Mi patria es todo el mundo.

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Fachas, pijos y meapilas


La Divina Comedia (versión española) from Sebastian Cardemil Muchnik on Vimeo.

Hará mas de un año coincidí con Santiago Abascal en la Feria del Libro de Sevilla. Hay veces que el destino gasta bromas de muy mal gusto y aquella vez fue una de esas veces.

A decir verdad, no me sorprendió la multitud de gente que se amontonaba en aquella fila que parecía no tener fin y que se enredaba con otra, provocada por la presencia del humorista Pablo Carbonell, dos casetas más allá. No me sorprendió, ya digo, por ser costumbre en la Feria del Libro de Sevilla, donde los que más libros firman no son precisamente literatos.

En todo caso, lo que me pareció sorprendente fue comprobar que la mayoría del personal que se acercaba a estrechar la mano de Santiago Abascal, y a llevarse su libro firmado, fuesen gentes de origen humilde, clase trabajadora sin conciencia de clase, dispuesta para servir con gusto al patrón, al capital y a toda la cuerda de verdugos financieros. Hablé con algunos de ellos y su expresión discursiva era tan simplona como propia del pensamiento limitado que podemos encontrar en las páginas de Google .

Aquel día de Feria, llegado el momento más álgido de mi cabreo, solté la cuestión en voz alta: “¿Hay algo más tonto que un obrero de derechas?”… A lo que mi querido amigo, el editor Gonzalo respondió: “Sí, claro, un obrero que vota al PSOE pensando que está votando a la izquierda”. El asunto no tiene gracia, es para reflexionar, pues, hace unos días, Santiago Abascal, lider de VOX, lo petó en el centro. Este, se llenó de hombres y mujeres con cañas de pescar de donde pendían banderas rojigualdas made in China. No es que los fachas vuelvan, es que nunca se fueron.

Son gentes de a pie, en su mayoría; hombres y mujeres sin conciencia crítica, que no ven más allá de un trapo rojigualda y que señalan al inmigrante como el culpable de la tasa de desempleo de los españoles. Porque todo imbécil que se precie y que no tiene algo por lo que pueda mostrar orgullo, se refugia en el último recurso que le queda, es decir, el de vanagloriarse de la nación en la que, por azar, ha nacido. Algo así vino a decir Schopenhauer y, después de ver lo que está sucediendo, yo lo suscribo. No es para menos.

Veo pasar un tipo mayor, atado a una perrita con lazitos en la cabeza y me pregunto: -¿Hay cosa mas triste que un pobre harto de pan…?

No podemos olvidarnos de esta cultura urbana, los pijos, aunque presenten características diferentes a la de los demás y quizá no se puedan catalogar como tribu urbana, en el sentido de no destacar por su uniformidad y sentimiento de grupo, por ejemplo.

· Origen: La palabra pijo ha existido en España desde hace varias décadas, y puede hacer referencia varios tipos de personas según cómo se acepte el término:

Por un lado, se suele llamar pijos a personas con mucho dinero que lo gastan en ocio y en gastos supérfluos. Según esta acepción, el poseer dinero es uno de los factores determinantes para poder pertenecer a esta privilegiada tribu, aunque hoy en día se han sumado a este grupo una gran cantidad de imitadores, que sin poseer grandes cantidades de dinero intentan aparentar tenerlo.

Por otro lado, la otra acepción de pijo es la de las personas, generalmente jóvenes, que siguen las modas impuestas por la publicidad y los mass media, y solamente prestan atención a las apariencias. En latinoamérica a esta subcultura social se les llama fresas o chetos.


· Atuendo característico: El pijo se ve obligado a prestar continua atención a su impecable presencia, y sigue las modas que van cambiando de un año a otro.

Hemos de hacer aquí distinción entre el atuendo masculino y el femenino. Para los hombres lo ideal es: pantalón de pinzas o vaquero planchado, camisas de rayas hechas a medida, jerseys de lana sobre los hombros con las mangas atadas sobre el pecho, calcetines de rombos y zapatos mocasin. Todo ello aderezado con abundante gomina. Para la mujer: blusas vaporosas o camisas masculinas, falda por encima de la rodilla o por debajo según la moda vigente, tejanos ligeramente ajustados, trajes de chaqueta, pañuelo estampado de seda natural, cadenas y anillos de oro y melena lacia. Para ambos sexos existen una serie de complementos indispensables como son: gafas de sol, relojes, coches pero no de cualquier marca, sino de aquellas con las que se sienten identificados sobre todo a través de la publicidad y por las que los demás les identifican.

· Actividades e intereses: Algunas actividades tradicionalmente asociadas a estas personas son los deportes como el tenis, sky o padel, o determinados géneros músicales como el pop.
· Ideología: Los pijos no tienen una ideología uniforme, aunque se les suele criticar por su conformismo ante lo que sucede en la sociedad.

Su estilo fue incordiar a la administración. Era un cobarde, lo que no impidió que se entintara las manos denunciando la intolerancia en todos sus escaños, y sobre todo en ese cubículo particular con el cartelito de religioso en la puerta y que lo llevó a empuñar su grito de guerra contra esa horda con crucifijos y sotana: “Aplastad al infame”. Aunque en francés suena más chirriante, “Écrasez l’infâme!”. La Iglesia, como institución, claro, sigue tan infame como de costumbre, pero el escritor que combatió sus dogmas y su intolerancia sigue tan cortante y en plena forma; los siglos le hacen cirugía y lo rejuvenecen cada tanto, de allí que no pierda un ápice de vigencia. Con la muerte de los humoristas de la revista Charlie Hebdo a manos de terroristas religiosos, su Tratado sobre la tolerancia sigue ofreciendo una luz para enfrentar la oscuridad con la cual manchan la existencia los fanáticos de todo pelaje.

Su nombre de bautismo, horroroso por lo demás, François-Marie Arouet, lo llevó a elegir un seudónimo, sin mencionar que con su histrionismo sin recato era natural que eligiera un falso nombre para brillar; como hacen los actores y actrices del cine actual, y por eso surge Voltaire.

Se teoriza que es un anagrama de su nombre; lo cierto es que es un falso nombre, preciso, con pegada y sonido que recuerda un poco la revuelta, todo eso que se coloca de cabeza. Y eso iba a realizar Voltaire con sus cuentos, sus obras teatrales y su obras históricas (con más de telenovela que de historia), ponerlo todo “patas arriba”.

MEAPILAS FACISTOIDE

Fue el primer escritor que entendió que necesitaba un público en el que se mezclaran admiradores y detractores por igual; amigos y enemigos en dosis proporcional. Por eso sus piruetas de actor y sus frases de ingeniosos filos fueron abonándole el terreno para hacerse de un auditorio. Su sabiduría/filosofía, comparable a las disertaciones de borracho de bar de mala muerte, siempre eran asertivas: “La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”, “Decimos una necedad, y a fuerza de repetirla, acabamos creyéndola”, “Hay que saber que no existe país sobre la Tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas”, “A los muertos se les debe respeto, a los vivos, nada más que verdad”, “Cambiad de placeres, pero no cambiéis de amigos”.

Si Voltaire estuviera vivo hoy de seguro tendría un blog, descargaría sus invectivas por las redes e incluso estaría en Instagram. Brillando, siempre iluminado y luminoso.

El Diccionario de la RAE da como acepción al término ‘meapilas’ el de ‘santurrón’ con ánimo de señalar a alguien que es exagerado en sus actos de devoción religiosa. El término procede de juntar las palabras mear (orinar) y pila (receptáculo de las iglesias que contiene agua bendita y se utiliza tanto para persignarse como en el sacramento del bautizo).

Comenzó a utilizarse el término ‘meapilas’ para referirse a aquellos beatos de misa y confesión diaria, ya que se creía que de tanto ir a la iglesia y persignarse con el agua bendita acabarían orinándola.

Desde un tiempo a esta parte se le cambió el sentido original y es frecuente escuchar la expresión ‘ese es un meapilas’ con la intención de señalar la poca importancia del mismo e indicar que está falto de personalidad. Aunque cabe destacar que no se sabe a ciencia cierta el momento y motivo por el que la expresión meapilas pasó de utilizarse para referirse a los ‘santurrones’ y acabó usándose para indicar que alguien era insignificante.


Un político drogata,
un cura que es tocón,
un monarca putero
y tol mundo votando a Vox.
Después la culpa pal reggueaton,
después la culpa pal reggueaton.
Después la culpa pal reggueaton.
from anabel amiens on Vimeo.

FASCISTAS
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A quien corresponda.mpg from anabel amiens on Vimeo.

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Orgullo de Andalucía tres franjas tiene su enseña
Verde, como río que pasa por campos de verde hierba
Blanca, cal y sal de plata, casas de un pueblo que sueña
Y Verde cual esperanza que en el mañana despierta.

Desde la sombra de siglos, su silueta al viento ondea
mientras dibuja la gloria que en su libertad ya vuela
en su historia milenaria, de Tharsis hasta la vega
del Guadalquivir que guarda Melcart en tronos de seda.

Cansado de vuelta al país ufano
ando entre olivos que el viento mece,
¿Acaso no son vida y muerte rumores en curso?…
¿habrá alguien mas que los contemple?…

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ni secreto que no llegue a saberse”. Evangelio de Lucas 12:2

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Alvar Núñez Cabeza de Vaca

Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Fue el primer hombre blanco que viene a Ojinaga, llegando en 1535 en compañía de otros dos españoles, y un moro Estevanico los únicos sobrevivientes de un naufragio frente a las costas de Florida en 1528. Era el segundo al mando en la expedición nefasta de Pánfilo de Narváez, encargada de explorar Florida y reclamar su territorio para España. Su valor, constancia y resignación en los trabajos, así como la humanidad con que trataba a los indios, prueban que tenía tan excelente y bondadoso corazón, como aventajadas dotes de guerrero.

Nació en Jerez de la Frontera Cádiz hacia 1490, y era nieto Pedro de Vera, a quien los Reyes Católicos Doña Isabel y Don Fernando concedieron la conquista de las Islas Canarias, en cuya empresa, que no consiguió llevar a cabo. Curs0 medicina en Sevilla.

Tuvo dos hijos. Uno de ellos fué padre de Álvaro, habido con Dona Teresa Cabeza de Vaca, señora de ilustre linaje. En sus primeros años debió emplear en servicio del estado, puesto que ejercía el cargo de tesorero del rey en Sevilla en 1527, cuando se decidió a partir para las Indias con Pánfilo de Narváez, que se dirigía a conquistar la Florida. Partió la expedición, en la cual ejercía los destinos de tesorero y alguacil mayor, del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 17 de junio de 1527, y después de haber llegado sin novedad particular a su destino y batido en un primer encuentro a los Indios Apalaches, tuvo tan mala fortuna, que los seiscientos españoles que la componían perecieron, excepto cuatro, que fueron Álvar Nuñez, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes, y el esclavo negro Esteban de Azamor, quienes debieron el salvar la vida al estado de flaqueza y extenuación en que estaban, por lo cual no los creyeron los indios de provecho para comérselos.

En 1527 fue miembro de una expedición que tenía por finalidad la búsqueda de oro, integrada por 300 hombres y capitaneada por Pánfilo de Narváez. Dicha expedición llegó a la bahía de Tampa hacia abril de 1528, y de allí se dirigieron por tierra hacia México. Fueron muriendo muchos de los integrantes de este grupo, por lo que se convirtió en jefe de estos conquistadores. En una isla los indígenas los capturaron.
Cuando Narváez perdido sus barcos y sus hombres, y luego desapareció, Cabeza de Vaca se hizo cargo del puñado de sobrevivientes, cuyo número se redujo a casi nada por ataques de los indios, el hambre, las enfermedades y accidentes, hasta que sólo los cuatro hombres que finalmente hizo su camino a Ojinaga se quedaron.
Se dedicó en tan lamentable situación a curar las enfermedades de aquellos naturales, en lo cual tuvo tal suerte, que logró captarse el aprecio y respeto de aquellas tribus, que lo miraban, así como á sus compañeros, cual á seres sobrenaturales, pero lo que no admite duda es que con la fama que adquirieron los cuatro españoles, pudieron gozar de completa seguridad y correr la tierra, siendo perfectamente recibidos en todas las tribus, y de una en otra vinieron a parar a San Miguel de Culhuacan, en la costa del mar del Sur, después de una peregrinación de cerca de diez años: de allí pasaron a Méjico, de donde regresó a España.

No conforme con los anteriores adversos sucesos, solicitó y obtuvo del emperador Carlos V la gobernación del Paraguay con título de Adelantado, obligándose a continuar el descubrimiento, conquista y población de aquel territorio. Partió nuevamente de Sanlúcar á 2 de noviembre de 1540 con 700 Españoles y un buen número de aventureros hidalgos, y después de haber reconocido el cabo de San Agustín, el puerto de Santa Catalina y la entonces casi desierta Buenos Aires, continuó por tierra su camino, explorando todo el país, y llegando á la Asunción el día 11 de marzo de 1542, tomó inmediatamente posesión de su gobierno.
Procedió al arreglo de la colonia, nombrando su Maestre de Campo a Domingo Martínez de Frala, a quien encargó proseguir los descubrimientos hasta ponerse en comunicación con el Perú: hizo salir una expedición al mando de su sobrino Alonso Riquelme á conquistar la provincia del Ipané, y por último, marchó con otra en persona a explorar el país y buscar minas.

Después de seis años de cautiverio, él y otros tres expedicionarios lograron huir en 1535, y recorrieron el sudoeste estadounidense y norte de México hasta llegar a un poblado a orillas del Río Sinaloa. A su regreso a España en 1537, la corona lo nombró Adelantado Gobernador del Virreinato del Río de la Plata. Entre 1541 y 1542 estuvo al frente de una expedición que recorrió el sur de lo que es hoy Brasil, hasta Asunción. En esta expedición descubrió las Cataratas de Iguazú. En 1544 volvió a España bajo arresto por oponerse al uso de tanta barbarie hacia los indios, allí lo desterraron y enviaron al África, hasta 1556 en que obtuvo el perdón por parte de Felipe II, quien lo nombró presidente del tribunal supremo de Sevilla. Tomó los hábitos y se radicó en un monasterio sevillano.

Archivo:Monasterio de San Clemente (Sevilla). Claustro.jpgDurante sus viajes tuvo serias desavenencias con los oficiales reales, particularmente con el contador Felipe de Cáceres, hombre inquieto y mal acondicionado, quien estaba al frente de una conspiración dirigida a despojarle del mando. En efecto, no bien regresaron a la Asunción, cuando, aprovechando los conjurados la ocasión de hallarse enfermo en cama, le sorprendieron en su posada.

Resistió a ello, hasta que Jaime Requin, uno de los amotinados, le puso una ballesta armada al pecho, le amenazó con la muerte. Entregó entonces su espada a Francisco de Mendoza; en seguida, asiendo de él, le pusieron un par de grillos y encerraron en una oscura cuadra de la casa de García de Venegas, juntamente con su sobrino Riquelme, el Alcalde Mayor Pedro de Estupiñán y otros capitanes y caballeros á quienes prendieron también, poniéndoles cincuenta soldados de guardia. Apoderados del gobierno, nombraron Capitán general a Domingo de Trala, quien, aunque se excusó cuanto pudo, hubo de ceder a la fuerza, admitiendo el mando para evitar mayores excesos, el 15 de diciembre de 1543.

Sus enemigos formularon el proceso, y terminado éste al cabo de diez meses de sufrir una dura prisión, le embarcaron para España, acompañado del Veedor Alonso Cabrera y el Tesorero García Venegas, encargados de sostener ante el Consejo de Indias la acusación. Llegaron a España después de sesenta días de navegación, y el emperador mandó poner preso a Cabrera y Venegas, de los cuales el primero enloqueció y el segundo murió en la cárcel antes de sentenciarse el proceso, del que salió sentenciado a privación de oficio y a seis años de destierro en Oran con seis lanzas; pero apeló, y fue en revista absuelto. Allí vivió hasta su fallecimiento.
Muere en Sevilla en 1560 rehabilitado por Felipe II; gozando del aprecio general, pues ejerció la primacía del Consulado con mucha honra.

Escribió dos obras, una la relación de su expedición á la Florida, con el título de Naufragios, que se imprimió el año de 1555 en Valladolid, y la segunda los Comentarios de su gobierno, que extendió el escribano Pedro Fernández, y vio la luz pública juntamente con la anterior; libro curiosísimo y en extremo apreciable para conocer el modo de vivir y costumbres de los Indios de las tribus salvajes en tiempo de la conquista.

En Ojinaga, se le recuerda por haber plantado la cruz, que es el símbolo por el que se identifica en las pinturas y dibujos de él, en la cumbre de la cercana Sierrita de la Santa Cruz – que se deriva el nombre de la cruz y que actúan.
Cada año en Ojinaga, en el día de la fiesta de la Santa Cruz, en mayo, los bailarines matachines cabo en una ceremonia que probablemente se remonta a la época de su llegada y antes, cuando no era probable una celebración de la vieja religión india que se aprobó en la parafernalia de la religión católica después de la hora de Cabeza de Vaca. 

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Alvar Nuñez Cabeza de Vaca (c.1490-c.1557)

The journey of Alvar Nuñez Cabeza de Vaca remains one of the most amazing feats of exploration in the Americas.

Cabeza de Vaca was born into the Spanish nobility in 1490. Little of his early life is known, except that he made his career in the military. In early 1527 he left Spain as a part of a royal expedition intended to occupy the mainland of North America.

After their fleet was battered by a hurricane off the shore of Cuba, the expedition secured a new boat and departed for Florida. They landed in March 1528 near what is now Tampa Bay, which the expedition leader, Pánfilo de Narváez, claimed as the lawful possession of the Spanish empire.

Despite this confident declaration, the expedition was on the verge of disaster. Narváez’s decision to split his land and sea forces proved a grievous error, as the ships were never able to rendezvous with the land expedition. The party soon overstayed its welcome with the Apalachee Indians of northern Florida by taking their leader hostage. Expelled and pursued by the Indians, suffering from numerous diseases, the surviving members of the expedition were reduced to huddling in a coastal swamp and living off the flesh of their horses. In late 1528, they built several crude rafts from trees and horse hides and set sail, hoping to return to Cuba.

Storms, thirst and starvation had reduced the expedition to about eighty survivors when a hurricane dumped Cabeza de Vaca and his companions on the Gulf Coast near what is now Galveston, Texas. They were initially welcomed, but, as Cabeza de Vaca was to remember, “half the natives died from a disease of the bowels and blamed us.” For the next four years he and a steadily dwindling number of his comrades lived in the complex native world of what is now East Texas, a world in which Cabeza transformed himself from a conquistador into a trader and healer.

By 1532, only three other members of the original expedition were still alive — Alonso del Castillo Maldonando, Andrés Dorantes de Carranca, and Estevan, an African slave. Together with Cabeza de Vaca, they now headed west and south in hopes of reaching the Spanish Empire’s outpost in Mexico, becoming the first men of the Old World to enter the American West. Their precise route is not clear, but they apparently traveled across present-day Texas, perhaps into New Mexico and Arizona and through Mexico’s northern provinces. In July 1536, near Culiacán in present-day Sinaloa, they finally encountered a group of fellow Spaniards who were on a slave-taking expedition. As Cabeza de Vaca remembered, his countrymen were “dumbfounded at the sight of me, strangely dressed and in company with Indians. They just stood staring for a long time.”

Appalled by the Spanish treatment of Indians, in 1537 Cabeza de Vaca returned to Spain to publish an account of his experiences and to urge a more generous policy upon the crown. He served as a Mexican territorial governor, but was soon accused of corruption, perhaps for his enlightened conduct toward Indians. He returned to Spain and was convicted; a 1552 pardon allowed him to become a judge in Seville, Spain, a position which he occupied until his death in 1556 or 1557.

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A Hero for all Time

Bartolome de Las Casas was a simple Spanish priest, willing to risk all, including his very life, in order to blow the whistle on the first and one of the worst incidents of modern genocide, a wave of cruelty, greed and destruction that swept mercilessly across both continents of the so-called New World, beginning with Columbus’s first voyage. Las Casas pulled no punches, told it all, peeling off the heroic facades that have been perpetuated by generations of jingoists and schoolteachers regarding Cortez, Columbus, Pizzaro and other explorers and conquistadors.

He arrived in the Americas in 1502 with Nicolas de Ovando’s expedition. After journeying to Rome to be ordained a deacon, he returned to the Indies and became the first priest ever ordained in the Americas. He accompanied Diego de Velasquez on his expedition to conquer Cuba and was granted land and the slave labor of the Indians living on it in return for his services.

The encomienda system, devised by the Spanish to force the labor of the conquered Moors, amounted to slavery. Spanish officials ceded lands to the conquistadors, and those who lived there were forced to work on it. Las Casas appeared to be well on his way to becoming just another acquiescent encomendero, but his disenchantment with the system was festering beneath his calm surface.

On Pentecost Sunday, 1514, Las Casas turned “traitor to his class,” preaching a sermon condemning Spanish treatment of native peoples. He subsequently freed all his slaves and began advocating on behalf of Indian people.

For forty years, he was to witness Spanish atrocities rivaling the darkest days of the Third Reich or the Gulag Archipelago. In his tell-all book The Devastation of the Indies, he speaks of Native men, women and children being burned alive, sometimes thirteen at a time to represent Christ and his Apostles, of shops specializing in human flesh sold for dog food, horror stories of rape, torture and murder. Las Casas tells of entire families committing suicide to escape the cruelty of the invaders.

According to Las Casas, captains of slave ships could navigate by following the trail of the dead cast overboard by the ships ahead of them. Entire populations of inoffensive people who had approached the Spaniards in a spirit of friendship were annihilated by disease and genocide. Thousands were worked to death as slaves in the mines and sugar plantations of the Americas.

Rather than condemn the acts of individual conquistadors and encomenderos, he attacked the entire system. Standing before Charles V of Spain, he demanded an end to the military conquest of native peoples and their enslavement.

Central to Las Casas’s struggle for Native American rights were the famous Valladolid Debates of 1550-1551, during which he contradicted the arguments of the Spanish philosopher Juan Gines de Sepulveda who attempted to justify the enslavement of indigenous peoples on Aristotelian and Humanistic grounds that such actions were justified to uproot such real and imagined crimes against nature as idolatry, sodomy, cannibalism and human sacrifice, and that slavery can be an effective instrument for Christian conversion. In Sepulveda’s view, certain races lack the power of reason and, therefore, are naturally predisposed to slavery and bondage.

Las Casas argued that the Aristotelian/Humanistic tradition did not apply to Native American people, who demonstrated that they did, indeed, possess the capacity for reason and that they should be peacefully converted to Christianity. He declared that individuals are obligated to prevent the mistreatment of innocents. The debate caused Las Casas to be regarded as a lone voice crying out for the rights of indigenous peoples in an age of brutality, enslavement and genocide.

Pope Paul III issued a papal bull sublimis deus in 1537, proclaiming the rational humanity of natives and demanding protection for their lives and property. The New Laws of 1542, issued by Charles V, forbade Indian slavery and the transfer of encomiendas by inheritance, thus, hopefully eventually abolishing the system. Las Casas was officially appointed Protector of the Indians.

In 1544, Las Casas was made Bishop of Chiapas in southern Mexico. He outraged many communicants by denying absolution for sins to anyone failing to free their slaves and provide them with restitution. For this, his life was threatened. Those possessing wealth and power seldom relinquish it peacefully. In 1552, Las Casas returned to Spain and published Devastation of the Indies. The book is not for the weak of heart or stomach, describing in gruesome detail the atrocities committed in the name of a Savior who would never countenance such actions, but overlaying an all consuming hunger for gold, land and wealth.

While the New Laws decreed humane treatment of indigenous peoples, they were largely unenforceable, given the distance of the colonies from the mother country, and the plight of Native Americans improved only slightly. And yet Las Casas endures as one of history’s first and most effective whistle blowers, a hero for all times.

Remembering the barbarism of Christopher Columbus, I have scratched out his name on my kitchen calendar and penciled in “Father Bartolome de Las Casas”.

EL PARAÍSO from anabel amiens on Vimeo.

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