Mi patria es todo el mundo.

leyendas

Esos hipócritas

¿ESOS VIEJOS simbolos

La culpa evidentemente es de los gobernantes que han pasado por Moncloa
y que han situado la laicidad como cuestión menor, o no tan menor pero
incómoda políticamente para resolverla.
La cuestión de fondo es si debemos respetar las creencias de todos (ni
mayoría ni minorías) y convertir el espacio de todas las personas que
conviven socialmente en espacios de todos (laicos). Después de siglos
viviendo con naturalidad la presidencia de símbolos religiosos en la
vida civil, aún hay quienes creen que esto es el estado natural de las
cosas. Por ello cuando, tarde, el gobierno dice de prohibir los símbolos
religiosos en los espacios de todos y todas, se llevan las manos a la
cabeza y amenazan con crear un problema donde no lo hay. Estas personas
aún no se han enterado que el ámbito religioso es de índole privada y
que se manifiesta colectivamente entre aquellas personas que comparten
un mismo credo. Pero que no puede superar este espacio por respeto a las
otras creencias.


Evidentemente que un crucifijo, o una estrella, o media luna o una hoz o
un martillo o tantos otros símbolos de creencias encontradas, presida
la vida civil choca de frente en una sociedad que asume que las creencias
de cada uno son tan respetables como las de los demás. Posiblemente este
esquema de tolerancia es el que quema a más de una persona que cree estar
en posesión de la “única verdad” y por lo tanto miran de reojo al resto
de los mortales que no la comparten con cierta “compasión”, en el mejor
de los casos, o con rencor en el peor.
La vocación totalizadora de las religiones integristas nos lleva a la
confrontación entre seres humanos, que por serlo estamos mucho más allá
de las ideologías y las creencias. Antes que la fe está la persona, el
prójimo que no debe ser quemado en la hoguera simplemente por no compartir
el credo. Muchos siglos de intransigencia y de terror deben ser redimidos
enviando al mundo de las religiones a las esferas privadas y de culto
propios. Las manifestaciones ciudadanas públicas siempre deben ayudar a
la unión de aquellos que construimos día a día una sociedad más fraterna
y solidaria. Que solo los símbolos que representan aquello que nos une a
todas las personas (laicos) siempre estén presentes entre nosotros.


La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente constante
de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla. Por ello
debemos volver a insistir en que dentro del curriculum ordinario, el común, el
laico, no aparezca la enseñanza religiosa como elemento diferenciador. El
crucifijo en la pared es poca cosa comparada con la diaria segregación de
aquellos niños y niñas que deben de salir de su grupo de iguales, porque no
comparten con ellos un credo religioso. Escandaliza la imagen de la estrella
de David en la solapa de los vestidos de las niñas y niños judíos en la
Alemania nazi, mientras que asumimos como normal que se le indique la puerta
de la calle a los niños y niñas que no dan religión a diario en nuestras
escuelas. Basta de deseducar a niños y a niñas en la segregación, en la
exclusión por sexos, por razas, por religiones o creencias.
La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente
constante de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla.

NO A LA DISCRIMINACION RELIGIOSA

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