Mi patria es todo el mundo.

Niña

Cosas de casa

La niña dice que quiere un móvil y yo le digo que no.
Y ella dice que quiere un móvil y yo le digo que no lo necesita.
Y ella dice que quiere un móvil y yo le explico que no tuve uno hasta que cumplí los treinta.

Y ella no dice nada, pero me mira como miró a un escarabajo pelotero que encontró el pasado verano saliendo de un establo. Como le he dicho que no tajantemente, y me he negado en redondo a que entre tan pronto en la vorágine consumista de la telefonía, le he regalado el mío para comprarme uno que sale en la tele lleno de prestaciones y que te blanquea los dientes por medio de ultrasonidos.

El otro era un cascajo pretecnológico que adquirí por obligación cuando Paco el del golpe y los pantanos era cabo, con la pantalla en blanco y negro y el teclado en números romanos. Ella me ha mirado como miró a una babosa fosforescente que localizó en la playa, pero lo ha aceptado.

Una semana después, mientras yo sigo sin encontrar el teclado en mi smartphone cuatribanda, ella con su cacharro ha conseguido entrar en el ordenador de la NASA y desviar un panel solar de la estación espacial para iluminar un geranio que tiene en la ventana. Ahora intenta depilarse las cejas con un láser procedente de un satélite militar coreano.

Yo la miro como miré a aquel matemático ruso que descifró la conjetura de Poincaré, uno de los siete enigmas del milenio, y tras rechazar el Nobel de las Matemáticas y un millón de dólares se metió en el metro y desapareció entre la muchedumbre. No sé si me explico.

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La muñeca

En una noche de invierno una niña pordiosera
con los pies casi desnudos, con las manecitas yertas,
cubriendo, a modo de manto con su falda la cabeza
y sin temor a la lluvia que cada vez más arrecia,
contempla extasiada y triste el interior de una tienda
Que por su gusto en juguetes es de todas la primera.

-¿Que haces aquí?

le pregunta,
con voz desabrida y seca,
Un dependiente empujando a la niña hacia la acera.

-¡Déjeme usted!, ¡Si es que estaba mirando aquella muñeca!

-¡Vaya, retírate pronto, y deja libre la puerta!

-Dígame usted, ¿Cuesta mucho?

-¿Quieres marcharte, chicuela?

-¿Será muy cara, verdad?
-¡Lo que es como yo pudiera!…

-¡El demonio de la chica!…
-¿Pues no quiere comprar ella?…
-Lárgate a pedir limosna y déjate de simplezas.
-La muñeca que te gusta vale un duro, conque ¡Fuera!..
Marchose la pobre niña ocultando su tristeza…
En vano pide limosna…
Ninguno escucha sus quejas…
y desfallecida y débil cruza calles y plazuelas,
recordando en su amargura la tentadora muñeca.

-¡Caballero, una limosna, a esta pobrecita huérfana!

-Déjame que voy deprisa.

-¡Por Dios señor, aunque sea…
un centimito, tengo hambre!…

-(Pobre niña, me dá pena)…Toma.

-¡Señor, si es un duro!

-Te lo doy para que puedas, siquiera por esta noche,
tener buena cama y cena.

-¡Déjeme usted que le bese, la mano…

-Quita, tontuela.

-Que Dios se lo page a usted
-¡Un duro, estoy mas contenta!…
¿No será falso, verdad?

-¡Cómo, muchacha!, ¿Tu piensas?…

-No señor… perdone usted… Pero… ¡vamos!…
la sorpresa…
¡Si voy a volverme loca
de alegría!…. ¿quién dijera?…
¡Que Dios le premie en el mundo,
y le dé la gloria eterna!
Y apretando entre sus manos convulsivas la moneda,
corrió por la calle abajo veloz como una saeta.
A la mañana siguiente se comentaba en la prensa
el hecho de haber hallado, en el quicio de una puerta,
¡el cadáver de una niña abrazando una muñeca!.

Vital Aza

Antonio Martinez Ares

“lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis”

(Mateo. 25, 40)

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NO A LA LEY MORDAZA

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