Mi patria es todo el mundo.

España

Vientos del pueblo / Wind of the people

Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa,
delante de los castigos: los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.


No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones, desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?


Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría y castellanos de alma,
labrados como la tierra y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas;


extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza, aragoneses de casta,
murcianos de dinamita frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería, señores de la labranza,


hombres que entre las raíces, como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.


Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara,
la del animal varón toda la creación agranda.


Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes y decidida la barba.


Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles y en medio de las batallas.

descripción

Wind of the people


Winds of the people carry me along,
winds of the people pull me along,
they sprinkle my heart about
and bring air to my throat.

Oxen bow down their brows,
impotent and meek,
when punished:
lions raise theirs
and at the same time they inflict punishment
with their clamorous claws.

I am not from a people of oxen,
I am from a people who embody
ancient settlements of lions,
high passes of eagles
and mountain ranges of bulls
bearing pride as their flag.

Oxen never prospered
on the barren plains of Spain.
Who said they would throw a yoke
round the neck of this race?

Who has ever yoked or hobbled
a hurricane,
or who has held lightning
prisoner in a cage?

Asturians of bravery,
Basques of reinforced stone,
Valencians of joy
and Castilians of soul,
worked like the earth
and with the grace of wings;

Andalusians of lightning
born amongst guitars
and forged on the
torrential anvils of tears;

Extremadurans of rye,
Galicians of rain and calm,
Catalans of firmness,
Aragonese of age-old caste,

Murcians of dynamite
planted like fruit trees,
Leonese, Navarrans, masters
of hunger, sweat and the axe,
kings of the mines,
lords of labour,

men who, amongst the roots,
like valiant roots yourselves,
go from life to death,
from nothing to nothing:

there are people who, like weeds,
want to put a yoke on you,
a yoke which you must leave
broken across their backs.
Twilight of the oxen
dawn is breaking.

Oxen die clothed
in humility and the smell of the stable:
eagles, lions
and bulls die clothed in pride,
and behind them, the sky
neither clouds over nor comes to an end.

The death-agony of oxen
has a small face,
that of the male animal
enlarges all of creation.

If I die, may I die
with my head held high.
Dead and twenty times dead,
my mouth against the wild grass,
I will have my teeth clenched
and my jaw resolute.

Singing I await death,
for there are nightingales that sing
above the guns
and in the midst of battles.

Ataque a la libertad

En la mañana de este jueves, Google eliminó todas las cuentas de la cadena de noticias internacional HispanTV,
tanto en Youtube como en Google Plus. Mediante un correo, la compañía estadounidense especializada en productos y servicios relacionados con Internet, califica de no permitido el envío de spam, incluido el envío de contenido
publicitario o comercial no deseado, ni de solicitudes en masa no deseadas. Hace tres meses, Youtube había bloqueado la transmisión en vivo de HispanTV.

No es la primera vez que esta cadena es víctima de censura. En 2012,
el proveedor español de satélite Hispasat dejó de dar servicios a HispanTV y PressTV.

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Un mundo infeliz

“El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás”.

Aldous Huxley

No sé lo que opinaría de nosotros, la humanidad, si alguien pudiera observarnos desde el espacio exterior, y no me refiero a ninguna clase de ente divino, sino a un tipo de inteligencia extraterrestre. El estudio del ser humano como especie no dejaría de causarle asombro, risa y pena y un poco de repugnancia también. Al no tener implicaciones humanas, podría ser objetivamente crítico e imparcial, algo que una persona, por muy ecuánime que pretenda ser, es imposible que lo consiga.

Bien, dicho esto, pasemos a las conclusiones que supuestamente podría obtener en su análisis del peculiar bípedo que habita como especie predominante en ese remoto e insignificante punto azul pálido que es el planeta Tierra.


Para empezar, observaría que físicamente el ser humano no es gran cosa. La mayor parte de los animales nos supera por mucho en algún aspecto corporal: son más fuertes, más rápidos, más resistentes y más naturales que cualquiera de nosotros. Sólo hay algo en lo que somos manifiestamente superiores: la inteligencia, la capacidad de razonar y comprendernos a nosotros mismos como individuos e indagar asimismo en el universo que nos rodea. Pero esta innata cualidad humana, en lugar de hacernos mejores y más nobles, nos ha hecho crueles y engreídos al otorgarnos un poder superior sobre los demás seres vivos.


En cuanto a la organización social de los humanos, no dejaría de pasarle por alto la mediocridad, cuando no la simple estupidez, bajeza moral y rapacidad de que hacen gala la mayoría de los dirigentes políticos de cualquier escala y nación. Me da igual, desde alcaldes de pueblo a jefes de Estado, si echas un vistazo general, la verdad es que el panorama resulta completamente desolador. Es difícil encontrar un líder de cierta talla, y cuando lo encontramos, por norma general solemos acabar matándolo. Entiéndase que me refiero a esa clase de personas singulares que, a modo de referentes éticos en el devenir histórico de la humanidad, nos aportaron valor, conocimiento y esperanza: Espartaco, Zapata, Gandhi, Durruti, Malcolm X, entre otros muchos, fueron algunos de esos héroes populares que se enfrentaron al poder y sacrificaron su vida por el bien común. Su ejemplo traspasa las fronteras e influye en millones de personas en todo el mundo. Me temo que apenas quedan líderes así hoy día, si es que existe alguno. Al igual que el lince ibérico, son raros de ver, no pueden vivir libremente y corren peligro de extinción.


No soy partidario de la figura de un jefe como guía de masas, ni me gusta la figura tergiversada mesías redentor, aunque comprendo que algunos individuos, por su altura ética e intelectual, pueden servir de referencia e inspiración para mucha gente. De todas formas, creo que es mejor que cada uno piense y actúe por sí mismo. Que cada persona sea su propio líder natural. Pero ya sabemos que asumir esta responsabilidad es difícil, arduo y peligroso. Uno tiene que aprender a pensar por sí mismo y, peor todavía, debe hacerse responsable de sus propias decisiones. La sociedad no promueve la libertad individual. Por el contrario, prefiere un rebaño humano guiado por un pastor. No obstante, la fórmula se ha comprobado que únicamente beneficia a una minoría, la que ostenta el mando, en perjuicios de la inmensa mayoría, que apenas cuenta para nada y debe conformarse con obedecer dócilmente las órdenes del amo.


Es fácil comprobar la veracidad de mis palabras. Basta con leer un poco de historia o con echar un vistazo a la situación actual del mundo.


Miras a un lado y ves a Putin, un tipo de cuidado, con una mirada fría, siniestra y amenazante, forjado como agente soviético de la temible KGB; es abogado y político profesional, una mezcla de fatales consecuencias. Pobres rusos, si no habían padecido ya suficiente con los zares y los comunistas, ahora les toca experimentar en su carnes el capitalismo salvaje al estilo neoliberal. En muchos sentidos Rusia me recuerda a España, ambos son países sin suerte, con una historia atroz de gobernantes déspotas, corruptos e inútiles, sin la menor preocupación por el pueblo, al que tratan como si fuera escoria.


Para echarse a temblar son también los mandatarios de China y su aterrador ejército de generales bajitos con gorra de plato y el pecho cuajado de medallas, que han convertido a toda la nación en una gran fábrica que abastece de productos al mundo entero. Una cultura milenaria de miseria y opresión para el sufrido pueblo chino. Otro ejemplo especialmente aborrecible de jerarca tiránico es el hijo y heredero del anterior dictador norcoreano, ese cabeza de patata con un aspecto perversamente aniñado. O los brutales militares sudamericanos machacando a sus desgraciados pueblos golpe tras golpe, sin permitirles levantar la cabeza, siempre al servicio de una oligarquía opresora. África está sumida en un perpetuo horror de esclavitud, sangre y cadáveres masacrados desde hace siglos. Sin olvidar a la civilizada y culta Europa, que ha padecido dos guerras mundiales consecutivas y ha sido escenario de las peores atrocidades cometidas contra el ser humano. La verdad es que no sé hacia dónde dirigir la mirada; en todas partes es lo mismo: políticos que más que dar confianza dan miedo.


O bien podemos fijarnos en los fundamentalistas religiosos, ya sean de un credo u otro, judíos o musulmanes, católicos o protestantes, pues a pesar de que todos declaran que son religiones de amor, a la hora de la verdad no tienen escrúpulo alguno en asesinar piadosamente al prójimo cuando piensa diferente. No me explico cómo pueden contar con millones de fieles que obedecen como borregos a sus profetas y patriarcas. La falsedad resulta tan evidente, que no entiendo cómo alguien se puede tragar tal cúmulo de patrañas y engaños, sin más base que unos supuestos mensajes divinos que solamente unos pocos elegidos pueden interpretar para el resto de creyentes. La fe necesaria para creer nos exige dejar en suspenso la razón, o dicho de otra manera, las creencias religiosas requieren prescindir de nuestro rasgo más señalado: la inteligencia humana. La mente, ese gran misterio aún por desvelar, es la clave de la supervivencia, al permitirnos aceptar lo bueno y útil como verdadero y desechar lo malo y pernicioso como falso. Y las religiones, a mi entender, se encuentran dentro de este último apartado.


Ya sé que es simplificar demasiado un asunto complejo que ha preocupado al conjunto de los mortales desde sus albores; es más, el sentido trascendente de la existencia constituye uno de los rasgos que definen su humanidad. Pero es lo que pienso de esta superchería extendida por el mundo entero como una plaga.


No puedo concebir un Dios que consienta el sufrimiento del mundo. Un mundo en el que resulta muy duro vivir, sobre todo por el daño deliberado que el propio ser humano, en su estupidez y maldad, inflige a todo cuanto existe, empezando por sí mismo.?. Sinceramente, creo que nos iría mejor si nos deshiciéramos de tales mentiras y asumiéramos la verdad de la vida, aquí y ahora, y sustituyéramos las arcaicas, caducas e ilusorias creencias religiosas por una moral enteramente humana, basada en la dignidad y la libertad del individuo, un código ético de conducta que respetara los derechos individuales de cada persona y nos sirviera para vivir mejor unos con otros.


En este recorrido por la actualidad planetaria, tampoco podemos olvidarnos de la reciente estrella del firmamento político, el famoso y televisivo Donald Trump, el nuevo presidente norteamericano, en este caso empresario y político, dos términos que unidos deberían ser considerados opuestos, contradictorios y hasta ilegales. ¿Qué decir que no se haya dicho ya de semejante individuo?


No tengo la menor duda de que nuestro visitante estelar pegaría un salto en el espacio al comprobar quién dirige actualmente la Casa Blanca, uno de los mayores y más terroríficos centros de poder que existen en la Tierra. Y desde luego, cuando escuche hablar a Trump, con su estúpida, insufrible y malvada verborrea, pensará que la humanidad ha enloquecido al permitir que alguien como él ocupe un cargo de tanta responsabilidad. Es una vergüenza para el género humano que un personaje de su calaña pueda detentar algún tipo de poder sobre la gente.


Si ha comenzado su controvertido mandato entre manifestaciones masivas y fuertes críticas populares, no sabemos qué sorpresas puede depararnos en el futuro, pero sospecho que ninguna buena. Un chiflado megalómano, paranoide y psicópata de sus dimensiones puede llevarnos a la catástrofe.


Espero equivocarme por la cuenta que nos trae a todos, pero no me extrañaría nada que, tarde o temprano, acabe provocando una guerra sobre algún pobre país indefenso -si llega el caso, confiemos que sea a pequeña escala- como medio de subir en las encuestas de popularidad americanas. Es un viejo truco que se ha empleado con éxito garantizado en el pasado. Ya lo utilizaron algunos de los más nefastos presidentes estadounidenses -Reagan con la invasión de Granada y los bombardeos a Libia, Bush padre e hijo en las guerras de Iraq y Afganistán y Obama, sanguinario destructor de Libia y el Yemen, por ejemplo- aunque prácticamente la totalidad de gobernantes americanos ha recurrido, en un momento de crisis, a esta vieja estrategia populista. Qué importa un poco de sangre derramada si es por el bien de “América”. Lo importante es que las banderas ondeen al son del himno nacional. El fin está claro: conseguir que la población se olvide de sus problemas cotidianos y entregue sus libertades civiles rendidamente y sin cuestionar en manos de una autoridad salvadora. ¿Una exageración? ¿Un absurdo? Nada deseo más que equivocarme en mis funestas predicciones. Pero ahí está la historia para demostrar que es posible, demasiado posible.


Las personas somos fácilmente manejables y la clase dirigente tiene experiencia en manipular a la opinión pública a su antojo. El gobierno americano lo ha hecho en repetidas ocasiones. Lo hizo en la Primera Guerra Mundial, cuando EE UU era un país neutral y gracias al empeño del presidente estadounidense de entonces, Woodrow Wilson, otro abogado y político profesional, entraron a formar parte de la contienda. El hundimiento del transatlántico británico RMS Lusitania como elemento desencadenante de la entrada en el conflicto no fue más que un mero pretexto, ya que fue hundido en 1915 y Estados Unidos declaró la guerra a Alemania dos años más tarde. Yo me inclino a pensar que, como en la mayor parte de las guerras, fueron razones económicas y políticas principalmente las que llevaron a tomar tal decisión.


La Segunda Guerra Mundial fue ganada por los aliados, gracias sobre todo a los valientes americanos que vinieron a sacar las castañas del fuego a los pobres e indefensos europeos. Es cierto, el inmenso poderío militar norteamericano se empleó en hundir a la malvadas hordas nazis (que lo eran, indudablemente) liberando así al mundo entero para la democracia capitalista, como bien nos ha contado el cine en innumerables ocasiones. Sin embargo, esta historia mil veces repetida olvida un hecho fundamental: el sacrificio heroico de los soviéticos, pues no en vano murieron millones de ellos durante aquel terrible periodo.


Bien, no quiero ponerme catastrofista, pero la realidad es innegable. Podría continuar con un ejemplo tras otro: Corea, Vietnam, Cuba, Chile, Nicaragua, Granada (el país, no la provincia española, mediante la operación militar Furia Urgente), Libia, Iraq, Afganistán… ¿Adónde quiero ir a parar con este cúmulo de datos históricos? Sencillo, a que nos manipulan como quieren y nos usan como si fuéramos carne de cañón. Y lo peor de todo es que cuentan muchas veces con el propio respaldo de las ovejas que llevan al matadero.


En las contadas ocasiones en que la gente trabajadora ha tratado de sacudirse el yugo de sus amos y verdugos -la rebelión de los esclavos en la antigua Roma, la Comuna francesa o la revoluciones mexicana, rusa y española del 36, por citar unas pocas muestras- el fracaso ha sido completo. A lo largo de la historia, los rebeldes fueron sistemáticamente sometidos y aplastados. Pero lo que no pudieron, ni podrán jamás, es acabar con la esperanza de un mundo mejor. La idea permanece invencible: una ilusión que sirve para guiar a la humanidad doliente. Y esta utopía de justicia social es la que, a través de todo tiempo y lugar, ha encarnado el ideal anarquista. Pues allá donde se libre una lucha por la libertad y la dignidad del ser humano, para mí representa lo que entiendo por anarquismo.


De todas maneras, más preocupante que la maldad de los perversos, es la pasiva indiferencia de la gran mayoría silenciosa. Pienso si acaso tenemos los políticos que nos merecemos. Al fin y al cabo, no dejan de ser el reflejo de la sociedad cruel, injusta, desigual y enferma que hemos creado entre todos.


Otro importante tema a debatir es averiguar quién manda realmente en el mundo. Sabemos que los gobiernos tienen una esfera de influencia y poder bastante limitada, condicionados y sujetos como están por otros factores determinantes para la marcha de un país, como son primordialmente las grandes empresas multinacionales, los grupos de presión mediática y la banca, a los que hay que sumar los partidos políticos, sindicatos y religiones principales, cuyas cúpulas dirigentes influyen en mayor o menor medida en las decisiones políticas, sociales y económicas que afectan a toda la nación. La población común, es decir, la inmensa mayoría de nosotros, apenas tenemos nada que decir en este asunto. Se nos consulta en las elecciones para guardar las apariencias democráticas y basta. Luego, el político de turno tiene las manos libres para hacer y deshacer a su gusto, sin responsabilidad personal, sin rendir cuentas a nadie, sin respetar sus compromisos electorales. Y únicamente cuando nos empujan al límite, se encontrarán con la decidida y firme oposición de los ciudadanos. A nosotros nos reservan otra importante función: contribuir con los impuestos al sostenimiento del gasto general y soportar las decisiones de unos dirigentes que suelen gobernar en defensa de sus propios intereses de clase.


Las grandes empresas multinacionales ostentan uno de los sistemas de poder más importantes a escala mundial, por su volumen de actividad, por su capacidad de incidir sobre las economías nacionales, por su extensión global, por los millones de trabajadores que emplean y por la concentración en unas pocas manos de su capacidad directiva. Se trata de uno de los ámbitos de intervención más potentes que podemos encontrar en este momento.


Los inmensos recursos económicos que manejan sitúan a las grandes multinacionales por encima del PIB de muchos países. Por citar un dato revelador, dos de las mayores empresas españolas por ingresos son el Banco Santander y Repsol, aun estando situadas lejos de los puestos de relevancia entre las más ricas del mundo. Sin embargo, los beneficios anuales del Banco Santander superan con creces el presupuesto de naciones como Angola o Libia.


Las compañías multinacionales son explotadoras y agresivas con los países en los que operan. Los salarios de los trabajadores se reducen y sus derechos laborales son suprimidos, lo que hace que los costes de los productos sean menores. Su objetivo primordial es generar el máximo de beneficios, o lo que es lo mismo, enriquecer a un reducido grupo de personas a costa de la explotación de los trabajadores y de los recursos naturales, sin reparar en los medios utilizados, ya que el fin básico -ganar dinero- se impone por encima de cualquier otra consideración.


Además, destruyen el mercado nacional y local con su política de precios, imposible de mantener por los pequeños y medianos empresarios. Las grandes corporaciones utilizan su inmenso poder para adueñarse de los mercados, hasta que sus competidores son literalmente eliminados. Esta explotación desmedida y sin control está suponiendo un alto coste ecológico para el planeta. La destrucción de ecosistemas completos por parte de grandes industrias químicas, mineras y petroleras, se lleva a cabo con total impunidad, como pudimos comprobar en el vertido de petróleo en las costas gallegas, o peor todavía, con los miles de muertos y heridos ocasionados por el desastre de Bhopal en la India.


En esta alianza entre el gobierno, la banca y las grandes empresas, se fraguan medidas políticas y económicas favorables a sus intereses particulares en forma de ayudas millonarias, exenciones de impuestos y amnistías fiscales, regulaciones laborales y demás leyes y normativas encaminadas a incrementar su poder y riqueza. Estos poderes conchabados se dedican a explotar, exprimir y ordeñar hasta la última gota al contribuyente, a toda la masa de gente trabajadora y honesta que ha de ganarse la vida duramente con su esfuerzo diario. Somos nosotros y no ellos con sus cuentas millonarias y sus lujosas mansiones, los que hemos de afrontar la dureza de una existencia condicionada por una mala organización social y una pésima gestión de los recursos colectivos. Y el ingente tesoro nacional, toda la riqueza producida por los trabajadores, va a parar en gran medida al bolsillo de unos cuantos desaprensivos. Estamos hartos de las noticias que desvelan el gran negocio a escala mundial que se traen entre manos políticos, banqueros y empresarios, a costa como siempre de los mismos: tú y yo y todos nosotros, la gente que realmente mueve el mundo con su trabajo cotidiano.


Diversos colectivos populares, sindicatos, partidos, ONG y otras asociaciones, llevan a cabo campañas contra los abusos de las corporaciones industriales, pero el poder de estos gigantes es inmenso y poco pueden hacer. Para evitar la ruina y el caos hacia el que nos conducen inexorablemente, no basta con la débil oposición de estas organizaciones. Hay que luchar. Pero es una lucha que requiere de la unión y la participación de todos nosotros.


Y los sindicatos, ¿qué tienen que decir a todo esto? La verdad es que bien poca cosa. Acuden a las mesas de negociación como víctimas propiciatorias. La patronal se ha pasado por la piedra a los sindicatos y éstos permanecen mudos y ajenos ante el atropello al que son sometidos los trabajadores.


Sin embargo, no olvidemos jamás que el sindicato es la única defensa real y efectiva con que cuenta la clase trabajadora. Gracias a la lucha obrera se consiguieron la mayoría de las mejoras laborales: seguro médico, jornada de ocho horas, vacaciones, subidas salariales, convenios colectivos… Sin la ayuda y la fuerza que le ofrece la unión sindical, los trabajadores se verían totalmente perdidos. Retornaríamos a situaciones de vasallaje propias de un lejano pasado. Es fundamental volver a reflotar las asociaciones sindicales y crear organizaciones independientes, fuertes y unidas. Para nosotros, los trabajadores, es un empeño vital.


Bien, centremos ahora la atención en los españoles. Dirijamos la lente del telescopio espacial, no hacia las estrellas, sino hacia un pequeño país situado en el borde occidental de Europa, una península que compartimos con Portugal. España, mal que nos pese, es un país de segundo orden. Nuestras viejas glorias forman parte de un pasado remoto. La verdad es que no pintamos gran cosa en el orden mundial. Nuestro papel ha quedado reducido al de meros comparsas de las grandes potencias.


Y lo que podemos aquí observar tampoco resulta demasiado tranquilizador. La tan alabada democracia española, el menos malo de los sistemas políticos, según ha sido definido, mantiene las viejas estructuras de poder de la época franquista. Aplicando la vieja máxima de Lampedusa, cambiaron las cosas para que todo siguiera igual. Podemos comprobarlo fácilmente echando un vistazo a nuestros actuales políticos, banqueros y empresarios, muchos de ellos con raíces que llegan hasta la dictadura. Un apunte ¿Os habéis fijado bien en la cara que tienen la mayoría de nuestros dirigentes, en sus rostros faltos de humanidad? La verdad es que me estremezco sólo de pensarlo. Dan temor, desconfianza y asco.


La complicidad entre la política y los grandes poderes financieros posibilita que los ricos amasen ingentes fortunas, más allá de todo límite razonable. Como contrapartida, los gigantes industriales tienen en su cuenta a ex presidentes, ministros, políticos, jueces e intelectuales de diversa ralea. Además, mediante el control de los medios de comunicación se aseguran una cobertura positiva, de tal manera que es posible ver anuncios como el de Repsol, que más que una petrolera, cuyos beneficios pasan por diezmar la tierra sin miramientos como hace en realidad, parece un grupo ecologista dedicado al sostenimiento del planeta.


El grado de corrupción que impera en nuestro país en estos tiempos ha alcanzado cotas realmente alarmantes. La impunidad y la indecencia campan a sus anchas. Salvando las distancias, la situación actual guarda muchos paralelismos con la etapa gansteril americana de los años veinte. Podemos encontrar políticos corruptos y policías y jueces venales al servicio de una élite empresarial, que tal vez no deje muertos tirados en las calles, pero que tiene un poder letal mucho mayor que el de las bandas mafiosas durante “la prohibición”. Hay muchas formas de matar a una persona y no todas son claramente violentas. Pero violencia es dejar a familias sin cobijo, a trabajadores sin empleo, a enfermos sin atención sanitaria, a niños y ancianos sin los cuidados que necesitan. Es un tipo de violencia soterrada, que mata callando.


Cuando una persona pierde su trabajo, pierde estabilidad, se ve acuciado por deudas y por problemas de diversa índole, aunque su origen sea el mismo, en una serie implacable de dificultades a las que resulta imposible hacer frente: el cuidado y la manutención de los hijos, la hipoteca de la casa, la luz y la calefacción, el gasto del coche… Cuando un trabajador se queda sin empleo puede perder su hogar y, con el tiempo y la presión suficientes, puede incluso perder el norte y terminar haciendo algo irreparable. Está abocado a caer más fácilmente en la delincuencia. La pérdida del trabajo puede destrozar a una persona. Estar sin empleo mucho tiempo puede hundirte.


Lo sé por experiencia. He estado en paro varias veces, las suficientes para saber de qué va el asunto. En cierta ocasión, me largué de un empleo detestable que odiaba a muerte, poco después me echaron del piso por no poder pagar el alquiler y me vi en la calle. Acudí a pensiones y hostales, pero deseaba ahorrar hasta la última moneda y, además, esos lugares me resultaban fríos e inhumanos. Me deprimían. Así que durante una breve temporada, hasta que la suerte cambió, me estuve alojando en mi viejo Seat 1.200 Sport, estrecho y reducido espacio para alguien como yo, donde pasaba las noches en la apartada soledad de un parque público de las afueras de la ciudad.


Visto esto con la distancia suficiente, se me antojan locuras de juventud. Estaba solo por aquel entonces y nada me importaba demasiado. Sabía que tarde o temprano volvería a encontrar un trabajo, esperanza de la que muchos ahora carecen. Sin embargo, asomarme al abismo, me infundió miedo. Lo confieso sin ámbages. Me asustó pensar que podría verme sin techo y sin dinero para sobrevivir. Y no era una simple cuestión de merecimientos. Podía pasarle a cualquiera. Hasta a los mejor preparados. Bastaba un resbalón en forma de despido, enfermedad, accidente o cualquier otra contingencia inesperada, para rodar inevitablemente hacia el fondo de la fosa social.


Soy de esa clase trabajadora que necesita el sueldo diario para subsistir, es decir, para pagar y comer. Desde que comenzó la provocada crisis económica allá por el año 2008, hay más personas que piensan igual que yo. Todos hemos cobrado una mayor conciencia de la mala situación que vivimos. Todos somos más conscientes de que el rico es cada día más rico y el pobre cada día más pobre, y el que tiene un trabajo, aunque sea un empleo de mierda de los que tanto abundan actualmente, se puede considerar afortunado.


Recuerdo que antes podías ver en el telediario manifestaciones y huelgas, hoy los mineros, mañana los agricultores, pasado los obreros de los altos hornos o de los astilleros. Ahora no sé si hay sindicatos, pues nunca se les ve por ningún sitio. Bien es cierto que, con la escasa fuerza que tienen, poco pueden hacer. Los trabajadores están tan enfrentados, aislados y asustados que soportan abusos e injusticias sin rechistar, totalmente abatidos como clase social. Lo hemos perdido todo, no solamente las mejoras laborales tan duramente conquistadas en el pasado, a costa de enormes esfuerzos y sacrificios, peor es haber perdido el ánimo de lucha y, me atrevería a decir, que hasta nuestra propia dignidad como seres humanos. En fin, estamos derrotados. Hay que reconocerlo. Si al menos fuéramos capaces de protestar como último recurso, pero ni siquiera eso; nos sacrifican en completo silencio y apatía. Esto no sucede únicamente en nuestro país. Es un mal generalizado, pero oculto y callado y, no por eso, menos nocivo y letal para el conjunto de la sociedad.


En fin, creo que es suficiente. No quiero hablar de guerras y refugiados, de epidemias y hambrunas. No deseo comparar la opulencia y derroche de unos con la pobreza y la miseria de otros. No tengo valor para seguir hurgando en las viejas heridas de este sufrido mundo. Y, hastiado de tanto sufrimiento inútil y gratuito, cierro mis ojos, que no mi conciencia, ante los males ajenos. Como lenitivo, busco consuelo en la naturaleza, en el arte, en alguna gente, en todo lo bueno y hermoso que también alberga este pequeño rincón del universo.


La Tierra es nuestra casa, un hogar temporal que algún día lejano habremos de abandonar forzosamente. Nuestro futuro como especie depende de la capacidad que tengamos de alcanzar las estrellas. Mientras tanto, debemos cuidar nuestro lugar de origen, el sitio que nos ha visto nacer y nos define como humanos. Cada vez estoy más convencido de que la ciencia nos salvará si no nos extermina antes.


Desconozco lo que opinaría nuestro hipotético visitante cósmico, pero supongo que la conclusión más evidente a la que llegaría tras observar nuestro comportamiento es que somos una especie peligrosa para nosotros mismos y para los demás seres vivos, provengan éstos de nuestro entorno terrestre o del espacio exterior. En consecuencia, la Tierra debería mostrar un cartel con este mensaje: “¡Cuidado, personas sueltas!”, como señal de advertencia para el resto del universo.?No sé vosotros, pero creo que ya hace mucho tiempo que deberíamos haber tomado las calles. Y tras la calle, el gobierno de nuestros intereses humanos y como trabajadores. Decidir por nosotros mismos, en lugar de delegar en otro. Ser los verdaderos artífices de nuestra vida. Pero supongo que no lo verán mis ojos.


Al finalizar este somero análisis de la situación mundial y nacional, no puedo por menos que sentirme mal. Y no es para menos. Sólo puedo lanzar una llamada de socorro: ¡Que paren este mundo, quiero bajarme!

Me cuesta terminar el artículo con una visión tan amarga, pesimista y, tal vez, excesivamente desalentadora.

La gente debe organizarse en movimientos populares a través de los cuales consiga asumir el control real de su destino. La gente puede crear esa clase de poder colectivo que es preciso para cambiar sus vidas y transformar la sociedad. La gente tiene que saber que es fundamental ejercer presión sobre los poderes establecidos para abordar las cuestiones que más importan. En definitiva, la gente necesita imaginar un futuro sin guerras, sin pobreza, sin opresión, sin la explotación del hombre por el hombre, en la que la vida sea más libre, justa y humana para todos. Esta es la clase de utopía que persigue el anarquismo. La otra opción es continuar como hasta ahora, en una carrera que probablemente nos conduzca hacia el desastre total.

Vamos, pues, a capear el temporal, y luchar porque vengan tiempos mejores para todos. Tenemos que hacerlo, primero por nosotros mismos, y luego por las generaciones futuras. No podemos permitirnos caer en la desesperación y el desánimo. Ya que estamos vivos, debemos actuar. Y una de las maneras más altas y nobles de hacerlo es por un ideal.


En este momento crucial en que nos encontramos, con una humanidad aquejada por infinidad de males y problemas, en pleno debate por la supervivencia, el anarquismo puede suponer nuestra última tabla de salvación. ¿Y por qué el anarquismo, precisamente? Porque cuando todo va mal y no hay consuelo, solamente nos queda la esperanza de soñar que aún es posible un mundo mejor.

« La Protesta mas alla de la Ley
no es un privilegio de la Democracia,
es absolutamente esencial a ella. ».
Desinformación

La escuela moderna
Francisco Ferrer i Guardia

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¡Viva la República Española!


Serenos y alegres, valientes y osados
¡Cantemos, soldados, el himno a la lid!
¡De nuestros acentos el orbe se admire
y en nosotros mire los hijos del Cid!
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

¡Blandamos el hierro que el tímido esclavo
del libre, del bravo, la faz no osa ver!
Sus huestes cual humo veréis disipadas,
y a nuestras espadas fugaces correr.
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

¿El mundo vio nunca más libre osadía?
¿Lució nunca un día más grande el valor,
que aquel que, inflamados, nos vimos del fuego
que excitara a Riego de Patria el amor?
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

Honor al caudillo, honor al primero
que el cívico acero osó fulminar.
La patria afligida oyó sus acentos
y vio sus tormentos en gozo tornar.
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

Su voz fue seguida, su voz fue escuchada,
tuvimos en nada soldados morir.
Y osados quisimos romper la cadena
que de afrenta llena del bravo el vivir.
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

Ya la alarma tocan; las armas tan sólo
el crimen, el dolo, podrán abatir.
¡Que tiemblen, que tiemblen, que tiemble el malvado,
al ver al soldado la lanza esgrimir!
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

La trompa guerrera sus ecos da al viento,
de horrores sediento; ya muge el cañón.
Ya Marte, sañudo, la andana provoca
y el genio se invoca de nuestra nación.
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

Se muestran: ¡volemos, volemos, soldados!
¿Los veis aterrados la frente bajar?
¡Volemos, que el libre por siempre ha sabido
al siervo rendido la frente humillar.
Soldados, la patria nos llama a la lid,
¡Juremos por ella vencer o morir!

Constitución de la Segunda República Española

Constitucion de laa II República Española
“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia” ― Simón Bolívar

Rose

NO A LA LEY MORDAZA

ESPAGNA VUELVE A SER UNA DICTADURA

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¡Contra TTIP y CETA!

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Trabajo

Algo que debes saber

Hay aún una cosa más que deberías saber, algo que mientras no lo asumas con total
sinceridad te impedirá alcanzar la paz que tanto anhelas; se trata de una cosa
que vienes sospechando desde hace ya bastante tiempo, pero que hasta ahora te
habías negado a aceptar.

La inmensa mayoría de la gente que te rodea ve las mismas cosas que tú ves, escucha

lo mismo que tú escuchas, tiene acceso a los mismos libros que tú lees, hasta

saborea, huele y siente casi, más o menos, las mismas cosas que tú; por eso te

cuesta tanto entender que sean incapaces de percibir, con la misma claridad que

tú, la inhumana crueldad de la esclavitud del trabajo asalariado, el trato

despersonalizado en las relaciones humanas, el antinatural hacinamiento de

multitudes en ciudades carcelarias, la total mercantilización y burocratización

de todas las esferas de la vida… Tampoco puedes entender que no sientan la misma

irresistible necesidad, que sientes tú, de huir de tal Estado de cosas; de alejarte

de ello lo más posible. Todo lo cual agrava, aún más, el tormento que te provoca

vivir en un mundo como en el que vives.

Pues bien, ya va siendo hora de que aceptes otra gran verdad: Si ellos no son capaces

de darse cuenta de lo que tú sí, ese no es tu problema, sino el suyo. Como ya he

dicho antes, vivís en el mismo mundo, respiráis el mismo aire, bebéis el mismo agua,

coméis los mismos alimentos, veis, oís y sentís, más o menos las mismas cosas, por lo

que si no son capaces de llegar a las mismas conclusiones a las que tú has llegado

¿crees que por muchas palabras que utilices, y por más que las adornes, podrás hacerles

comprender lo que viendo, oyendo o respirando no pueden (o no quieren) comprender?

No se trata de una cuestión de educación, de inteligencia o de mayor o menor perspicacia,

sino de valor para afrontar una situación que es fácilmente perceptible para la inmensa

mayoría de los seres humanos, “que esta civilización está podrida”, pero que se niegan

a reconocer por lo que ello implicaría.

Acéptalo de una vez: lo que los demás hagan o dejen de hacer no es tu problema. Tú haz

lo que tengas que hacer, no pierdas mucho el tiempo en explicarles tus razones a los

demás y, sobre todo, no te sientas culpable por ello. Si ellos no comprenden de forma

casi automática la necesidad de romper con esta civilización, inútil será que trates

tú de explicárselo. Toda aquella persona a la que te cueste más de un minuto hacerla

entender la inhumana condición de la civilización actual, no merece ni un segundo más

de tu tiempo, entre otras cosas, porque es muy probable que se haya corrompido hasta

tal punto, que haya dejado ya de ser un ser humano. Sería como tratar de explicarle

a un yonqui, en pleno mono, la inconveniencia de tomar drogas.

En cualquier caso, si quieres, puedes seguir intentando convencerles con palabras,

pero te advierto que no será más que una pérdida de tiempo, pues ¿cómo iban a sentir

que tienen necesidad de médico los que se consideran sanos?; y lo peor de todo es

que tu esfuerzo, con toda probabilidad, sólo servirá para desviarte del camino que

habías decidido recorrer.

“Es un imbécil quien exige pruebas para creer en aquello que es incapaz de percibir

y tonto seria el que se esforzara en hacer creer algo a semejante imbécil”.

Cuando salgo del trabajo y me dirijo a tomar el metro, la gente camina a

paso rápido y miles de personas bajan diariamente las escaleras para tomarlo.

Al parecer, la gente está acostumbrada a aquello. ¡El metro parece una

verdadera lata de sardina!, todos apiñados empujándose para entrar. Muchas

veces tengo que dejar pasar hasta 5 trenes porque vienen todos llenos, hasta

que me decido y entro al sexto empujando a la gente y cayendo en el juego

del tira y afloja, a codazos. ¡Es horrible!.

Parece que la gente reclama al gobierno, pero después se les olvida reclamar

y después se acostumbran al desajuste, a la improvisación, a la mala calidad

de vida en pro de la urbanización.
Imagino que como la mayoría del trabajo está aquí y que año a año llegan más

profesionales a la gran capital y que día a día nacen más niños y año tras año

van más pingüinos (escolares) al colegio, esta cosa muy pronto va a colapsar.

¡Centralización! que estupidez. Las provincias están quedando sin trabajo y

los padres tienen que viajar enormes distancias a las grandes urbes para traer

el sustento al hogar quebrando así a la familia.

Un día comprendí que todo estaba mal. ¿Por qué tengo que trabajar tanto? maginé

mi vida en una hoja, en una línea de tiempo. Lunes a viernes levantándome a las

5 am para entrar a las 8:00 am y para salir a las 18:00 hrs y llegar con suerte

al hogar a las 21 hrs. Cansado y con sueño. Me imagine de viejo, “mi vida se la

entregué a otros”, a una corporación, a una empresa, que me estrujó lo más que

pudo hasta quedar inservible. ¿Todo por dinero?.

No solo me di cuenta de eso, sino que también descubrí que éste sistema Capitalista

absorbe toda la energía de las personas. Son verdaderas sanguijuelas y vampiros

corporativos. Te ofrecen créditos incluso sabiendo de que no puedes pagar. Crean

una ilusión de que lo tienes todo y hacen que las personas se apiñen en ciudades

haciéndote dependiente de supermercados, del agua, de suministros energéticos.

¿Qué pasará cuando ocurra una crisis y corten los suministros?. Por lo menos en el

campo tenías como obtener tu propia cosecha.

Depositan los sueldos en líneas de crédito las cuales recortan dinero por seguros,

por mantención de tarjeta y cuanta tontería se les ocurre. Muchas veces, la gente

trabaja para cubrir sus líneas de sobregiro y viven para pagar el llamado “pago mínimo”.

Nos convertimos así en ESCLAVOS DE LA DEUDA. Lo chistoso de todo esto, es que hay

gente que defiende el actual sistema.

Los niños.. ¡Estamos creando a unos monstruos de niños!.

Pasan casi todo el día solos pegados en el televisor aprendiendo basura. Yo recuerdo

que cuando niño jugaba a lo Robin Hood al lado de un cerro que tenía un enorme bosque,

era divertido. Pero ya no hay tiempo para compartir con nuestros hijos ¿Por qué? Por

el maldito trabajo. Ellos nos exigen compartir con ellos y nosotros por lo general

estamos cansados o de mal ánimo.

Antes yo recuerdo que podía viajar por todo el país de paseo familiar y bastaba solo

tomar el auto y poner gasolina. ¿Pero ahora? Llenaron de peajes todos los caminos,

bloquearon las entradas a casi todas las ciudades para pagar un peaje que cae en

inversionistas extranjeros. El país amigos míos lo están vendiendo de a poco.

El agua potable no nos pertenece ya que pertenece a inversionistas estranjeros.

Ellos tienen el control de la luz y el agua (es un monopolio). Tenemos que importar

gas porque con todos los medios que tenemos aquí, no se les ocurre colocar plantas

aquí termoeléctricas, o solares, o sacar provecho de la energía eólica o la del mar

(por medio de las olas). Es tan patético todo, en Bolivia querían privatizar el agua

de la lluvia (eso quería decir que no podías juntar agua de lluvia porque esa agua no

era tuya mira que estupidez más grande. Menos mal que nuestros hermanos del país de

al lado protestaron y no permitieron esto. En estos momentos yo mismo me siento esclavo

del sistema, porque sin querer, tengo que trabajar para mantener a la familia, para

pagar la luz, el agua, el gas, los alimentos, etc. Sin trabajo no puedo a menos que me

haga independiente por lo cual estoy luchando.

Quizás sería bueno que toda esta economía se fuera abajo y comenzar de cero como en la

antigüedad, con el trueque y todo eso. Y tener todos nosotros nuestras cosechas,

animales para alimentarnos y que la tecnología fuera renovable como generar luz con

paneles, pero todo eso es una utopía, porque las grandes corporaciones cada vez nos

estrujan más. Nosotros la clase media somos mayoría y podemos generar un cambio y los

de arriba lo saben y nos temen. Lamentablemente no estamos para nada unidos.

Favorablemente el capitalismo actual, está convirtiéndose en una burbuja a punto de

estallar y se viene una nueva crisis económica a final de año. Ahora se viene la super

influenza humana recargada (terrorismo yanqui) sobre el país del norte para este

invierno. Ya están asustando a la gente para que compre la supuesta vacuna que tiene

la cura. Por dios! Mi suegra tuvo AH1N1 y no fue más fuerte que una gripe. La gente

que ha muerto, ha muerto por derivaciones de otras enfermedades como asma y enfermedades

pulmonares. Pero la gente tiene tanto miedo, que corre a vacunarse y ni siquiera saben

que se están inyectando. Les recomiendo que investiguen sobre la gripe española que mató

a más de 50 millones de personas y que la causa fue la vacunación masiva de personas

(lean de esto, es importante). Les recomiendo amigos,. NO SE VACUNEN.

Gracias a Dios, la gente está comenzando a despertar a pesar de que nos inyecten toxinas

y nos mantengan adormecidos. Mucha gente se está dando cuenta de que algo raro pasa.

Amigos, tenemos un potencial enorme. Busquen en su interior y liberense de lo que los oprime.

Esta libertad es una libertad falsa.

Como dijo Cicerón, La libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo.

fin

 

 

 

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Nuba Al-Istihal


¡Ay, de mi al-Ándalus! – Ibn Jafáya (1058 – 1139)

No debe ser nación un pueblo que olvida su pasado explendor

 

El himno nacional tiene su origen en una composición andalusí del siglo XII

Nuba Al-Istihal de Ibn Báya (Himno nacional de España)

El himno nacional de España, conocido como la Marcha Granadera, tiene su origen en una composición del siglo XI, obra del genial pensador, médico, músico y poeta andalusí Ibn Bayya, conocido como Avempace. Este descubrimiento se presenta como un símbolo para la nación española, y nos puede ayudar a comprender eso que Américo Castro llamaba “la realidad histórica de España”. Esta es la crónica de como una pequeña comunidad de musulmanes descubrió el secreto de su himno nacional. Invitamos a los lectores a escuchar la pieza, y a sacar sus propias conclusiones.

“Cuando el hombre toma el laúd e interpreta las notas acompañadas con la poesía, su espíritu se siente inmerso en el mundo de la música, hasta llegar a lo más profundo de su ser y purificarlo.”   Ibn Báya, Zargoza, s.XI

La noticia llegó a la pequeña comunidad de Medinat Sabora, tras una larga noche dedicada al recuerdo. Esta era una ancestral costumbre que los nuevos musulmanes estaban recuperando, junto a la memoria histórica perdida. Tras cinco oscuros siglos de genocidio, el Islam volvía a ser una realidad en esta tierra, si es que no lo había sido siempre.

Así era entonces, como había sido antaño en esta misma tierra andalusí. La nave de los locos trazaba círculos alrededor de la Palabra revelada. Tras la azalá del alba, solo quedó el sonido de las ranas en la charca, que sentenciaron el dikra del día que amanece: todos hemos de morir, recordad el parto del tiempo es una luna llena, preñada de una luz intempestiva, que ha de recomenzar a cada instante. Cuando las ranas terminaron el canto, el corazón del hombre estaba quieto. Los planes del Shaytán fueron desbaratados, y los amigos se reunieron en torno a una taza de café.

“Alhamdulil-lâh que nos ha hecho musulmanes”, dijo Abu Tariq, mientras alguien escogía un CD para acompañar ese silencio. Era la Núba al-Istihal, de ibn Báya, grabada por Omar Metiou y Eduardo Paniagua. Los musulmanes oían la música de fondo, sin prestarle atención alguna, cuando alguien fue iluminado: “¡es el himno nacional de España!”. Los moros nuevos escucharon una y otra vez la pieza número 4 del disco de Omar Metiou y Eduardo Paniagua, simultaneando su audición con la del himno nacional de España, hasta que quedaron convencidos: la Marcha Granadera parece surgir de la nuba de ibn Báya, si es que los oídos no nos han fallado.

En los días siguientes comunicaron su descubrimiento al Chapi Pineda, conocido músico andaluz, muy apreciado en la zona por su toque de guitarra, el cual convino en que había una clara semejanza. Así pues, esta noticia fue transmitida a los nuevos moros por dos vías distintas: por el método de la iluminación interna, que es el más dudoso y efectivo, y por la opinión científica de un especialista en la materia.

Este descubrimiento no puede sorprendernos: España es un país en el cual la cultura dominante durante ocho siglos fue árabe-musulmana, y hay sobradas evidencias para pensar que si escarbamos un poquito en dirección al pasado, encontramos la huella del Islam tras las más importantes manifestaciones de las más antiguas tradiciones españolas. No en vano Juan Vernet insinúa el origen árabe de su monarca…

Sólo nos queda comunicar a las autoridades españolas nuestro descubrimiento, para que tengan a bien hacerlo constar en los discursos oficiales sobre la materia. Esta información viene a llenar un hueco, a disipar el enigma de los orígenes del himno nacional de España.

Este descubrimiento abre nuevas posibilidades de futuro. Desde nuestra humilde posición de súbditos de la corona, queremos proponer a las autoridades que incorporen la magnífica letra de la nuba de ibn Báya. España podría convertirse en el primer país de Europa cuyo himno nacional es un canto de amor entre místico y desesperado…

 
Acaso la perfección de la belleza

no te dejó ver el cansancio de mi mente.
Aquel que te envió me respondió
con la somnolencia de mis párpados.
seguí con las hermosas y vivo esclavo de mis deseos.
¡Si pudiera ver con mis propios ojos a mi Señor!,
¡ay! Si pudiera verlo.

Contemplar tu belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tú que das la vida al desfallecido,
tu amor me agotó.
Tu belleza hermosa, por su hermosura es bella,
guía y seductora, locura para el que agoniza de amor.
Aquello que era guía se convirtió en un sueño,
y antes de caer en el amor, él me dominó,
me venció y gozó con su dominio,
penetrando en mi cuerpo.
Quise ser sumisa y no atendió mi deseo.
Si me hubiera escuchado, o hubiera estado cerca de mí,
con su ayuda me habría rescatado.
Contemplar tú belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tu que das vida al desfallecido,
tú amor me agotó.

Imaginamos a los soldados españoles en Afganistán cantando está canción en su original árabe, ante la mirada atónita de los nativos. La recuperación de su pasado andalusí podría convertir a España en un puente entre civilizaciones, en unos tiempos en los cuales el discurso oficial se estructura desde la diferencia. Esta noticia será recogida con alegría por todos aquellos que quieren avanzar en el camino del encuentro.      Al-lâh es grande.

François de Chateaubriand
Las aventuras del último abencerraje

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Contra el T.T.I.P.

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Erecciones Generales


Pondrán por ellos sus manos en el fuego…
Brillan yá los encendidos muñones
de futuros cadáveres políticos
a la luz de trasnochadas promesas
y en diario alzeimer de la prensa
desgañítanse mentiras de colores
¿es, quizá ya tiempo de elecciones?…
la insensatez retomó la pandereta
erguida y mantenida en sus funciones.

fin

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Contra el T.T.I.P.

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¡ Que se jodan !

ELECCIONES MUNICIPALES Y AUTONÓMICAS 2015

La izquierda asalta el poder local y autonómico ante el descalabro del PP

El PP se deja 2,5 millones de votos y retrocede a niveles de 1991

Lo que no pudieron los jueces
Lo pudo el pueblo

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¿Quién se jode ahora perra?

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Contra el T.T.I.P.

NO A LA LEY MORDAZA

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