Mi patria es todo el mundo.

Fe

Y La Palabra se hizo canto…

Y La Palabra Se Hizo canto, y la voz sentimiento y canción…

    «Aquello fue lo que se dice un suceso inesperado. Un disco grabado en tres días, del que sus protagonistas habían perdido la pista, si no la esperanza, aparece por sorpresa y sin promoción alguna en las tiendas, y en el plazo de unos meses se convierte en un insospechado éxito de ventas. Y no solo eso, aquellas canciones flamencas, bulerías más o menos lentas o tangos, portadoras de una lírica tan popular como exquisita, se insertan rápidamente en la vida cotidiana para iluminar el tiempo nuevo que venía, ponerle versos al amor y música al paisaje.
Corría el año 1975, y el régimen franquista atravesaba sus últimos meses (el dictador fallecería ese mismo año). La exigencia de cambio cobraba múltiples formas y la música no estaba al margen. Y entonces aparecen Lole Montoya y Manuel Molina, los dos gitanos guapos y bien plantados, hijos de artistas y herederos de familias de fuste. Él, además, con la experiencia del grupo de rock sevillano Smash en la mochila. Llegan trayendo unas canciones llenas de frescura que, de forma involuntaria, vienen a colmar los amplios deseos de transformación: “El sol joven y fuerte/ ha vencido a la luna/ que se aleja impotente/ del campo de batalla” (Nuevo día).[…]
La guitarra de Manuel sonaba flamenquísima, pero distinta, con un llamativo uso de los silencios y de la síncopa, y una forma de ralentizar los tiempos que, vista desde el presente, sigue resultando avanzada. La voz de Lole era un portento de claridad y luz, con una fuerza en los altos que hacía saltar las agujas de las mesas de sonido, según cuenta el productor de sus discos, el sevillano Ricardo Pachón. Las letras de Juan Manuel Flores, de una estética naturalista muy cercana a un cierto hipismo aún en boga, gozaban además de una enorme plasticidad y fuerza evocadora. La fórmula no era premeditada, pero funcionó a la perfección».

Lole Montoya


Lole Montoya, la que se hizo popular en toda España siendo pareja de Manuel Molina, nació durante la primavera de 1954 en una trianera calle de Sevilla llamada Evangelista. Muy probablemente, ni su padre, Juan Montoya, bailaor, ni tampoco su madre, Antonia Rodríguez  ‘La Negra’, cantaora y bailaora nacida en Orán (Argelia), se imaginaban entonces que con el paso de los años su pequeña Lole iba a llegar a ser precisamente eso: evangelista. Gracias en parte a que su familia, de raza calé, era “uno de los grupos más intensos y compactados del mundo del Flamenco”, Lole pudo tener el privilegio de curtirse desde muy pequeña en tablaos del prestigio de Los Gayos (en Sevilla) o Las Brujas (en Madrid). Lole también llegó, ya como adolescente, a compartir el mismo escenario con gente de la talla de la Perla de Triana o el Camarón de la Isla -a este último íntimo amigo de la que llegaría a ser la pareja Lole y Manuel, en 1994, le dedicarían una canción titulada “Arriba el Cielo”. Manuel Molina, ese prodigioso guitarrista y poeta con quien Lole -rompiendo con las tradiciones gitanas- contrajo matrimonio, había estado en Smash: un grupo de los 70 fundamental en lo que después se conocería como rock andaluz. Nunca hicieron un flamenco ortodoxo, por el contrario les acusaron de hacer un “flamenco equivocado”. Por otro lado tampoco han pertenecido a la nueva generación de “jóvenes flamencos”, “estos jóvenes -que en palabras de Manuel- están demasiado revolucionados, desfasados, locos perdidos”. El comienzo de la discografía de la pareja, que se produjo en 1975 con la edición de un disco titulado “Nuevo Día” (Movieplay), coincidió con un sorprendente éxito que les permitió verse favorecidos por el público desde el principio.


Éxito que continuaría durante los siguientes ocho años, con la sucesiva edición de sus trabajos: “Pasaje del Agua” (CBS),”Romero Verde” (CBS), “Al Alba con Alegría” (CBS) y “Casta” (CBS). Raimundo Amador (de Pata Negra), El “niño” Jero, Alvaro (de Dulce Venganza) y Manolo Marinelli (de Alameda) son sólo algunos nombres más de entre los muchos que figuraron como colaboradores durante esos años. Sin embargo, los cientos de colaboraciones, de aplausos, de galas y de discos de éxito vendidos no fueron suficientes para mantenerlos juntos y a finales de 1986, dos años después de la publicación de “Casta”, deciden separarse. En esta misma época, y por uno de esos extraños reveses que da la vida Lole pierde en poco tiempo casi todas sus posesiones. “Dentro de un año me iré con Cristo” le diría a Felipe Campuzano, ahogada en la comprensible crisis a la que se vio sometida. De visita en una casa de empeños la cantante -según cuenta- se encontró un libro negro, una Biblia, y en 1987, un año después de la separación y después de una larga búsqueda, ese mismo libro provocaría en su vida un brusco y radical cambio. “El día que me convertí (al cristianismo) -decía ella-, leía la Biblia mientras encontraba la confirmación a muchas cosas que antes sentía… Yo, como mujer, tengo que reconocer mis fracasos, mis errores; todo hombre y todo político, y todo príncipe tiene que reconocer sus errores… Quiso Dios que me viera sin todo lo que tenía para encontrarle a El”. En ese mismo año, ahora separada de Manuel, comienza a asistir a una pequeña iglesia evangélica en la calle Canal de Sevilla. Iglesia en la que permanecerá más o menos oculta a los ojos del gran público durante una temporada, durante la cual tan sólo apareció -para sorpresa de todos- en reuniones organizadas por las iglesias evangélicas o en entrevistas centradas casi exclusivamente en su última y decisiva experiencia.
   “Todo gira en torno a sus pensamientos religiosos, y en cada una de sus respuestas siempre tiene pendiente a Dios”, escribía uno de sus entrevistadores. La prensa, sorprendentemente, recibió los cambios de Lole con un enorme respeto en comparación al menos con el tipo de reacción que los medios de comunicación suelen tener ante este tipo de conversiones. Y aunque no faltaron, claro está, los escépticos, tampoco le faltó a la cantante el carácter con el que tratarles: Lole -Sí (la mujer gitana) tuviera conocimientos espirituales, seguramente se sentiría realizada”. Periodista -¿Quiere decir culturales? Lole -Quiero decir lo que digo: espirituales. Sin ellos la cultura sirve de poco. A mi me interesa el conocimiento profundo, saber por qué y para qué has nacido. Dos años después, tras cinco años de aparente silencio, Lole Montoya vuelve a la escena del espectáculo, esta vez abrazando el más puro estilo árabe clásico. Y es que desde su infancia, por la influencia de su madre, había tenido mucho contacto con el mundo y la música árabe. Contacto que marcó su carrera profesional, de forma que -entre otras muchas cosas curiosas- llegó ser invitada por el rey Hassan a cantar en su palacio de Rabat. “¡Lole Montoya canta únicamente música árabe!” -exclamaba la prensa y también algún espectador que había acudido con la esperanza de oír nuevamente sus bulerías en el popular escenario del Cuartel del Conde Duque (en Madrid). “Cristo es el artista”, dijo ella ese mismo día, para después oír a alguien contestarle desde el público: “Canta por bulerías y nos vamos”. “Digamos que han sido unos años un poco especiales en los que me he dedicado a disfrutar de mi evolución personal”. Aunque no se descarta una posible vuelta con Manuel, la incertidumbre en cuanto a su futuro no le impide grabar una cinta de muy corto presupuesto titulada “Sigue Vivo” (Kroma, 1991) y enfocada más al nivel de la iglesia evangélica en España. Por fin, el 8 y el 9 de febrero de 1991, se produce un primer reencuentro artístico de Lole y Manuel, y esto, por todo lo alto en el teatro Lope de Vega de Sevilla. No era este, como tampoco lo serán los siguientes, un reencuentro defínitivo. Después de todo esto la pareja vuelve a desaparecer para volver a reaparecer en 1992 con la interpretación de algunos fragmentos del Amor Brujo de Falla.

 De este acontecimiento quedó para la historia una grabación editada por Pasión con el irónico título de “Lole y Manuel cantan a Manuel de Falla”; irónico digo pues el papel de Manuel se redujo al de un cuestionable ‘director de producción’. El siguiente paso lo darán dos años después, en 1994, cuando Virgin Records hace un magistral lanzamiento de la sexta grabación oficial de Lole y Manuel juntos, titulada “Alba Molina” en honor a su hija de quince años que tenían en común. “Nunca la vuelta de unos artistas había despertado tanta expectación tan sólo con la noticia de su regreso”, rezaba un titular. Este trabajo les había llevado en realidad cuatro años de esfuerzos, tiempo que Lole también había utilizado como retiro “espiritual”, una palabra que -por cierto- utiliza incansablemente. “Nuestro silencio se ha debido a una búsqueda personal. Hubo un momento en que se me cerraron las puertas y me di cuenta de que yo tenía que alimentar mi espíritu. Ahora el Señor ha abierto mis puertas para cantar… Estoy haciendo mi vida espiritual y me va muy bien. Lo que pasa es que Dios aprovecha mi arte, y yo se lo tengo que dar al Rey de Reyes y Señor de Señores”. Como siempre, y también en los 90, con su música, además de comer, Lole trata de dar un mensaje: “Vale eso de “…una rosa es una rosa…” -dice ella citando una canción de Mecano-, pero ¿no tienes nada mejor, no se puede dar nada mejor?”. Pero la Lole de los 90 tiene una gran diferencia con la de los 70. “Una Lole totalmente distinta en el sosiego -decía un periodista-, la serenidad, ha enriquecido sus formas expresivas”. “Antes yo estaba viva, pero mi espíritu estaba muerto… Ahora sí que todo es de color” -decía ella.

Esta si que es la mas grande
dijo la rosa lunera…
mientras fenecía de envidia
Sevilla y la noche entera
Si todo es de color,
cuando en ti llueve la gracia
en mí se muere el dolor
mientras el cariño abraza
los ecos de tu canción

CITAS

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Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, Juan 8:31-38

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ni secreto que no llegue a saberse”. Evangelio de Lucas 12:2

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Fachas, pijos y meapilas


La Divina Comedia (versión española) from Sebastian Cardemil Muchnik on Vimeo.

Hará mas de un año coincidí con Santiago Abascal en la Feria del Libro de Sevilla. Hay veces que el destino gasta bromas de muy mal gusto y aquella vez fue una de esas veces.

A decir verdad, no me sorprendió la multitud de gente que se amontonaba en aquella fila que parecía no tener fin y que se enredaba con otra, provocada por la presencia del humorista Pablo Carbonell, dos casetas más allá. No me sorprendió, ya digo, por ser costumbre en la Feria del Libro de Sevilla, donde los que más libros firman no son precisamente literatos.

En todo caso, lo que me pareció sorprendente fue comprobar que la mayoría del personal que se acercaba a estrechar la mano de Santiago Abascal, y a llevarse su libro firmado, fuesen gentes de origen humilde, clase trabajadora sin conciencia de clase, dispuesta para servir con gusto al patrón, al capital y a toda la cuerda de verdugos financieros. Hablé con algunos de ellos y su expresión discursiva era tan simplona como propia del pensamiento limitado que podemos encontrar en las páginas de Google .

Aquel día de Feria, llegado el momento más álgido de mi cabreo, solté la cuestión en voz alta: “¿Hay algo más tonto que un obrero de derechas?”… A lo que mi querido amigo, el editor Gonzalo respondió: “Sí, claro, un obrero que vota al PSOE pensando que está votando a la izquierda”. El asunto no tiene gracia, es para reflexionar, pues, hace unos días, Santiago Abascal, lider de VOX, lo petó en el centro. Este, se llenó de hombres y mujeres con cañas de pescar de donde pendían banderas rojigualdas made in China. No es que los fachas vuelvan, es que nunca se fueron.

Son gentes de a pie, en su mayoría; hombres y mujeres sin conciencia crítica, que no ven más allá de un trapo rojigualda y que señalan al inmigrante como el culpable de la tasa de desempleo de los españoles. Porque todo imbécil que se precie y que no tiene algo por lo que pueda mostrar orgullo, se refugia en el último recurso que le queda, es decir, el de vanagloriarse de la nación en la que, por azar, ha nacido. Algo así vino a decir Schopenhauer y, después de ver lo que está sucediendo, yo lo suscribo. No es para menos.

Veo pasar un tipo mayor, atado a una perrita con lazitos en la cabeza y me pregunto: -¿Hay cosa mas triste que un pobre harto de pan…?

No podemos olvidarnos de esta cultura urbana, los pijos, aunque presenten características diferentes a la de los demás y quizá no se puedan catalogar como tribu urbana, en el sentido de no destacar por su uniformidad y sentimiento de grupo, por ejemplo.

· Origen: La palabra pijo ha existido en España desde hace varias décadas, y puede hacer referencia varios tipos de personas según cómo se acepte el término:

Por un lado, se suele llamar pijos a personas con mucho dinero que lo gastan en ocio y en gastos supérfluos. Según esta acepción, el poseer dinero es uno de los factores determinantes para poder pertenecer a esta privilegiada tribu, aunque hoy en día se han sumado a este grupo una gran cantidad de imitadores, que sin poseer grandes cantidades de dinero intentan aparentar tenerlo.

Por otro lado, la otra acepción de pijo es la de las personas, generalmente jóvenes, que siguen las modas impuestas por la publicidad y los mass media, y solamente prestan atención a las apariencias. En latinoamérica a esta subcultura social se les llama fresas o chetos.


· Atuendo característico: El pijo se ve obligado a prestar continua atención a su impecable presencia, y sigue las modas que van cambiando de un año a otro.

Hemos de hacer aquí distinción entre el atuendo masculino y el femenino. Para los hombres lo ideal es: pantalón de pinzas o vaquero planchado, camisas de rayas hechas a medida, jerseys de lana sobre los hombros con las mangas atadas sobre el pecho, calcetines de rombos y zapatos mocasin. Todo ello aderezado con abundante gomina. Para la mujer: blusas vaporosas o camisas masculinas, falda por encima de la rodilla o por debajo según la moda vigente, tejanos ligeramente ajustados, trajes de chaqueta, pañuelo estampado de seda natural, cadenas y anillos de oro y melena lacia. Para ambos sexos existen una serie de complementos indispensables como son: gafas de sol, relojes, coches pero no de cualquier marca, sino de aquellas con las que se sienten identificados sobre todo a través de la publicidad y por las que los demás les identifican.

· Actividades e intereses: Algunas actividades tradicionalmente asociadas a estas personas son los deportes como el tenis, sky o padel, o determinados géneros músicales como el pop.
· Ideología: Los pijos no tienen una ideología uniforme, aunque se les suele criticar por su conformismo ante lo que sucede en la sociedad.

Su estilo fue incordiar a la administración. Era un cobarde, lo que no impidió que se entintara las manos denunciando la intolerancia en todos sus escaños, y sobre todo en ese cubículo particular con el cartelito de religioso en la puerta y que lo llevó a empuñar su grito de guerra contra esa horda con crucifijos y sotana: “Aplastad al infame”. Aunque en francés suena más chirriante, “Écrasez l’infâme!”. La Iglesia, como institución, claro, sigue tan infame como de costumbre, pero el escritor que combatió sus dogmas y su intolerancia sigue tan cortante y en plena forma; los siglos le hacen cirugía y lo rejuvenecen cada tanto, de allí que no pierda un ápice de vigencia. Con la muerte de los humoristas de la revista Charlie Hebdo a manos de terroristas religiosos, su Tratado sobre la tolerancia sigue ofreciendo una luz para enfrentar la oscuridad con la cual manchan la existencia los fanáticos de todo pelaje.

Su nombre de bautismo, horroroso por lo demás, François-Marie Arouet, lo llevó a elegir un seudónimo, sin mencionar que con su histrionismo sin recato era natural que eligiera un falso nombre para brillar; como hacen los actores y actrices del cine actual, y por eso surge Voltaire.

Se teoriza que es un anagrama de su nombre; lo cierto es que es un falso nombre, preciso, con pegada y sonido que recuerda un poco la revuelta, todo eso que se coloca de cabeza. Y eso iba a realizar Voltaire con sus cuentos, sus obras teatrales y su obras históricas (con más de telenovela que de historia), ponerlo todo “patas arriba”.

MEAPILAS FACISTOIDE

Fue el primer escritor que entendió que necesitaba un público en el que se mezclaran admiradores y detractores por igual; amigos y enemigos en dosis proporcional. Por eso sus piruetas de actor y sus frases de ingeniosos filos fueron abonándole el terreno para hacerse de un auditorio. Su sabiduría/filosofía, comparable a las disertaciones de borracho de bar de mala muerte, siempre eran asertivas: “La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”, “Decimos una necedad, y a fuerza de repetirla, acabamos creyéndola”, “Hay que saber que no existe país sobre la Tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas”, “A los muertos se les debe respeto, a los vivos, nada más que verdad”, “Cambiad de placeres, pero no cambiéis de amigos”.

Si Voltaire estuviera vivo hoy de seguro tendría un blog, descargaría sus invectivas por las redes e incluso estaría en Instagram. Brillando, siempre iluminado y luminoso.

El Diccionario de la RAE da como acepción al término ‘meapilas’ el de ‘santurrón’ con ánimo de señalar a alguien que es exagerado en sus actos de devoción religiosa. El término procede de juntar las palabras mear (orinar) y pila (receptáculo de las iglesias que contiene agua bendita y se utiliza tanto para persignarse como en el sacramento del bautizo).

Comenzó a utilizarse el término ‘meapilas’ para referirse a aquellos beatos de misa y confesión diaria, ya que se creía que de tanto ir a la iglesia y persignarse con el agua bendita acabarían orinándola.

Desde un tiempo a esta parte se le cambió el sentido original y es frecuente escuchar la expresión ‘ese es un meapilas’ con la intención de señalar la poca importancia del mismo e indicar que está falto de personalidad. Aunque cabe destacar que no se sabe a ciencia cierta el momento y motivo por el que la expresión meapilas pasó de utilizarse para referirse a los ‘santurrones’ y acabó usándose para indicar que alguien era insignificante.


Un político drogata,
un cura que es tocón,
un monarca putero
y tol mundo votando a Vox.
Después la culpa pal reggueaton,
después la culpa pal reggueaton.
Después la culpa pal reggueaton.
from anabel amiens on Vimeo.

FASCISTAS
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A quien corresponda.mpg from anabel amiens on Vimeo.

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Orgullo de Andalucía tres franjas tiene su enseña
Verde, como río que pasa por campos de verde hierba
Blanca, cal y sal de plata, casas de un pueblo que sueña
Y Verde cual esperanza que en el mañana despierta.

Desde la sombra de siglos, su silueta al viento ondea
mientras dibuja la gloria que en su libertad ya vuela
en su historia milenaria, de Tharsis hasta la vega
del Guadalquivir que guarda Melcart en tronos de seda.

Cansado de vuelta al país ufano
ando entre olivos que el viento mece,
¿Acaso no son vida y muerte rumores en curso?…
¿habrá alguien mas que los contemple?…

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El negocio de la fe

El negocio de la fe
Vida ántes de la vida es igual que muerte ántes de la muerte.

Según las sagradas escrituras En la Biblia, la palabra alma traduce el término hebreo néfesch y el griego psykjé. El término hebreo puede significar literalmente “criatura que respira”, y el griego suele transmitir la idea de “ser vivo”, “persona, individuo”. * Por tanto, puede decirse que el alma se refiere al propio ser, a la criatura o la persona en su totalidad; no a algo que tengamos en nuestro interior y sobreviva a la muerte del cuerpo.
El alma ciertamente puede morir. Decenas de pasajes bíblicos así lo demuestran. He aquí algunos ejemplos.
La Biblia dice: “El alma que peque, ésa morirá” (Ezequiel 18:4, 20, La Biblia de las Américas).
Refiriéndose al castigo que le esperaba al israelita que cometiera alguna de las ofensas más graves, la Ley decía: “Aquella alma será cortada”, o “tajada” (Éxodo 12:15, 19; 31:14, Reina-Valera, 1909; Levítico 7:20, 21, 27, Biblia de Ferrara). En Levítico 19:8, La Biblia de las familias católicas describe el mismo castigo con estas palabras: “Aquella alma perecerá”.

A lo largo de la historia, el hombre ha manifestado en multitud de formas su repugnancia a la idea de extinción total de la conciencia que implica la muerte.

No es ningún secreto que la supervivencia en el más allá ha sido el motor y fundamento de la mayoría de las religiones.
Sin embargo, no deja de ser curioso que en ciertas culturas no haya existido tal expectación de inmortalidad, o por lo menos, de supervivencia post mortem. Así, por ejemplo, los hebreos inicialmente no incluían en su doctrina la creencia en un alma inmortal. Sola­mente después de su estancia en Egipto, surge en ellos el concepto de la inmortalidad. A pesar de esto, ciertas sectas judías, como la de los saduceos, rechazaban la existencia de un alma eterna ya por la época de Jesucristo.
La mayor parte de las religiones modernas postulan la inmortalidad del alma como una cuestión de fe, y la evidencia que presentan al respecto se basa siem­pre en manifestaciones abiertamente milagrosas o sobrenaturales. No obstante, ha surgido un grupo, cuyas ideas han alcanzada cierta difusión en los últimos diez años, que afirma poseer pruebas científicas de que existe la supervivencia conciente del individuo después del momento de la muerte.
Este grupo, que cuenta con el apoyo oficial de la revista Reader’s Digest, ha iniciado un movimiento casi místico con fuertes tintes seudocientíficos. Su iniciador fue Raymond Moody, norteamericano que, en 1975, lanzó su éxito de librería denominado Vida después de la vida.

Moody, quien es médico siquiatra, basa sus hipótesis en la descripción de las experiencias de un gran número de casos de pacientes que han sufrido la llama­da muerte clínica al ser sometidos a operaciones quirúrgicas o al haber sido víctimas de accidentes o traumatismos.
Moody describe una experiencia mortal típica como sigue: En el momento de mayor incomodidad el paciente, semiinconsciente, escucha que el médico lo decla­ra muerto. A continuación percibe un molesto y fuerte zumbido y se siente absorbido y arrastrado a lo largo de un profundo túnel.
Es entonces que se da cuenta que posé un nuevo cuerpo, con poderes muy distintos, y que puede ver a su antiguo cuerpo yaciendo en el lecho, rodeado del equipo médico de resucitación. Su punto de vista está muy por encima y alejado de su ya inminente cadáver. Puede observar a sus parientes y amigos fallecidos y se encuentra con un ser muy luminoso, un espíritu “cálido” y amable el cual le ayuda a rememorar, en forma instantánea, los acontecimientos de su vida pasada. Se apodera de él una sensación de sapiencia total… la sabiduría de siglos. Finalmente, alcanza una barrera, en la que, contra su voluntad, se le hace volver a su hospitalizado cuerpo. Después de ser revivido, el sujeto queda muy afectado emocionalmente y pierde el temor a la muerte.
Alcock, El sicólogo James E. Alcock se ha encargado de investigar lo que hay de realidad en las afirmaciones de Moody y de otros impulsares de las teorías de la vida después de la vida, como Currie, Osis, Haraldsson y Kubler-Ross.



Primeramente, Alcock descubrió que las encuestas que supuestamente apoyaban estas ideas adolecían de muchos defectos metodológicos. Por ejemplo, los cuestionarios se dirigían a los médicos y a las enfermeras, y no a los pacientes. Se les preguntaba en general si sus pacientes habían visto tal cosa u otra al estar al borde de la muerte. De esto lo única que se puede deducir es que algunos médicos recuerdan a algunos pacientes que tuvieron algunas experiencias de seudo­muerte.
También detectó Alcock que Moody mismo acepta que hay pacientes que describen las mismas experien­cias en situaciones en las que la vida no estaba en peligro. Esto lo explica Moody diciendo que las drogas, medicamentos y las experiencias místicas pueden llegar a “disparar el mecanismo que deja escapar el alma del cuerpo”.
Alcock describe también las condiciones del organismo y de la mente cuando se encuentra el individuo en estada de sueño ligero (hipnagógico).

En esta situación la mente puede formar imágenes como figuras geométricas, luces, colores brillantes, rostros humanos conocidos o desconocidos y hasta paisajes bellos y grandiosos.
También revisa Alcock las investigaciones que se han realizado sobre las alucinaciones que se sufren bajo la influencia de diversas drogas o en estados de alteración nerviosa grave. Alcock halló pruebas de que una de las imágenes más comunes que surgen es la del túnel y la de una revisión mental panorámica de acontecimientos de la vida pasada del paciente. No hay duda de que las alucinaciones ordinarias contienen todos los elementos descritos por Moody como visiones del más allá.
Finalmente, se puede llamar la atención acerca de la naturaleza profundamente influenciada por aspectos culturales que tienen las experiencias de casi muerte.

Un anciano blanco, barbado, vestido con una túnica, canoso y de ojos azules le pregunta al presunto difunto: “¿Qué has hecho de tu vida, hijo mío?”… Esto suena lógico para un norteamericano de la clase media. Pero si se trata de un niño etiope que ha muerto de hambre a los ocho años de edad… ¿también llegará el anciano caucásico a preguntarle cómo aprovechó su vida?…
Alcock concluye su análisis señalando algunos riesgos que involucran esta y otras creencias seudocientificas similares. Existe por lo menas un caso documentado de un suicidio, el de una madre que intentó confiadamente reunirse con su hija fallecida, influenciada par las ideas de Moody y socios.
Hay también algo más que molesta a Alcock, y es la extraña necesidad que tienen quienes impulsan esta mistificación de obtener evidencia sólida para apoyar su fe religiosa, engañando al lego con fines claramente proselitistas.
Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz.
2 Corintios 11:14

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32
Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Marcos 8:36

La monja carmelita Charlotte Wells destapó rituales de iniciación y sacrificios satánicos en convento y El Vaticano

El Mago
(Audio)

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