores. Me hicieron mil y mil preguntas acerca de Amparo, a la cual saqué yo cuando pequeña de la casa de expósitos; me pidieron los envoltorios con que la abandonaron y que yo conservaba, resultando al fin que Amparo era hija de un señor muy rico, el cual trabajó con la justicia para arrancárnosla, y trabajó tanto, que logró conseguirlo. No quiero recordar siquiera el día que se la llevaron. Ella lloraba como una Magdalena; mi hijo quería hacer una locura; yo estaba como atontado, sin comprender lo que me sucedía… ¡Se fue! Es decir, no se fue, porque nos quería mucho para irse; pero se la llevaron, y una maldición cayó sobre esta casa. Mi hijo, después de un arrebato de desesperación espantosa, cayó como en un letargo; yo no sé decir qué me pasó; creí que se me había acabado el mundo.

Mientras esto sucedía, comenzose a levantar el cementerio; la gente huyó de estos contornos, se acabaron las fiestas, los cantares y la música, y se acabó toda la alegría de estos campos, como se había acabado toda la de nuestras almas.

Y Amparo no era más feliz que nosotros: criada aquí al aire libre, entre el bullicio y la animación de la venta, educada para ser dichosa en la pobreza, la sacaron de esta vida y se secó como se secan las flores arrancadas de un huerto para llevarlas a un estrado. Mi hijo hizo esfuerzos increíbles por verla otra vez, para hablarle un momento. Todo fue inútil; su familia no quería. Al cabo la vio, pero la vio muerta. Por aquí paso el entierro. Yo no sabía nada, y no sé por qué me eché a llorar cuando vi el ataúd. El corazón, que es muy leal, me decía a voces

-Esa es joven como Amparo; como ella, sería también hermosa; ¿quién sabe si será la misma? Y era; mi hijo siguió el entierro, entró en el patio, y al abrirse la caja, dio un grito, cayó sin sentido en tierra, y así me lo trajeron. Después se volvió loco, y loco está.

Cuando el pobre viejo llegaba a este punto de su narración, entraron en la venta dos enterradores, de siniestra figura y aspecto repugnante. Acabada su tarea, venían a echar un trago «a la salud de los muertos», como dijo uno de ellos, acompañando el chiste con una estúpida sonrisa. El ventero se enjugó una lágrima con el dorso de la mano, y fue a servirles.

La noche comenzaba a cerrar, oscura y tristísima. El cielo estaba negro, y el campo lo mismo. De los árboles pendía aún, medio podrida, la soga del columpio agitada por el aire; me pareció la cuerda de una horca, oscilando todavía después de haber descolgado a un reo. Sólo llegaban a mis oídos algunos rumores confusos: el ladrido lejano de los perros de las huertas, el chirrido de una noria, largo, quejumbroso y agudo como un lamento; las palabras sueltas y horribles de los sepultureros, que concertaban en voz baja un robo sacrílego… No sé; en mi memoria no ha quedado, lo mismo de esta escena fantástica de desolación, que de la otra escena de alegría, más que un recuerdo confuso, imposible de reproducir. Lo que me parece escuchar tal como lo escuché entonces es este cantar que entonó una voz plañidera, turbando de repente el silencio de aquellos lugares

En el carro de los muertos
ha pasado por aquí;
llevaba una mano fuera,
por ella la conocí.
Era el pobre muchacho, que estaba encerrado en una de las habitaciones de la venta, donde pasaba los días contemplando inmóvil el retrato de su amante sin pronunciar una palabra, sin comer apenas, sin llorar, sin que se abriesen sus labios más que para cantar esa copla tan sencilla y tan tierna, que encierra un poema de dolor que yo aprendí a descifrar entonces.

La Venta de los Gatos – Gracia de Triana from anabel amiens on Vimeo.

LIBRO SEMANAL

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Mas que blog un sentimiento

Una revelación sobre las desigualdades de un Mundo malsano y del malvivir de los seres olvidados por las gentes y las leyes de un Sistema acabado, ajado y caduco que solo busca el bién propio


Adios Compañero, Adiós

Y Dios procedió a hacer la bestia salvaje de la tierra según su género
y el animal doméstico según su género y todo animal moviente del suelo
según su género. Y Dios llegó a ver que era bueno.- Génesis 1-25

Hasta Siempre Toni,
Mi Fiel Amigo
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Alumbran Mis Recuerdos,
Añoro Tu Compañía.
Trece Años Juntos Se Van
Hasta El Ignoto Lugar
Eterno Donde Lejanas Luces
Avivan Como Ascuas
Mi Memoria.
Te Fuiste De Entre Mis Brazos
En Un Rictus De Agonía
Mientras Tus Ojos Decían
Adios Compañero, Adiós.

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Cada sábado

HUMOR EN TIEMPOS DE MIERDA

En busca de una sonrisa

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Vuelve a teñirse de sangre
la bandera de ese dios
de masacres e injusticias
maldecido por su historia,
perros rabiosos de un mundo
tan hijos de dios menor
como hijos de un mal mayor

Según el diario Haaretz, los soldados israelíes han matado al menos 59 palestinos,
incluidos 7 menores, y han herido a 2.771 más con impactos de bala con punta de
goma e inhalación de gases lacrimógenos.

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