Mi patria es todo el mundo.

Guerras

Los Ateos son gente honrada

“El Papa no cree en dios; ¿Han visto algún prestidigitador que crea en la magia?”

LOS ATEOS SON BUENAS PERSONAS

Por supuesto, igual que pensamos que los cristianos podemos ser malas personas. De todo hay tanto entre ateos como entre creyentes.

Para empezar, recuerda que la Iglesia afirma que hay una moral natural, una inclinación del hombre a hacer el bien, una conciencia del bien y del mal, así que incluso sin religión el hombre nace con una moral. Por lo tanto los ateos no caminan a ciegas, pueden distinguir el bien del mal.

Más aún, en nuestras sociedades cristianas la mayoría de los ateos han sido educados como cristianos, de modo que sus esquemas mentales fueron forjados en el cristianismo aunque luego hayan abandonado su fe. O si no, casi seguro fueron educados por ateos que recibieron una educación cristiana, con lo cual también les transmitieron unos valores y una moral impregnada de cristianismo, aunque sin Dios. O si durante varias generaciones todos sus ancestros hubieran sido ateos (cosa altamente improbable), serían ateos criados en una sociedad impregnada de valores cristianos, así que sea como sea han recibido directa, indirectamente o por el ambiente, una formación moral basada en la religión. Aún rechazando a Dios, un ateo “decente” difícilmente va a rechazar la idea de que amar al prójimo y hacerle bien no sea mejor que odiarle y dañarle. Podemos decir que los ateos occidentales son “ateos cristianos”. Si a esto le sumamos lo antes comentado sobre la moral natural, entenderemos que un ateo tiene sobrada ocasión de convertirse en buena persona si su voluntad y sus circunstancias así lo quieren.

Foto: Un grupo de jóvenes de Madrid portan la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud. (Efe)

Pero entonces ¿cuál es la diferencia? Pues yo la resumiría en dos puntos fundamentales:

Punto uno

La conciencia, la moral natural, se puede pervertir sin excesiva dificultad. Nacemos con un concepto del bien y del mal, pero la sociedad puede pervertir ese concepto y torcerlo hasta deformarlo o incluso transformarlo en su opuesto. Para entenderlo mejor te pondré un claro ejemplo. Tal vez el instinto natural más fuerte, después de los relacionados con la supervivencia, sea el del deseo sexual. La mayoría de los hombres nacen con un instinto que les empuja a desear a las mujeres (o al menos a una) y viceversa. Y sin embargo la sociedad puede torcer ese instinto. La prueba la tenemos en la sociedad espartana, donde la gran mayoría de la población tenía comportamientos homosexuales (o al menos bisexuales) como algo normal (y luego dicen ahora que eso se nace, no se hace, ¿será que los espartanos tenían todos un cromosoma gay?). Más aún, el instinto de supervivencia, el más fuerte, se puede también torcer por motivos sociales, y ahí tenemos por ejemplo a quienes se dejan morir en una huelga de hambre, o se queman a lo bonzo, o se matan haciendo de kamikazes, o como en ciertas tribus, se dejan morir a determinada edad, etc. Si instintos tan fuertes como el de la supervivencia o el sexo se pueden torcer, pues más aún un instinto menos fuerte y más abstracto como es el de la moral natural.

De ese modo, si bien los ateos están aún en mayor o menos medida impregnados de la moral religiosa que les rodea, en un entorno mayoritariamente ateo sería cuestión de tiempo que esa influencia ajena desapareciera del todo, y entonces la sociedad que ellos irían modelando iría creando (como ya está sucediendo) su propia moral que podría irse alejando sin rumbo por caminos hoy inimaginables. Los creyentes, por el contrario, no sólo tenemos la moral natural, sino una moral externa, objetiva y en esencia inmutable, porque aceptamos unas normas morales externas a nosotros mismos que serían las normas dictadas por Dios, en sintonía con las naturales (pues ambas vienen de Dios), lo que no sólo garantiza conservar esa moral sino que crea armonía y no conflicto en el creyente, que normalmente no tendrá que elegir entre lo que Dios le pide y lo que su conciencia o intuición le exige (excepto cuando hay dilemas en donde dos bienes excluyentes entren en conflicto).

Si yo, estando convencido de que debo ser santo, soy un gran pecador, ¿cuánto más no lo sería yo si mi ideal no fuera tan alto y no viniera de tan alta autoridad? Habrá muchos ateos mejores que yo, pero si yo fuera ateo no sería mejor de lo que soy ahora, sería peor, pues siendo yo y no Dios el juez supremo de mi moral, no me resultaría difícil autojustificarme continuamente. La fe y la moral cristiana no hacen al hombre peor, lo hacen mejor.

De este modo se podría llegar con el tiempo a una situación en la cual la moral del creyente y la moral del ateo sean tan diferentes que nosotros los veremos a ellos como malvados, pero ellos a nosotros también. De hecho eso ya está empezando a pasar. Por ejemplo aquí abortar antes era matar a un niño, luego pasó a ser un asunto de conciencia personal (cada uno que elija lo que quiera), y ahora ya hay muchos ateos que consideran que si te dicen que tu niño podría nacer con malformaciones o con un retraso mortal, tu deber moral es matarlo, y si aún así eliges tenerlo eso es un acto de crueldad; es decir, ahora el que protege la vida del niño puede ser, a ojos de ellos, un malvado por no matarlo.

Llegados a ese punto la moral no tiene ningún valor por sí misma y sería, como las leyes, el fruto de una decisión social, donde lo que diga la mayoría (o incluso la minoría con el poder) sería lo moralmente correcto hoy, pero podría ser malvado mañana si deciden cambiar las reglas del juego. Todos sabemos bien la tendencia y la capacidad humana para justificarnos y cambiar nuestras ideas cuando el mantenernos firmes nos supone un grave perjuicio; imagina con qué facilidad podemos hacerlo si la moral fuera relativa, un simple producto del consenso social. La vida así se convierte en un juego absurdo donde todo es relativo y opinable, sin que haya nada por lo que merezca luchar ni esforzarse, pues nada tiene valor a menos que decidamos dárselo, y la conveniencia personal moldearía nuestra moral personal para evitar conflictos. A lo mejor estoy en contra del aborto pero, ¿y si no abortar supondrá complicar mi vida para siempre? Cuando es Dios el que me lo prohíbe podría aceptar la complicación, porque tengo la seguridad de que abortar es un asesinato, y porque si lo hiciera tendría que rendir cuentas por ello ante Dios, pero si la decisión depende sólo de lo que yo piense, estoy seguro que empezaría a pensar inmediatamente que en el fondo, los abortistas deben tener razón al decir que el niño que no ha nacido ni es niño ni es nada, y no tiene sentido complicarse tanto la vida por algo que es relativo y mutable. Mucha certeza necesitaría yo para sacrificarme en ese caso, pero sin Dios y con una moral relativa, creo que no encontraría motivos para hacerlo. Y como digo aborto digo igualmente muchas otras acciones morales en caso de suponerme un gran sacrificio.

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Punto dos

Nosotros tenemos a Dios, ellos no, pues han elegido no tenerlo. El verdadero creyente no tiene una fe igual que se tiene una ideología política o un equipo de fútbol favorito (aunque los hay que parecen vivirlo así). El verdadero creyente tiene una vivencia y una visión del mundo basada en esa vivencia. Dios no es sólo un concepto que aceptamos o defendemos como si de una idea política se tratase, Dios es lo que da sentido a nuestra vida, lo que explica nuestra existencia, el objetivo de nuestro camino, el principio y el fin de todo. Eso nos permite vivir la vida sabiendo que todo tiene sentido, que nuestra vida tiene sentido, que todo lo que nos pasa tiene sentido, y que es un sentido positivo.

Cuando las cosas nos van mal, cuando sufrimos, sabemos que aunque no entendamos por qué, hay un sentido positivo en todo ello, y que podemos apoyarnos en un Dios que nos ama y nos cuida y es nuestra fuerza. No estamos solos ni nadando en el caos absurdo, no somos peleles sacudidos por el ciego azar del universo, somos actores en una historia de salvación diseñada para que desempeñemos correctamente nuestro papel, y lo que hagamos marca una diferencia, tiene sentido y responsabilidad desde nuestro primer paso hasta nuestro último aliento; tanto nosotros como la humanidad caminamos hacia un sitio, siguiendo un plan.

Eso hace que entre el ateo convencido y el verdadero creyente haya una diferencia abismal. En medio de ambos están los creyentes de boquilla o de simple tradición o de simple inercia o pereza (por no plantearme otra cosa), que según tengan más o menos fe, estarán más hacia un lado o hacia otro. Estos creyentes templados aceptan la verdad de la fe pero no la vivencia de la experiencia religiosa; algunos creen en Dios pero igual que creen que existe Australia, sin que eso tenga ningún impacto en su vida. El valor transformador de nuestra fe se ve principalmente en los cristianos que la viven, no tanto en aquéllos que simplemente la aceptan como concepto intelectual, y menos aún en los creyentes de boquilla que, si escarbas un poco, resulta que no creen en nada.

Una vez dijeron en la tele que en un estudio “científico” (¿en serio?) se había demostrado que los creyentes no eran más felices que los no creyentes (parece casi como decir que los niños huérfanos son igual de felices que los que tienen padre y madre). Suponiendo que ese estudio fuese serio y el resultado verdadero, no puedo creerme que el verdadero creyente que tiene a Dios sea igual de feliz o infeliz que quien no lo tiene, pero si consideras creyente a todo aquél que marca la casilla de Sí cuando le preguntan si cree en Dios, entonces se te meten en el cajón de “creyentes” también personas que tienen su fe como una ideología teórica pero que ni vive su fe ni tiene una relación con Dios, y en ese caso, viven su vida igual que si fueran ateos. Más que “un estudio científico” (del que no se ofreció el más mínimo dato) parece un estudio tendencioso con una divulgación interesada. Aún recuerdo lo feliz que parecía la presentadora de las noticias de la tele cuando explicó este “descubrimiento”.

EN LAS GUERRAS DE RELIGIONES SE MATÓ EN NOMBRE DE DIOS PERO EL ATEÍSMO NUNCA MATÓ EN NOMBRE DEL ATEÍSMO

Sí, eso se oye mucho pero disculpa si me da la risa. Los ateos, como hemos explicado, se creen neutros y por tanto observan cómo los creyentes se matan o se han matado entre sí como si eso no fuera con ellos. La religión es mala, crea conflictos, odios, se mata en nombre de Dios, así que suprimamos a Dios y a la religión y se acabará el conflicto, todos tranquilos y bondadosos amándonos los unos a los otros. Puesto que el ateísmo ha crecido mucho en el siglo XX, parece que de igual modo debería haberlo hecho la paz y la concordia. Pero no, ha sido justo al revés.

Como los creyentes se creen tolerantes (la intolerancia sería un rasgo del homo religiosus), por supuesto ellos no hacen daño a nadie por ser ateos, pues el ateísmo, una vez más, es neutro y no se puede actuar en nombre de la nada.

Esa es la teoría, la práctica es bien distinta, pues como hemos dicho, ni el ateísmo es neutro, sino una cosmología (visión del mundo) más, ni es tolerante por ser ateísmo. El fanático busca imponer sus ideas y creencias a los demás, y si tiene poder logra hacerlo, así que si es cristiano querrá imponer su cristianismo y si es ateo querrá imponer su ateísmo, con la diferencia de que un cristiano tendrá que traicionar a su fe para oprimir al prójimo mientras que un ateo, si quiere, puede cambiar su moral para que oprimir al prójimo sea perfectamente adecuado cuando le interesa, o si no que se lo pregunten a Hitler, por ejemplo (por cierto, ¿de dónde ha salido el extendido bulo de que el Hitler del nazismo era cristiano?).

En las guerras las personas, y menos aún los estados, no suelen admitir que sus motivos son simplemente el odio o las ansias de poder o riquezas. En la antigüedad sí se decía a las claras que esos motivos eran los que guiaban sus guerras, pues eran considerados motivos legítimos, el orgullo de demostrar que eras el más fuerte. El cristianismo invalidó esos motivos, pues un principio básico de nuestra fe es el amor al prójimo y el evitar oprimirle, así que decir que luchabas contra otra nación por pura codicia estaba como mínimo mal visto. Y entonces dejaron de usarse esos argumentos (en el occidente cristiano) y se empezó a buscar excusas que disfrazaran los verdaderos motivos bajo el manto de otros ideales nobles que resultaran legítimos.

Cuando la sociedad era teocéntrica el valor máximo era Dios, así que se utilizó el nombre de Dios para justificar las guerras (lo hacemos por Dios, o por extender su mensaje, o por recuperar su tierra, o por…), lo mismo que hoy siguen haciendo las sociedades teocéntricas islámicas. Pero cuando Dios perdió valor y se ensalzaron otros valores, se pasó a utilizar esos otros valores para justificar las guerras, y entonces ya no luchabas contra otra nación para extender la palabra de Dios o expulsar al infiel o perseguir la herejía, sino para extender la democracia, para liberar a los oprimidos y cosas por el estilo. ¿Acaso no son esos los motivos que se han argumentado en casi todas las guerras occidentales del siglo XX y XXI?

¿Matar en nombre de Dios? ¡Qué barbaridad! Cierto, pero ¿acaso no es igual de bárbaro bombardear ciudades enteras y masacrar civiles en países como Irak con la excusa de liberarlos de la opresión, con el resultado de quitarles un dictador, sumirles en el caos y la ruina y terminar arrojándoles en manos de terroristas que continuaron oprimiéndoles y masacrándoles pero encima sumidos en la pobreza y el caos? Y en medio de todo eso ninguna potencia reclamó el verdadero motivo de la guerra: quitarles el petróleo y ganar millones de dólares reconstruyendo con nuestras empresas lo que nosotros mismos hemos destruidos. Si Dios es malo por ser causa de guerras, ¿será la democracia mala por el mismo motivo? Como vemos, quitar a Dios de los gobiernos no ha hecho que las guerras disminuyan (nunca ha habido tantas guerras ni tan tremendas como las del siglo XX y XXI), así que al parecer el problema no era la religión, sino la codicia humana.

Pero además de eso tenemos que los ateos sí han matado, masacrado, oprimido, perseguido y hasta hecho guerras en nombre del ateísmo. Cualquier opresión, persecución, discriminación, daño, desprecio, asesinato o guerra realizada contra gente por ser creyentes es una guerra, opresión, discriminación, etc. en nombre del ateísmo, pues lo que se busca con esos métodos violentos (sean físicos o mentales) es imponer el ateísmo a la sociedad, para lo cual es necesario el exterminio de los que creen en Dios o al menos el exterminio de la creencia en Dios.

En los sitios donde los ateos han llegado al poder absoluto podemos encontrar muchos ejemplos de esto. La Rusia soviética y todos los estados comunistas en general de ayer y de hoy (la China de Mao y la de hoy, la Camboya de los jemeres rojos, las dictaduras comunistas del este de Europa y de otras partes del mundo, etc.) han llevado a cabo labores de represión de los creyentes, buscando su “neutralización” o eliminación (asesinato) o presionándolos de modo fuerte o sutil (aquí incluiríamos también a la mayoría de los Estados occidentales actuales) para eliminar sus creencias. Simplemente contando las personas que han sido asesinadas por ateos a causa de ser creyente tendríamos en el siglo XX y XXI a millones (y hoy la persecución y el exterminio continúan).

Y no sólo está la represión interna, sino que muchas dictaduras ateas han hecho guerras o apoyado guerras o promovido guerras en la sombra (sobre todo Rusia) con el objetivo de extender el comunismo a otros países, y con ello el ateísmo, pues al parecer va en el mismo paquete. Así que los ateos hacían (y hacen) guerras para extender su cosmología del mismo modo que los creyentes que hacen guerra en nombre de su religión lo hacían (al menos en teoría) para extender la suya. Los cristianos de las cruzadas mataban en nombre de Dios y los comunistas en nombre del pueblo, de ese mismo pueblo al que al parecer querían liberar oprimiéndolo, como hizo Rusia con los países del Este de Europa y muchos más. Que le pregunten a un polaco o un húngaro de 80 años si agradece a Rusia que les liberara y les tuviera durante décadas “liberados”.

En España, muchos de los ateos que gritan que la Iglesia mataba gente hace nosecuantos siglos se sienten herederos de los republicanos de antes de la dictadura, los mismos que antes y durante la Guerra Civil mataron a miles de sacerdotes y religiosos (casi 7.000 en total, sólo del clero) con la excusa de que así liberaban al pueblo de la opresión de la Iglesia. Muchas diócesis perdieron asesinados el 50% de sus sacerdotes, algunas llegaron a perder hasta el 86%. Pero claro, ellos no mataban a cristianos por odio, lo hacían por amor al prójimo, para liberarlos (como los rusos), y como la mayoría de la población no se dejaba liberar de su fe, reprimían todo elemento religioso para que los pobrecitos dejaran de sufrir. Hasta decir “adiós” quedó prohibido en territorio republicano (comunista), no fuera que eso le recordara a alguien que Dios seguía por allí. Ellos eran tolerantes, los creyentes intolerantes; los creyentes mataban porque eran creyentes, ellos mataban por amor al prójimo. ¿Mataban por ser ateos, por odio a la religión? ¡No por Tutatis!, ese tipo de cosas sólo lo hacen los creyentes, ellos mataban por amor a los hombres. Perdón, y también a las mujeres.

Resumiendo, ¿matan o hacen guerras los ateos en nombre del ateísmo? Vale, tal vez no lo hagan diciendo “lo hacemos en nombre del ateísmo” (hoy quedaría fatal), pero algunos sí lo hacen por el bien del ateísmo y por odiar al que no piensa como ellos. Llámalo como quieras, eso no cambia las cosas. Tampoco a ningún cristiano se le ocurriría hoy matar “en nombre de Dios”, las cosas han cambiado mucho y eso quedaría fatal, y afortunadamente si los ateos en ese sentido son herederos de la barbarie de siempre, los cristianos hemos madurado lo suficiente como para que nos resulte impensable matar utilizando a Dios como excusa o bandera, si es que alguna vez lo fue en realidad. Aparte de eso, creo que la naturaleza del hombre en esencia será siempre igual, no hay ninguna religión ni ideología que por la sola fuerza de sus ideas consiga que el ser humano se transforme ni ahora ni en el futuro en un inocente angelito, o que una sociedad se transforme en un remanso de paz y amor para todos, aunque hay ideas que ayudan a superar nuestros defectos y otras que ayudan poco, nada o incluso que nos empujan a depravarnos más.

Yo, como cristiano, creo que esa utopía de paz y amor llegará algún día, pero no como resultado del esfuerzo del hombre sino por el poder de Dios, tal como se nos prometió, pero sin esa actuación de Dios, ni siquiera los ideales cristianos serían suficientes para conseguirlo, cuanto más unos ideales que en el fondo, al menos a largo plazo, son de la misma naturaleza que los principios de Groucho Marx (Damas y caballeros, estos son mis ideales, y si no me gustan, tengo otros).

EXORTACIÓN FINAL

No entremos en si los cristianos somos hoy mejores personas o no, pues en eso será difícil ponernos todos de acuerdo, pero desde luego no podemos consentir que nos acusen de todos los males de la humanidad mientras ellos se presentan como santos, perdón, como ciudadanos ejemplares y representantes de algo así como una nueva fase de perfección en la evolución humana. Nadie puede negarnos el derecho a exigir el mismo respeto que se concede a los demás, a no permitir que sigamos siendo ignorados, despreciados, ridiculizados y pisoteados como ciudadanos de tercera, a no consentir que borren nuestra fe de la plaza pública mientras la llenan de otros símbolos de su ideología. Hay que exigir al Estado respeto y protección, como ciudadanos que somos, a nuestra jerarquía que nos defienda con valentía y sin concesiones que socaven nuestros valores, y a nosotros mismos dignidad, valor, orgullo por lo que somos y reivindicación de nuestro lugar en la sociedad. El espacio público también es nuestro por justicia y por derecho, no podemos ir entregando todo en manos del ateísmo como si fuera imposible o inútil actuar de otro modo. Basta ya de seguir dejándonos pisotear. Pon tu granito de arena y comparte esto.

Me estoy aburriendo

España, el quinto país del mundo con mayor número de ateos

Según revela un estudio de WIN/Gallup International, casi dos terceras partes de la población mundial (63%) se declaran creyentes, muy lejos del 37% de España y del 35% que no asegura no cree en ningún Dios. En sentido, el país más religioso del mundo es Tailandia, con un 94% de la población que se considera creyente. En él, la religión predominante es el budismo Theravāda, practicado por el 95% de la población. Los musulmanes, los cristianos y los judíos completan el 5% restante. Solo el 1% se confesó ateo.


Podemos vivir sin religión, ya que esta no exitiría sin nosotros

Sobre el ateísmo también le puede interesar:

Fe y razón en el nuevo ateísmo

La Iglesia, perseguidora y perseguida

Crisis del cristianismo, ¿triunfo del ateísmo?

El-hereje-y-el-cortesano

Historias para pecar

              


Deus Sive Natura
Este segundo video sobre la filosofía de Spinoza está dedicado a su famoso Deus Sive Natura, es decir, Dios o Naturaleza. Abordamos la definición de Spinoza de Dios, sustancia, partículas y naturaleza (Naturing vs. Natured) mediante la facturación de Albert Einstein y Gilles Deleuze.
This second video on Spinoza’s philosophy is dedicated to his famous Deus SIve Natura, that is to say, God or Nature. We’ll tackle Spinoza’s definition of God, Substance, Particles and Nature (Naturing vs. Natured) by invoquing Albert EInstein and Gilles Deleuze.


PREMIO BLOG DE ORO

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Τίποτα δεν είναι κρυμμένο προσεκτικά και δεν πρέπει να αποκαλυφθεί
κανένα μυστικό που δεν έρχεται να γίνει γνωστό. ” Ευαγγέλιο του Λουκά 12: 2

Nada hay cuidadosamente ocultado que no haya de revelarse
ni secreto que no llegue a saberse”. Evangelio de Lucas 12:2

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¿Hasta cuando?

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Tres veces cayó Iesús

¿Cuantas veces hay que repetir el inmenso sacrificio del
Cristo para absurdamente invalidar el primero y único?
¿Cuanto sufrimiento y sangre hará falta para saciar la
sed de oro de los Judas del templo vaticano moderno.
Para esta iglesia de los mercaderes, que en otros tiempos
impuso la fe como obligación por medio de la superstición,
el terror, la tortura y la muerte, donde solo hogueras
humanas alumbraron sus obtusas mentes, y en tiempos actuales
sus falsas tradiciones, son rescoldos de amenazas,
y carne de abusos, aislamiento y desprecio social.

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois
semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen
bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos
y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los
hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de
iniquidad. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis
los monumentos de los justos, y decís: “Si nosotros hubiéramos
vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido
parte con ellos en la sangre de los profetas!” Con lo cual
atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los
que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la
medida de vuestros padres!. Evangelio de Mateo 23, 27-32


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Cada sábado

LAS AVENTURAS DE PETER MACDOWELL
En busca de sus “arraises” Peter viaja a Andalucia
en una aventura llena de misterio y peligros…

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El origen del mal en el mundo

DEFENDAMONOS DE LOS DIOSES (Salvador Freixedo, 1987)

AUDIO

Salvador Freixedo nació en Galicia, España, en 1923. Comenzó a residir en América Latina desde 1947 y se ordenó como sacerdote en Santander, en 1953. Realizó diversos estudios de humanidades en Salamanca, de Filosofía en Santander, de Teología en la Alma College de San Francisco, de ascética en la Mont Laurier de Quebec, de psicología en la UCLA y en la Fordham de Nueva York. Aparte de enseñar historia de la Iglesia en el Seminario Interdiocesano de Santo Domingo (República Dominicana), fundó el movimiento de la Juventud Crisitiana (JOC) en San Juan de Puerto Rico y fue viceasesor nacional del mismo en La Habana, Cuba. Fundó también el Instituto Mexicano de Estudios del Fenómeno Paranormal y presidió el primer Gran Congreso Internacional organizado por dicha institución. Ha actuado como ponente invitado en numerosos congresos, tanto en Europa como en América y Asia, y es autor de múltiples libros, polémicos, reveladores, que le han valido expulsión de la orden jesuita, destierros, censuras y cárcel. Fue expulsado de la orden jesuita a principios de los setenta, por la publicación del libro “Mi Iglesia Duerme”. Posteriormente se le invitó a abandonar Venezuela por la publicación del libro “Mitos Religiosos en las Relaciones Humanas”. Previamente, el dictador Batista lo había expulsado de Cuba tras la publicación del libro “Cuarenta Casos de Injusticia Social (Exámen de Conciencia para Cristianos Distraídos)”. Entre sus teorías expuestas se destacan las siguientes:

* La teoría de las escalas cósmicas y los diferentes niveles de existencia de los seres.

* Los seres y entidades de niveles y escalas de existencia superiores a los del ser humano, han saltado desde hace milenios a nuestro nivel, para aprovecharse de nosotros en muchas maneras.

* En ese sentido, Freixedo plantea que los múltiples dioses adorados por el hombre en toda su historia, no son sino manifestaciones de dichos seres que durante milenios han engañado al hombre. Por lo tanto, no hay un “Dios único” ni un “Dios verdadero” como se expone en las religiones creadas por esos seres; sólo dioses menores. Estas afirmaciones no provienen de Freixedo: tienen fundamento en la biblia y otros libros sagrados.

* En cuanto a los OVNIS, Freixedo plantea que sus ocupantes no sólo ya se bajaron de sus naves, sino que desde hace mucho tiempo realizan actividades secretas entre nosotros, solapados por los grandes gobiernos mundiales.

* Todas las ideas de Freixedo convergen en un sólo principio: la humanidad ha sido, desde sus orígenes, una granja animal de la cual se han aprovechado muchos seres más evolucionados que el hombre. Mientras la humanidad no despierte del letargo mental y espiritual que dichas entidades superiores le han provocado, seguirá sometida a los caprichos de esos seres desconocidos.

AVISO A LA HUMANIDAD

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Esos hipócritas

¿ESOS VIEJOS simbolos

La culpa evidentemente es de los gobernantes que han pasado por Moncloa
y que han situado la laicidad como cuestión menor, o no tan menor pero
incómoda políticamente para resolverla.
La cuestión de fondo es si debemos respetar las creencias de todos (ni
mayoría ni minorías) y convertir el espacio de todas las personas que
conviven socialmente en espacios de todos (laicos). Después de siglos
viviendo con naturalidad la presidencia de símbolos religiosos en la
vida civil, aún hay quienes creen que esto es el estado natural de las
cosas. Por ello cuando, tarde, el gobierno dice de prohibir los símbolos
religiosos en los espacios de todos y todas, se llevan las manos a la
cabeza y amenazan con crear un problema donde no lo hay. Estas personas
aún no se han enterado que el ámbito religioso es de índole privada y
que se manifiesta colectivamente entre aquellas personas que comparten
un mismo credo. Pero que no puede superar este espacio por respeto a las
otras creencias.


Evidentemente que un crucifijo, o una estrella, o media luna o una hoz o
un martillo o tantos otros símbolos de creencias encontradas, presida
la vida civil choca de frente en una sociedad que asume que las creencias
de cada uno son tan respetables como las de los demás. Posiblemente este
esquema de tolerancia es el que quema a más de una persona que cree estar
en posesión de la “única verdad” y por lo tanto miran de reojo al resto
de los mortales que no la comparten con cierta “compasión”, en el mejor
de los casos, o con rencor en el peor.
La vocación totalizadora de las religiones integristas nos lleva a la
confrontación entre seres humanos, que por serlo estamos mucho más allá
de las ideologías y las creencias. Antes que la fe está la persona, el
prójimo que no debe ser quemado en la hoguera simplemente por no compartir
el credo. Muchos siglos de intransigencia y de terror deben ser redimidos
enviando al mundo de las religiones a las esferas privadas y de culto
propios. Las manifestaciones ciudadanas públicas siempre deben ayudar a
la unión de aquellos que construimos día a día una sociedad más fraterna
y solidaria. Que solo los símbolos que representan aquello que nos une a
todas las personas (laicos) siempre estén presentes entre nosotros.


La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente constante
de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla. Por ello
debemos volver a insistir en que dentro del curriculum ordinario, el común, el
laico, no aparezca la enseñanza religiosa como elemento diferenciador. El
crucifijo en la pared es poca cosa comparada con la diaria segregación de
aquellos niños y niñas que deben de salir de su grupo de iguales, porque no
comparten con ellos un credo religioso. Escandaliza la imagen de la estrella
de David en la solapa de los vestidos de las niñas y niños judíos en la
Alemania nazi, mientras que asumimos como normal que se le indique la puerta
de la calle a los niños y niñas que no dan religión a diario en nuestras
escuelas. Basta de deseducar a niños y a niñas en la segregación, en la
exclusión por sexos, por razas, por religiones o creencias.
La enseñanza religiosa en las instituciones educativas es una fuente
constante de discriminación de aquellos que deciden libremente no recibirla.

NO A LA DISCRIMINACION RELIGIOSA

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Firmar

¡Contra TTIP y CETA!

 

Breve Historia de la Humanidad

La historia de la humanidad es la historia de lo imposible, si analizamos los hechos desde el principio de los tiempos, veremos como la realidad supera y con creces a la ficción. Muchas personas no saben, bien porque no quieren saberlo, bien porque nadie se lo ha contado, que la humanidad por completo está siendo sometida, manipulada y organizada, según los intereses de una minoría supra nacional. Una élite que más allá del parlamento, de la cámara del congreso, de la organización de Las Naciones Unidas, conduce al homo sapiens hacia un sistema de gobierno ya diseñado desde mucho tiempo atrás. La ignorancia de la mayor parte del planeta es su mayor logro, fruto de una ingeniería social planificada desde hace al menos dos siglos. La ignorancia, es en definitiva, la piedra angular en la que basan su supremacía como élite gobernante, constatada desde hace al menos dieciocho siglos, desde el apretón de manos de Clemente y Costantino (iglesia y estado). El principal logro de esta élite en la sombra, ha sido confundir nuestra verdadera naturaleza, que nunca fue la competición, el egoísmo, la indolencia, la distinción entre lo masculino y lo femenino, la codicia, el clasismo, la jerarquización, la propiedad (todos y todas compartimos una sola casa), lo efímero (todos los seres humanos compartimos una memoria de especie, es decir, tenemos almacenadas en alguna parte de nuestro cerebro, reminiscencias de infinitas experiencias en distintas épocas. Un sistema de gobierno “perfecto”, representado por una gran pirámide, en cuya base sustentando el resto del edificio, estamos tú y yo, en una u otra altura, pero siempre cerca de la base, justo encima de nosotros hay una gran “barrera” con ciertos privilegios de clase, pero con un solo objetivo: la represión de la masa. Antes de la cima piramidal, en posiciones elevadas, ya sabes quiénes se situarían, y ocupando la privilegiada cúspide están ellos, dominándonos, esclavizándonos y alimentándose de todo el resto de la población, que les lleva manteniendo y enriqueciendo durante siglos. Curiosa coincidencia, que este mundo que todos tildamos de injusto y acabado, sea una fotocopia del sistema jerárquico de cualquier orden masónica en el mundo…

Muchos de los estados actuales se autodenominan “democracias”:
gobierno en el que el pueblo es soberano. Sin embargo, la soberanía
del pueblo se limita a marcar,cada pocos años, una cruz en
una papeleta, señalando unos nombres de entre otros,
que le son propuestos. Nos han hecho creer que la democracia
es ese simple gesto.Nuestro sistema, NO ES UNA DEMOCRACIA.
Es un sistema social de jerarquía global,
sostenido por una minoría para dominar a una mayoría.
En
esta
jerarquía,
unos pocos, situados
en la cima de la Pirámide
del Poder, imponen sus leyes.
Se arrogan unos derechos que nos han
usurpado a todos los demás. Son los grandes
capos de la banca y la industria. Han acaparado más dinero
que nadie, y a través de él ejercen el control sobre seres humanos y recursos.

Se valen de los gobiernos (“democráticos” o “dictatoriales”, de “derechas” o
de “izquierdas”), que les sirven, y con quiénes comparten porciones del poder.
Los gobiernos son los asalariados directos de la gran banca y la industria
multinacional.
Las autoridades son un artificio pensado para responder a necesidades creadas
artificialmente: seguridad y protección. Son una herramienta de usurpación del
poder por parte de las multinacionales. Son el biombo tras el cual la industria
mueve los hilos.
Por debajo de los gobiernos, las instituciones se disputan las porciones de
poder que les son concedidas.
Políticas nos comprometen en guerras que nosotros no deseamos. Establecen
alianzas o apoyan embargos a otras naciones, sin tenernos en cuenta.
Legislativas
Nos imponen leyes para controlarnos y pagan a jueces para condenarnos.
Sanitarias
Nos niegan el poder de decidir los tratamientos que queremos
para mantener nuestra salud. Nos intoxican con las vacunaciones a las
que nos obligan a someternos; nos mutilan con supuestas cirugías preventivas
y nos envenenan y exterminan con pseudo-medicamentos.
Educacionales
Nos educan para que seamos sumisos, para que tengamos miedo.
Nos inculcan la creencia de la desigualdad, que es la base
sobre la que han conseguido sus privilegios. Controlan
la investigación científica a partir del dinero que aportan en subvenciones,
y no tienen empacho en censurar o falsificar los resultados según su conveniencia.
Policiales
Instalan sistemas electrónicos para vigilarnos (inculcándonos la creencia de
que es para nuestra seguridad y protección). Pagan a policías para detenernos.

Mediáticas

Controlan los medios de comunicación más importantes, y a través de los mismos
crean una falsa realidad que actúa como cortina de humo para que no podamos ser
conscientes de sus manipulaciones.
Para llevar a cabo su agenda de control, la Cima del Poder lleva adelante
su Plan Secreto. A eso se le llama CONSPIRACIÓN o COMPLOT.
Ya que el plan es secreto, no podemos conocerlo. Pero vemos sus resultados.
Y la mejor manera de desmontar un complot es exponer esos resultados a la
luz del día.
A fuerza de repetírnoslo, hemos acabado creyendo que no tenemos ningún poder
para cambiar nada. Pero somos nosotros quiénes pagamos el salario de nuestras
autoridades. Nosotros, quiénes hemos depositado nuestra autoridad individual
en manos ajenas, y hemos permitido el desarrollo y mantenimiento de los
gobiernos que tenemos. Tienen la autoridad que nosotros queremos darles.

Nosotros podemos vivir sin ellos.

Ellos no pueden vivir sin nosotros.

finContador

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