Mi patria es todo el mundo.

Grecia

Nix

 

La noche

Según la mitología griega, en el principio sólo reinaba el Caos o la Nada. De él surgieron los dioses primordiales de los cuales proceden todos los demás. Estos dioses primigenios eran Gaia (la Madre Tierra), Eros (la fuerza de la Procreación), el Tártaro o Inframundo, un gran pozo de oscuridad bajo la tierra (el Infierno de los griegos), Erebo o dios primordial de la Oscuridad y Nyx, la diosa de la Noche.

Como una de las diosas más antiguas, Nyx jugó un papel muy importante entre los antiguos griegos, entre otras cosas porque era la responsable de la existencia de muchos de sus dioses más importantes. Dos de sus hijos fueron fruto de la unión con su hermano Erebo, Eter y Hemera, dioses del Cielo y de la Luz del Día respectivamente. Los griegos creían que el día comenzaba cuando Hemera salía del Tártaro a la superficie, sustituyendo a su madre Nyx, y que la noche llegaba cuando la hija regresaba al Inframundo y volvía a ser sustituida por su progenitora. El resto de su descendencia fue engendrada por ella misma.

Algunos de sus hijos fueron:
Los gemelos Hipnos y Tánatos, espíritus del Sueño y de la Muerte. Solían sobrevolar la Tierra cada noche con su madre Nyx. Algunos dicen que ambos hermanos procrearon a los Oneiroi (los Sueños). Otras versiones cuentan que eran sus hermanos menores cuyo líder era Morfeo.

-Las Keres, espíritus femeninos, también conocidas como las Furias, diosas de la muerte violenta (aquella que acontecía en el campo de batalla, por accidentes, asesinatos o enfermedades especialmente virulentas y crueles).

-Némesis, diosa de la Justicia Divina y del Equilibrio. Ella se encargaba de distribuir en su justa medida tanto la felicidad como la desgracia, así como de repartir el castigo o recompensa merecidos.

-Las Hespérides, guardianas de las manzanas de oro en el jardín del mismo nombre.

-Styx, diosa del río Estigia y personificación del Odio.

Nxy tuvo muchísimos hijos más, la mayoría de carácter maléfico y oscuro. No en vano su hogar era el Inframundo y su reino era la Noche. Los griegos la representaban como una bella mujer alada que conducía un carro, ataviada con un gran manto negro plagado de estrellas y acompañada de sus hijos Hipnos y Tánatos. Sus poderes excedían a los de cualquier otro dios y su culto se llevaba a cabo en toda Grecia.

En la Teogonía de Hesíodo, la Noche nació del Caos. Su descendencia es mucha, y reveladora. Con su hermano Érebo (Oscuridad), la Noche concibió a Éter (Puro brillo, Luminosidad) y Hemera (Día). Más tarde, por sí misma y sin intervención masculina, Nix engendró a Moros (Destino), Ker (Perdición), Tánatos (Muerte), Hipnos (Sueño), Geras (Vejez), Ezis (Dolor), Apate (Engaño), Némesis (Castigo merecido), Eris (Discordia), Filotes (Amistad, Ternura), Momo (Burla), las Hespérides (Hijas de la Tarde), los Oniros (los Sueños), las Keres (espíritus de la destrucción y muerte) y las Moiras (Destino).

En su descripción del Tártaro, Hesíodo añade que Hemera, quien ahora es hermana de la Noche en vez de su hija, abandonaba el Tártaro justo cuando Nyx entraba en él; cuando Hemera volvía, Nyx se marchaba. Esto asemeja el retrato de Ratri (‘noche’) en el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.), donde ésta trabaja en estrecha colaboración pero también en tensión con su hermana Usha (‘amanecer’).

En el Libro 14 de la Ilíada de Homero hay una interesante cita de Hipnos, el dios menor del sueño, en la que recuerda a Hera un antiguo favor después de que ésta le pida que haga dormir a Zeus. Hipnos hizo dormir anteriormente a Zeus una vez a instancias de Hera, lo que le permitió causar grandes infortunios a Heracles (quien regresaba por mar de la Troya de Laomedonte). Zeus montó en cólera y habría arrojado a Hipnos al mar si éste no hubiera huido asustado hasta Nix, su madre. Zeus, temiendo enfadar a Nix, contuvo su furia y de esta forma Hipnos logró escapar. Este mito convierte a Nix en la única divinidad a la que realmente temía Zeus.

La Noche adquirió un papel incluso más importante en varios poemas fragmentarios atribuidos a Orfeo. En ellos, la Noche el principio fundamental junto con su padre Caos. La Noche ocupaba una cueva o adyton, donde da oráculos. Urano —que está encadenado dentro, dormido y borracho de miel— sueña y profetiza. Fuera de la cueva, Adrastea tañe címbalos y golpea su tympanon, moviendo el universo entero en una eufórica danza al ritmo del canto de Nix.

La Noche también es el principio en el coro de apertura de Las aves de Aristófanes, que puede ser de inspiración órfica. Aquí también es la madre de Eros. En otros textos puede ser también la madre de Caronte y Ptono con Érebo.

El tema de la cueva u hogar de la Noche, allende el océano (como en Hesíodo) o en algún lugar al borde del cosmos (como en el orfismo) puede haber tenido su eco en el poema filosófico de Parménides. El investigador clásico Walter Burkert ha especulado que la casa de la diosa a la que el filósofo fue transportado es el palacio de la Noche. Esta hipótesis, sin embargo, debe tomarse con cautela.

En Grecia, la Noche rara vez es destinataria de cultos. De acuerdo con Pausanias,​ tenía un oráculo en la acrópolis de Megara.
Más frecuentemente, Nix merodea en el fondo de otros cultos. Por eso había una estatua llamada Noche en el templo de Artemisa en Éfeso. Los espartanos rendían culto al Sueño y a la Muerte, concebidos como gemelos,​ sin duda la Noche era su madre. Títulos de culto compuestos por la partícula nix- eran otorgados a varios dioses, notablemente a Dioniso Nyktelios (‘nocturno’) y Afrodita Philopannyx (‘la que ama la noche entera’)


También conocidas como Erinias o Euménides, las Furias nacieron de la Noche, (aunque también se cuenta que surgieron cuando Cronos cortó los testículos a su padre Urano y la sangre del dios cayó sobre la Gea, la madre tierra), y vigilaban la puerta hacia el mundo inferior, castigando a aquellos cuyos crímenes no habían sido expiados en el mundo de los mortales. Trataban así de restablecer el orden perdido. En ocasiones también subían a la superficie y allí perseguían a aquellos que pretendían salir impunes de algún delito.

Las Furias, que en sus orígenes contaban con un número incierto, terminaron siendo tan sólo tres. Sus nombres eran Tisifone, Alecto y Megera y tenían cabeza de perro, alas de vampiro y, en vez de cabellos, serpientes. Para cumplir su misión llevaban consigo látigos de cuero y temibles anillos de bronce.

Tisifone era la encargada de castigar a los osaban traspasar los límites de la buena conducta y era conocida como la Furia Vengadora. Megera se encargaba de hacer nacer el odio, la discordia, entre los mortales. Alecto los perseguía sin descanso hasta conseguir que murieran de locura o que fueran incapaces de volver a cometer un crimen semejante.

Cuentan que cuando Orestes acudió desesperado ante Apolo para conocer el nombre del asesino de su padre, el rey Agamenon, el oráculo le reveló que había sido su propia madre, Climenestra, esposa del rey, la autora de tal delito. Orestes, fuera de si, puso fin a la vida de su madre. Entonces entró la Furia Alecto en escena, atormentado al desgraciado príncipe Orestes por el crimen que había cometido.

Orestes acudió de nuevo a la ayuda de los dioses, siendo esta vez Atenea la elegida, para rogar el fin de su condena. Atenea, la diosa guerrera, consiguió convencer a Alecto de que el hijo de Agamenón ya había pagado con suficiente dolor sus actos y fue perdonado. Ahora bien, Orestes había de traer desde la ciudad de Taúride una estatua que hubiera sido consagrada a Artemisa, hermana de Apolo y diosa de la caza.
Desde este momento, las Furias pasan a llamarse Euménides y a ser consideradas como benevolentes, aunque, eso si, siguieron persiguiendo a los criminales.

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Perséfone

En la mitología griega, Perséfone es la hija de Zeus y Deméter. La joven doncella, es raptada por Hades y se convierte en la Reina del Inframundo. Señora de los Infiernos y diosa de los muertos cuando permanecía en el mundo subterráneo con su esposo y diosa de la fertilidad de la tierra como ayudante de su madre. El mito de su rapto representa el ciclo de las estaciones al igual que el de Telepinu en las creencias hititas o Tammuz en sumeria (Tammuz es la versión sumeria de Adonis por el que Ereskigal (Perséfone) e Isthar (Afrodita) compiten).

Su principal asistente era Hécate y sus mensajeras las sirenas. Como Reina de la noche se le consagraron las granadas al igual que el gallo como diosa de los campos. Se le rindió culto especialmente en el Ática y Sicília, donde tuvo lugar su rapto. En el arte se la representó como una doncella de tez blanquísima, lúgubre y con granadas y aderezos en el mundo inferior y con y espigas de cereales en el superior. Su árbol era el álamo negro. Además de a su lúgubre esposo Perséfone amó al bello Adonis. En Roma fue conocida con el nombre de Proserpina, nombre que se dio al asteroide vigésimo sexto. Su símbolo astronómico es una granada con una estrella dentro. Por otra parte, el asteroide 399 y una de las coronae del planeta Venus se llaman Perséfone.

Cuenta la historia que la Diosa Deméter y su hija vivían una vida pacífica alejadas del resto de los Dioses. Un día Perséfone estaba recogiendo flores con algunas ninfas, en un campo de Enneas, cuando Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo. Las ninfas fueron transformadas en sirenas por no haber intervenido. La vida quedó paralizada mientras la desolada Deméter buscaba por todas partes a su hija perdida. Hécate había oído sus gritos y sugirió a Démeter hablar con Helios, el Sol, que todo lo ve, para que le contase lo que había pasado. Al hablar con el dios Helios, se entero que se la había llevado Hades, y ella pensó que eso solo podía haber ocurrido con el consentimiento de Zeus. Y por eso se negó a volver al Olimpo y secó todos los cultivos.

Cuando el hambre ya se hacía sentir sobre la Tierra y peligraba la vida de los humanos, Zeus le pidió a Hades que devolviera a Code, pero no accedió. Como la situación no se aclaraba, se celebró un juicio donde se resolvió que Core (Perséfone) pasaría tres meses del año con Hades y el resto con su madre.
El matrimonio de Hades y Perséfone fue estéril según la mayoría de las fuentes, no así en otras tuvo a su hija Macaria de su esposo y a Melínoe de Zeus, su padre. También se cuenta que la diosa fue seducida por su propio padre una vez más en forma de serpiente y tuvo un hijo Zagreo, que fue asesinado por los Titanes a petición de Hera.


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día del ser mas maravilloso de la Creación
Feliz día de la Mujer



The Herd es un cortometraje de la directora feminista y vegana Melanie Light en el Reino Unido en 2014. Fue descrita como la primera película femenina y feminista de la directora, que intenta descifrar el referente ausente, que Carol J. Adams diría, para mostrarle La realidad de las industrias lácteas en todo el mundo de una manera controvertida pero directa, que muestra una situación en la que las víctimas explotadas por su leche no son vacas, sino hembras humanas. La violencia del proceso de obtención de leche, la apatía total de los explotadores o la lucha para escapar y defenderse de algunas de las mujeres son los principales problemas en los que se desarrolla la trama.

El pasado jueves 9 de marzo se realizó en el Centro Social y Ocupacional Social Escárnio y Maldidor de Compostela una actividad en la que se proyectó este cortometraje, y al cual Siguió una charla interesante sobre el contenido del video y sobre las intersecciones entre el espectáculo, el patriarcado y otras opresiones, con contribuciones que, al menos para mí, me ayudaron a seguir cuestionando las cosas, incluidas mis convicciones y certezas sobre diferentes temas.

Ahora, para todos aquellos que no pudieron venir pero que se han quedado con el deseo de ver el corto, lo dejo aquí para que pueda verlo en línea o descargarlo, y organizar sus propias proyecciones o acceder a su cuenta en otros espacios o en sus hogares. Dejo la versión subtitulada en portugués.

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Cada sábado

LAS AVENTURAS DE PETER MACDOWELL
En busca de sus “arraises” Peter viaja a Andalucia
en una aventura llena de misterio y peligros…

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Contra el T.T.I.P.

 


Safo / Σαπφώ

Safo (c. 600-? a.C.)

Poetisa lírica griega cuya fama hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa. Nació en la isla de Lesbos, probablemente en Mitilene. Aunque no se sabe mucho acerca de su vida, perteneció al parecer a una familia noble y fue contemporánea del poeta lírico Alceo, de quien se supone fue su amante, y de Stesichorus. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Otra leyenda, que no merece credibilidad alguna, sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade (una isla de la costa occidental de Grecia). No se sabe cuando murió, pero en sus poemas de última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en armonía con la naturaleza.

Los fragmentos que hoy conservamos de sus poemas indican que Safo enseñó su arte a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación y para las que compuso sus odas nupciales cuando la abandonaron para casarse. El poeta Anacreonte (mediados del siglo VI a.C., es decir, una generación posterior a Safo), afirmaba, en referencia a este grupo, que Safo sentía un amor sexual por las mujeres; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina.

Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita, citada por el erudito Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a.C. En el siglo XX se descubrió un papiro con nuevos fragmentos de sus poemas.

La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas). Muchos poetas griegos posteriores asimilaron la influencia de Safo, en particular Teócrito.

Igual parece a los eternos Dioses
quien logra verse frente a ti sentado.
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!

A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte; ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir, y rota
Calla la lengua.

Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre; los inciertos ojos
Vagan sin rumbo; los oídos hacen
Ronco zumbido.

Cúbrome toda de sudor helado;
Pálida quedo cual marchita yerba;
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
Muerta parezco.

A Una Amada
Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a tí, y desde tan cerca te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta…

Soledad a Media Noche
Se han puesto ya la luna y las pléyades.
Es media noche. Pasa el tiempo.
Y yo sigo durmiendo sola.


En la Distancia
De veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando, me musitó las siguientes palabras: “Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte.” Y yo le respondí: “Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas: cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza.”

Cuasi Ventus
Amor ha agitado mis entrañas como el huracán que sacude monte abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba aguardando. Has prendido fuego a mi corazón, que se abrasa de deseo.

Una Amada Ausente
Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.
Mas en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.

Un Epigrama
Estas son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda, fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez que ella pereció, con un acero recién afilado, todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa cabellera de sus cabezas.

I
La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad;
la hora pasó, y en vela
sola en mi lecho, en tanto
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.

II
Amor, que el pecho mío
continamente agita,
es dulce y es impío,
y es más que una avecita
volátil y ligero.
¡Ay! de su dardo fiero,
¿quién consiguió victoria?
Renueva, amada mía,
renueva la memoria
de cuando Atis ardía,
tu dulce amor odiaba
y a Andrómeda estimaba.

III
Desciende, Venus bella,
y en las doradas copas
con el suave néctar,
mezcla purpúreas rosas,
y a mis dulces amigos
que tu deidad adoran,
con divinal bebida
inspira y alboroza.

IV
Será tal vez hallada
simplecilla labriega,
si dulce amor hirióla
con su dorada flecha,
Amor el rapazuelo
de Venus Citerea,
que con su blanda mano
doma las bravas fieras.
Y la joven hermosa
nacida en la floresta,
siendo de amor tocada,
ya suaviza y templa,
las rústicas costumbres,
la esquivez de la selva,
plegando sus vestidos
con gracia y gentileza.

V
De los verdes manzanos
en las frondosas cimas,
con estruendoso ruido
las aguas se deslizan,
las puras frescas aguas
que el peñasco destila;
el delicioso estruendo
de las hojas movidas
del apacible viento
süave sueño inspira,
y con Venus hermosa
soñaba que dormía;
mas de las altas ramas,
del viento sacudida,
una roja manzana
de mi sueño me priva.

VI
Al Olimpo volara
si alitas yo tuviera,
cual cándida paloma,
y a Pafia la risueña
mis cuitas contara,
mis amorosas quejas,
y de allí a las alturas
de los montes viniera,
y enlazaran mis brazos
la causa de mi pena:
que el amor dulce amargo
con fiera violencia
mi corazón impele,
le arrebata y le lleva,
cual viento impetuoso
arranca por las selvas
en los excelsos montes
a las encinas gruesas.

VII
La graciosa doncella
en apartada estanza
pasa su edad florida
de delicias privada;
sus cuidadosos padres
dicen: -Amor la espanta,
allí vive contenta,
que no quiere de Pafia
las süaves caricias-;
mas, ¡ay!, niña cuitada,
que ya siente tu pecho
las amorosas llamas,
triste, cerrada y sola,
niña y enamorada.

VIII
Morirás, bella joven;
ni servirá ser bella,
ni quedará memoria
de ti sobre la tierra,
porque las frescas rosas
no has gozado de Pieria:
y así desconocida
irás a las cavernas
del horroroso Dite,
ni será quien te vea
cuando en las vanas sombras
des fugitivas vueltas.

IX
Alzad, alzad la casa,
artífices, que viene
el esposo gallardo,
que a Marte se parece:
al menos muy más alto,
muy más robusto y fuerte
que los más esforzados
que la ciudad contiene.
Todos de una vez toman
y de sus asas tienen
la gran Carkesia copa,
y libación ofrecen,
felicidad, delicias,
eternos, justos bienes,
al esposo desean,
y el dulce vino beben.
De todas las doncellas,
tu venturosa suerte
la más linda te ha dado,
ni hallarse otra tal puede:
la dulce joven bella,
por quien tú tantas veces
tiernos suspiros dabas,
hoy a tus brazos viene;
no envidies a los dioses,
si tu ventura entiendes.

X
Amor bulle en mi pecho
y sin cesar voltea
mi corazón amante
y acá y allá le lleva;
mis miembros desenlaza
su poderosa diestra,
y en viéndome rendido
ya me desprecia y vuela;
tiene sus lindas alas
cual ave, mas es fiera,
y dulce y apacible,
y de indomable fuerza.
Atis, de tu abandono
al crudo Amor te queja,
que en los ojos me abrasa
de Andrómeda la bella.

XI
Esperio, luz hermosa
de Venus la rosada,
que los tiernos deseos
y enamoradas ansias
benigna satisfaces,
tú conduces a casa
el delicioso fruto
que las almas encanta,
el manchado rebaño
de las ligeras Cabras,
y con su dulce madre
la niña que las guarda.

fin

Lesbos

Mitilene, nombre dado a menudo a toda la isla, fue fundada en el siglo XI adC supuestamente por los Pentílidas llegados de Tesalia, que gobernaron la isla hasta que fueron derrocados por una revuelta popular al comienzo del siglo VI adC. Otras cinco ciudades tuvieron reyes, pero igualmente fueron progresivamente expulsados en los siglos VII y VI adC y se establecieron gobiernos oligárquicos o tiranías. Todas las ciudades fueron colonizadas por tesalios con los que se impuso la colonización eólica y la poetisa Safo aún escribía en el dialecto eólico del griego. Las ciudades de la isla eran tributarias del rey Creso de Lidia por sus posesiones en la costa (Creso no dominó nunca la isla), pero cuando éste fue derrotado por los persas en 546 adC, la isla pasó a dominio persa y hubo de pactar el pago de un tributo y el envío de soldados cuando el rey lo pidiese. En el siglo V adC, la ciudad de Arisbe (Arisvi) fue destruida por Metimna y el número de ciudades independientes quedó reducido a cinco: (Mitilene, Metimna, Antisa, Ereso y Pirra). Contribuyeron a fundar Naucratis en Egipto y se aliaron con Mileto contra el tirano Polícrates de Samos que les derrotó. Permanecieron tributarias del rey de Persia hasta 499 adC, cuando el tirano favorable a Persia, Coes de Axandros, fue derrocado y la isla se unió a la revuelta jonia pronto sufocada (494 adC). La victoria ateniense en Salamina en 480 adC supuso el fin del dominio persa en Lesbos. La isla tuvo siempre tendencia oligárquica, pero elementos cercanos a la democracia se acabaron imponiendo y las cinco ciudades bajo la hegemonía de Mitilene (477 adC), ingresaron en la confederación de Delos (471 adC) y excepto por una breve revuelta (Metimna no tomó parte); las demás ciudades fueran castigadas y se repartió las tierras entre ciudadanos atenienses) y permanecieron allí hasta el final de la guerra del Peloponeso cuando cayeron en manos de Esparta (405 adC) y de la oligarquía local aliada a Esparta. En 392 adC, Atenas reconquistó las cinco ciudades; pero por la paz de Antálcidas se restableció su independencia en 387 adC. En 369 adC ingresó en la segunda liga ateniense, pero cayó bajo dominio persa en 357 adC. Cuando Alejandro Magno ganó la batalla de Gránico, las ciudades se declararon a su favor, pero fueron sometidas por la flota persa dirigida por Memnón de Rodas. El general macedonio Hegéloco conquistó la isla hacia el 331 adC (Memnón murió) y pasó a Macedonia, dentro de la que permaneció hasta el 167 adC en que hubo de firmar un tratado con los romanos. En esta guerra, Labeus destruyó Antisa por ayudar a los macedonios e incorporó a sus habitantes a los de Metimna. En 89 adC, las ciudades de la isla se aliaron a Mitrídates VI Eupator, rey del Ponto, y los romanos desembarcaron en 88 adC y se establecieron permanentemente allí, destruyendo Mitilene, acusada de encabezar la alianza póntica por haber liberado el rey a M. Aquillius; Mitilene. La última ciudad leal a Mitrídates fue conquistada por M. Minucius Thermus, y en la batalla se distinguieron Julio César que recibió una corona por salvar a un soldado. Cneo Pompeyo, a petición de Teófanes, le reconoció pocos años después una cierta autonomía como ciudad libre bajo dominio romano (79 adC); la mujer y el hijo de Pompeyo estuvieron en Mitilene hasta el final de la campaña que acabó en Farsalia. En esta época, Mitilene fue de hecho la capital de la provincia romana de Asia. En 70 el emperador Vespasiano le suprimió los privilegios, que, no obstante, fueron restaurados por Adriano en 117. La ciudad emitió moneda bajo diversos emperadores. Con la división provincial de Constantino I el Grande, la isla fue incluida en la Provincia Insularum (Hierocles p. 686). Durante la época cristiana se construyeron numerosas iglesias y basílicas (más de 50). En 769 fue saqueada por los eslavos, en 821, 881 y 1055 por los sarracenos, por los venecianos en 1125 y por los catalanes en el siglo XIII. En el 801 fue el lugar de exilio de la emperatriz bizantina Irene, que murió allí el 15 de agosto de 802. Hacia el 1090, Tzashas, emir de Esmirna, conquistó Mitilene, pero fracasó ante Metimna. Alejo I Comneno envió una expedición que recuperó Mitilene. En 1204 fue parte de los dominios directos del emperador latino y en el 1224 fue ocupada por el emperador de Nicea. A partir del 1270 se concedió privilegios comerciales a los genoveses, pero la soberanía permaneció bizantina. Los genoveses la quisieron ocupar en 1346, pero el ataque imperial a Quíos lo impidió, pero poco después Francesco I Gattiluso, un patricio genovés que puso al servicio del bizantino Juan V Paleólogo naves y hombres para ayudarlo a recuperar el trono del que había sido desposeído (1354), recibió a cambio la señoría de Lesbos y la mano de su hija María (17 de julio de 1355), si bien, hay que decir que los Gattiluso fueron aliados fieles del imperio y aceptaron la cultura bizantina. Los otomanos atacaron la isla el día 25 de diciembre de 1455 y la ocuparon excepto Metimna, y los otomanos sólo se retiraron en el 1456 a cambio de la cesión de Tasos (otra isla de los Gattilusio) y el aumento del tributo; pero en 1462, acusaron al señor local Nicolo II Gattiluso de deponer y matar a su hermano Domenicco I Gattiluso, tributario de los turcos. Mitilene fue destruida y después de 15 días de resistencia Nicolo se rindió y fue llevado a Constantinopla junto con otros miembros de la familia, y fue ejecutado, y su hermana Maria (esposa del ex emperador Alejandro Comneno de Trebisonda), mujer muy bella, se cree que fue incluida en el harén del sultán. En la guerra de los Balcanes de 1912 los griegos ocuparon la isla, que permaneció en su poder.

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Diótima y el amor

Diótima de Mantinea (en griego: Διοτίμα) es un personaje
que juega un papel muy importante en El Banquete de Platón.
Sus ideas son el origen del concepto de amor platónico. A
pesar de todo, no desdeña el papel de la belleza. Si hemos
de confiar en lo que nos dicen varios autores, habría
correspondido a un personaje real.

En El Banquete, una serie de hombres discuten sobre el
significado del amor, entre los que Sócrates es el orador
más importante. Él dice que en su juventud aprendió la
“Filosofía del Amor” de Diotima, quien fue una sacerdotisa
o vidente. Sócrates dice además que Diotima prescribió
sacrificios mediante los que se libraron con éxito de la
plaga que agobiaba a “Atenas” por 10 años. Diotima le da a
Sócrates una genealogía del amor, diciendo que es el hijo
de la Circunstancia y la Necesidad. En su visión el amor no
es delicado, sino rudo y mezquino. El chico amado es
delicado, pero el viejo amante que busca al joven es
mezquino y falso.
Sobre el amor la más importante tesis de
Diotima es que, en realidad, éste es un anhelo por la
inmortalidad. Ella dice que tenemos un deseo de fama
eterna; sólo el sabio reconoce la diferencia entre la
procreación física y la espiritual. Existen dos tipos de
amor: el físico y el espiritual. Mientras el amor físico
trata de preservar a la persona y alcanzar la inmortalidad
a través de la descendencia, el amor espiritual da luz a
ideas y pensamientos, que de por sí son inmortales. El fin
ulterior del amor es ayudarnos a ascender al conocimiento
de lo divino. Se menciona poco a las mujeres que destacaron
en la filosofía de los primeros tiempos. Sin embargo, Sócrates
nombra a Diótima para señalar que le preguntó a ella respecto
al amor y otros conocimientos.

Diótima le explicó que la naturaleza, siendo mortal, busca
inmortalizarse por medio de la procreación, “porque siempre
deja otro ser nuevo en lugar del viejo”.
Luego le comentó que un ser humano cambia todo el tiempo,
nunca es el mismo: “sino que continuamente se renueva y
pierde otros elementos, en su pelo, en su carne, en sus
huesos, en su sangre y en todo su cuerpo.
Y no sólo en su cuerpo, sino también en el alma: los hábitos,
caracteres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores,
ninguna de estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo,
sino que unas nacen y otras mueren. Pero mucho más extraño todavía
que esto es que también los conocimientos no sólo nacen unos y mueren
otros en nosotros, de modo que nunca somos los mismos ni siquiera en
relación con los conocimientos, sino que también le ocurre lo mismo a
cada uno de ellos en particular”.

Después de ella, muchos repitieron esos planteamientos, pero fue
Diótima quien los lanzó al aire a través de Platón y de Sócrates.
Aunque esa manera de pensar era como una luz que alumbraba a los
pensadores. Mucho antes, Heráclito se la pasaba diciendo que un
río es distinto cada hora y quien se baña en esas aguas también
cambia constantemente. Más o menos eso es lo que dijo cuando habló
de que nadie se baña dos veces en el mismo río.
Que Diótima haya sido citada por Sócrates –y por Platón– revela la
sabiduría de la misteriosa señora. Y no fue la única: muchos filósofos
griegos tuvieron entre sus allegados a mujeres que lanzaban sus ideas
y conclusiones hacia un futuro que, lamentablemente, se ha convertido
en algo alucinante pero torpe.
Solo el amor salvara a la humanidad

superduque

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Delfos – Δελφοί

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“¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,

que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,

tampoco podrás hallarlo fuera.

Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,

¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?

En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.

¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo

y a los Dioses”.

Desde el principio de los tiempos, el hombre ha deseado conocer su destino
por anticipado. Esto ha hecho que surjan en todas las culturas, distintos
métodos y creencias relacionadas con el arte adivinatorio: estudio del
vuelo de las aves, los movimientos de las llamas, las entrañas de los animales.

Durante mucho tiempo, fueron los oráculos los encargados de despejar las dudas
sobre el futuro. Temidos y venerados, a la vez, a partir del siglo X a. C.
pasaron a ocupar un lugar importante dentro de la sociedad griega. El más
importante de ellos fue El Oráculo de Delfos. Se creía que en la zona de
Delfos había un oráculo de Gea, que profetizaba desde el interior de una
cueva sagrada protegida por Pitón, la gran serpiente surgida del barro
dejado por el diluvio que destruyó a casi todos los humanos.

A partir del siglo X a. C., Gea es sustituída por Apolo (hijo de Zeus y Leto).
Apolo, luego de escalar el monte Parnaso, mata a la serpiente para hacerse
con su sabiduría. En memoria de Gea y para honrar a la gran Pitón, designa a
una mujer como sacerdotisa principal para salvaguardar el oráculo. A esta mujer
se la conoció como Pitia o Sibila, la cual ofrecería sus profecías desde una roca.

El Oráculo de Delfos se ubicaba en lo que fue la desaparecida ciudad de Delfos,
al pie del monte Parnaso. De entre las rocas de la montaña brotaban manantiales
que formaban fuentes. La más conocida era la Fuente Castalia, rodeada de un
bosque consagrado a Apolo. Cuenta la leyenda que en dicha fuente se reunían
Las Musas y las náyades para cantar y recitar poesías acompañadas del dios.

La Pitonisa

La Pitonisa era la sacerdotisa a cargo del templo, la cual transmitía a los
mortales las predicciones del oráculo. No se sabe mucho acerca de las pitonisas,
ya que no se conservan relatos de encuentros con las sacerdotisas. Sí se sabe
que los primeros Oráculos de Delfos eran jóvenes vírgenes y atractivas. Una de
estas jóvenes abandonó el templo al enamorarse de un muchacho, por lo que se
decidió que las futuras sacerdotisas fueran mujeres de mediana edad elegidas
según su conducta irreprochable. El nombramiento era vitalicia y las obligaba
a vivir de por vida en el santuario.

La Pitonisa atendía, en un principio, el día 7 de enero de cada año, día que
coincidía con el nacimiento de Apolo. Sin embargo, durante el apogeo del oráculo,
se comenzó a atender 9 veces al año (entre los meses de febrero y octubre) y se
nombraron 3 pitonisas para que se pudiera atender con holgura las consultas de
los creyentes.

No se sabe mucho sobre los rituales que se seguían dentro del templo. Sí se
conoce que la Pitonisa se sentaba en un trípode ubicado en el fondo del templo,
más precisamente sobre una grieta en la roca, de la que emanaban gases que
aspiraba la pitonisa. El consultante tenía una entrevista previa con la
sacerdotisa unos días antes de la predicción.

El trabajo de la pitonisa exigía gran dedicación. La preparación de la sacerdotisa
consistía en rituales de preparación y sugestión psicológica. Por la tarde, antes
de la caída del sol, el oráculo se bañaba en el torrente de Castalia y ayunaba
para alcanzar la inspiración divina. Los consultantes también se bañaban en el
torrente de Castalia y realizaban un ritual previo para saber si Apolo deseaba
atender a sus ruegos.

Antes de la aparición del oráculo, se realizaban sacrificios en el altar del templo.
El sacrificio consistía en presentar una cabra ante el altar y derramar un cubo de
agua sobre su cabeza. Si el animal temblaba, era señal de que Apolo respondería a
las súplicas de los consultantes. Momentos después, la Pitia ingería hojas de laurel,
lo que suponía que lograba sumergirla en el trance. De esta manera, la Pitonisa
comenzaba el proceso de purificación. Luego de esto, la mujer era conducida al
trípode, cuyos pies simbolizaban los 3 períodos de tiempo controlados por Apolo.
A medida que la sacerdotisa inhalaba los gases que emanaban de la roca, actuaba
como si fuera poseída por un espíritu. Cuando la Pitia lograba calmarse, luego
de agitadas convulsiones en medio de gritos proferidos mientras rasgaba sus
vestiduras, adoptaba una postura majestuosa, con la mirada perdida. En este momento,
el consultante era llevado a su presencia y ella pronunciaba la profecía.

Las predicciones de la Pitia era pronunciada en forma de versos hexámetros,
construida de manera ambigua, lo que dificultaba interpretación. La Pitonisa
era acompañada por 5 hossi, los cuales registraban cada sonido y movimiento
emitido por la Pitia para lograr la interpretación de la predicción.

Estos hossi eran hombres santos, designados escribas para registrar los detalles
de la adivinación. Esta designación era vitalicia y, generalmente, eran descendientes
directos de Deucalión. El gran enigma del oráculo era la exactitud en las predicciones.
Esto es lo que desconcierta a los estudiosos de la actualidad. Era tal la fe puesta en
el oráculo, que cuando fallaban las predicciones, se culpaba a las interpretaciones que
se hacían de las predicciones del oráculo.

Curiosidades

Sibila: Según cuentan los testimonios, Sibila fue el nombre del a primera pitonisa
del oráculo. Su nombre se generalizó a tal punto que se utilizó como nominativo del
cargo de la sacerdotisa.

Oráculo de Creso: Creso fue el último rey de Lidia. Este rey se dirigió a Delfos para
recibir consejo del oráculo acerca de su intención de invadir Persia. La respuesta del
oráculo fue la siguiente: “Si cruzas el río Halys, destruirás un gran imperio”. La profecía
fue interpretada como favorable, lo que hizo que Creso se encaminara a la conquista de Persia.

Sin embargo, los persas destruyeron su ejército y se quedaron con las tierras de Lidia.
De esta manera se cumple el vaticinio del oráculo: Un gran imperio fue destruido. Sin embargo,
hay que enfatizar el hecho de la ambigüedad de las profecías, lo que llevaba a interpretaciones
convenientes por parte de los intérpretes.

Decadencia del oráculo: En tiempos de la Grecia clásica, se consideró al oráculo como un
elemento pagano, lo que llevó a la intención de ridiculizarlo para que la gente dejara de
acudir a él. Es por esto que muchos escritores lo describían como un lugar ubicado en una
grieta en la roca de la cual emanaban gases tóxicos que sumergían a la sacerdotisa en un
estado de embriaguez y obnubilación. El trance que alcanzaba la pitonisa lo atribuían al
hecho de masticar hojas de laurel. La verdad es que no se han hallado registros de escritores
griegos que hagan referencia al oráculo. De hecho, los estudios arqueológicos realizados en
la zona no afirman que no existe ninguna grieta profunda en la roca de la que puedan emanar
gases tóxicos.

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Contra el T.T.I.P.

NO A LA LEY MORDAZA

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Las Musas

Canta de nuevo tu poema Erato que Calíope la de la bella voz, hará grande,
celebra Clío tu voz mientras los trinos de la flauta de Euterpe acarician la mágica noche.
Baila Terpsícore y Polimnia y van trazando círculos de ondas en el lago azùl mientras
sonríen los brillantes ojos de Talía haciendo brotar flores con el blanco rocío
que las lágrimas en su risa provocan. Mas de nuevo Melpómene llora la ausencia de Selene
aunque Urania mira al cielo sabiendo que esta volverá. Una vez mas el bosque cobijaba
al etereo corro de las bellas ninfas hasta que el primer rayo de sol las conviertan
en inspiración del arte, de poetas y amantes, en auténticas Musas del pensamiento y la creación.
La siguiente noche, volverían a brillar las pequeñas lumbreras mas alegres porque volvió Selene
para inundar con su luz el suave claro del bosque sagrado de las sabias ninfas…

Eran nueve diosas hijas de Zeus y de Mnemosine que protegían las artes, las ciencias y las letras. Nacieron en la cumbre del Piero pero moraron sucesivamente por dilicón, Beocia y en Macedonia. Cada una de las nueve Musas estaba especializada en un tema diferente. Calíope defendía la poesía heroica por lo que solía portar obras como la Odisea, la Iliada o la Eneida. Clío presidía la historia y se encargaba de poner de relieve las grandes hazañas del mundo. Melpómene inspiraba la tragedia e iba vestida como una sobria y gran actriz dramática con una maza que indica que la tragedia es un arte difícil que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa. Talía iba caracterizada de forma equivalente a un payaso de la actualidad pues era la musa de la comedia. Euturpe, siempre con su flauta, era, pues, la especializada en la música y se relacionaba mucho con Terpsícore, diosa de la danza. Erato inspiraba la poesía lírica y amorosa por lo que iba caracterizada como Eros en algunas ocasiones y con un laúd, instrumento que ella inventó y una corona de rosas y mirto en otras. Polimnia, en actitud pensativa, defendía la poesía sagrada. Por último, Urania, musa de la astronomía, iba acompañada de un globo terráqueo y de un compás para medirlo. Debido a sus grandes capacidades hubo diversos intentos de dominarlas y recluirlas, o incluso, vencerlas en capacidad artística. Lo primero fue intentado por Pireneo, rey de la Fócida, quien cuando las Musas paseaban solas muy alejadas de sus moradas y en pleno vendaval les ofreció asilo y cuando éstas aceptaron, las encerró en su palacio. Sin embargo, antes de que el tirano pudiese consumar ninguna de sus fechorías, las nueve muchachas se proveyeron de alas y lograron escapar, provocando la muerte de Pireneo mientras las perseguía. Por su parte, lo segundo fue intentado por las Piérides, hijas de Piero, rey de Macedonia que apostaron diversos territorios con las Musas a que serían mejores que ellas en el canto y la poesía. Las Piérides trataron sobre las luchas entre Zeus y los titanes pero sin ritmo, ni gracia, ni vida, ni concordancia. Las Musas, por su parte, trataron sobre el poder de Zeus y la desesperación de Démeter y en cuanto terminaron, las ninfas, que eran el jurado, le dieron la victoria. Entonces, las hijas de Piero se abalanzaron sobre las ganadoras pero al momento se convirtieron en urracas, conservando bajo esa forma su temperamento y charlatanería.

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Hans Zacka, pictor austriac (1859 -1945)

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Al pulsar en la imagen de las musas, podrán escuchar la obra de teatro de
Carlos Ferrari, las nueve tias de Apolo

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NO A LA LEY MORDAZA

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Dos mujeres

Cuenta Esopo, un escritor de fábulas de la Antigua Grecia, que en épocas antiguas, cuando los hombres podían tener varias esposas, un hombre de mediana edad tenía una esposa vieja y otra joven.

Las dos lo querían mucho a su manera, y cada una de ellas deseaba que el hombre tuviera una edad parecida a la suya.

El cabello del hombre empezó a encanecer con el tiempo, poco a poco. Esto no gustaba a la mujer joven porque lo hacía demasiado viejo para ella. Así que todas las noches lo peinaba y le arrancaba todas las canas.

La vieja, en cambio, veía complacida cómo el cabello de su marido, encanecía, ya que a ella no le gustaba que, a veces, la tomasen por su madre. Por este motivo, todas las mañanas lo peinaba y le arrancaba todos los cabellos negros que podía.

La consecuencia es fácil de adivinar. En poco tiempo la cabeza de aquel hombre se quedó sin pelo.

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