Mi patria es todo el mundo.

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El origen del mal en el mundo

Salvador Freixedo nació en Galicia, España, en 1923. Comenzó a residir en América Latina desde 1947 y se ordenó como sacerdote en Santander, en 1953. Realizó diversos estudios de humanidades en Salamanca, de Filosofía en Santander, de Teología en la Alma College de San Francisco, de ascética en la Mont Laurier de Quebec, de psicología en la UCLA y en la Fordham de Nueva York. Aparte de enseñar historia de la Iglesia en el Seminario Interdiocesano de Santo Domingo (República Dominicana), fundó el movimiento de la Juventud Crisitiana (JOC) en San Juan de Puerto Rico y fue viceasesor nacional del mismo en La Habana, Cuba. Fundó también el Instituto Mexicano de Estudios del Fenómeno Paranormal y presidió el primer Gran Congreso Internacional organizado por dicha institución. Ha actuado como ponente invitado en numerosos congresos, tanto en Europa como en América y Asia, y es autor de múltiples libros, polémicos, reveladores, que le han valido expulsión de la orden jesuita, destierros, censuras y cárcel. Fue expulsado de la orden jesuita a principios de los setenta, por la publicación del libro “Mi Iglesia Duerme”. Posteriormente se le invitó a abandonar Venezuela por la publicación del libro “Mitos Religiosos en las Relaciones Humanas”. Previamente, el dictador Batista lo había expulsado de Cuba tras la publicación del libro “Cuarenta Casos de Injusticia Social (Exámen de Conciencia para Cristianos Distraídos)”. Entre sus teorías expuestas se destacan las siguientes:

* La teoría de las escalas cósmicas y los diferentes niveles de existencia de los seres.

* Los seres y entidades de niveles y escalas de existencia superiores a los del ser humano, han saltado desde hace milenios a nuestro nivel, para aprovecharse de nosotros en muchas maneras.

* En ese sentido, Freixedo plantea que los múltiples dioses adorados por el hombre en toda su historia, no son sino manifestaciones de dichos seres que durante milenios han engañado al hombre. Por lo tanto, no hay un “Dios único” ni un “Dios verdadero” como se expone en las religiones creadas por esos seres; sólo dioses menores. Estas afirmaciones no provienen de Freixedo: tienen fundamento en la biblia y otros libros sagrados.

* En cuanto a los OVNIS, Freixedo plantea que sus ocupantes no sólo ya se bajaron de sus naves, sino que desde hace mucho tiempo realizan actividades secretas entre nosotros, solapados por los grandes gobiernos mundiales.

* Todas las ideas de Freixedo convergen en un sólo principio: la humanidad ha sido, desde sus orígenes, una granja animal de la cual se han aprovechado muchos seres más evolucionados que el hombre. Mientras la humanidad no despierte del letargo mental y espiritual que dichas entidades superiores le han provocado, seguirá sometida a los caprichos de esos seres desconocidos.

 

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¿Hasta cuando?

¿Cuantas veces hay que repetir el inmenso sacrificio del
Cristo para absurdamente invalidar el primero y único?
¿Cuanto sufrimiento y sangre hará falta para saciar la
sed de oro de los Judas del templo vaticano moderno.

Para esta iglesia de los mercaderes, que en otros tiempos
impuso la fe como obligación por medio de la superstición,
el terror, la tortura y la muerte, donde solo hogueras
humanas alumbraron sus obtusas mentes, y en tiempos actuales
sus falsas tradiciones, son rescoldos de amenazas,
y carne de abusos, aislamiento y desprecio social.

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois
semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen
bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos
y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los
hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de
iniquidad. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis
los monumentos de los justos, y decís: “Si nosotros hubiéramos
vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido
parte con ellos en la sangre de los profetas!” Con lo cual
atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los
que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la
medida de vuestros padres!. Evangelio de Mateo 23, 27-32


Feliz Saturnalia

Navidad o Saturnalia

Jesús, no nació el 25 de diciembre

Aunque Papa Noel acapare todo el protagonismo, todavía están los villancicos, los belenes,
las postales, y hasta los décimos de Lotería que nos recuerdan que el motivo de la fiesta
de la Navidad es el nacimiento de Jesús. Pero no ocurrió así. Fue cosa del Emperador
Constantino El Grande, hace unos 1700 años, que, actuando como lo haría un creativo
publicitario de esta época, creyó conveniente hacer coincidir el nacimiento de Cristo
con la fiesta pagana más multitudinaria y popular del Imperio Romano, el Festival de la
Saturnalia, que celebraba el nacimiento de un “nuevo” Sol. Las Navidades del siglo XXI
se van pareciendo cada vez más a aquellas bacanales romanas. La celebración más antigua
y universal siempre ha estado centrada en el solsticio de
invierno, un término astronómico que se refiere a la posición del sol. A mediados de
diciembre, los días son muy cortos (en el Hemisferio Norte) y, después del solsticio,
empiezan a alargarse de nuevo. En la antigüedad, imaginaban que el sol se hacía viejo,
hasta morir, y que después nacía un niño Sol.

https://i2.wp.com/www.detectivesdelahistoria.es/wp-content/uploads/2016/01/Solstice-SaturnaliaCeleb.jpg

En el antiguo Imperio Romano, la fiesta del solsticio era el acontecimiento social más
importante del año y se llamaba Festival de Saturnalia en honor a Saturno, el dios de
la agricultura y las cosechas. El Sol Invencible (Sol Invictis) era otro de los dioses
favoritos, cuyo nacimiento se celebraba el 25 de diciembre.
Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más larga, los romanos
se relajaban, colgaban la toga en el armario, se vestían de forma informal y se
olvidaban por unos días de las reglas que les oprimían durante el resto del año.
Todo empezaba en el templo de Saturno, con un estupendo banquete (lectisternium)
y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.

El poeta Catullus (84 a.C-54 a.C) decía que eran “los mejores días” y Séneca El Joven
(4 a.C-65 d.C) que “toda Roma se volvía loca” durante las fiestas: “La multitud se deja
llevar por los placeres”, escribió.Pero, como ocurre ahora con la Navidad, también había quien no quería ni oír hablar del
tema: Plinio el Joven (63-113) cuenta que se aislaba en unas habitaciones de su Villa
Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa
por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo
los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”. Cicerón (106 a.C-43 d.C)
también se refugiaba en su casa de campo.

Intercambio de regalos

Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando
velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era una ocasión para visitar
a los amigos y parientes e intercambiar regalos.Lo tradicional era regalar fruta,
nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota.Quizás lo
más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban como amos y
los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas de su señor. Ese trato
era temporal, por supuesto. Petronio (396-455) hablaba de un esclavo imprudente que
preguntó en algún momento del año si ya era diciembre.

Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de
la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del
Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se
le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Excesos con la comida y bebidaJohn_Reinhard_Weguelin–The_Roman_Saturnalia_(1884)

Se cerraban las escuelas, los tribunales y las tiendas, se paraban las guerras,
se liberaba a los esclavos, y los romanos cometían todo tipo de excesos con la
bebida y la comida.
Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban juegos, bacanales,
bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que estaban prohibidos el resto del
año. Los cristianos utilizaban el término saturnalia cuando querían decir orgía.

Las fiestas de Saturnalia comenzaban el 17 de diciembre y su duración varió a lo
largo de los años. Cada vez era más larga, como ocurre ahora con la Navidad.
Al principio, era un día. A finales del siglo I, duraban una semana. Hubo intentos
de acortar las fiestas por parte del Emperador Augusto, pero también hubo quien
propuso que se alargaran hasta finales de enero.

El nacimiento del Sol Invencible

Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol
—Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible)— personificado en el dios
Mitra. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión
dominante en Roma, especialmente entre los soldados.
Después del día 25, empezaba el festival de Sigillaria, dedicado, sobre todo, a
hacer regalos a los niños: anillos, muñecos de terracota, sellos, tablas de escritura,
dados, pequeños objetos, monedas, y, ¡bolsas llenas de canicas! Hay muchos bajorrelieves
y documentos que reflejan a los niños romanos jugando a las canicas durante la Saturnalia.
Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se encendían velas para
celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras de los árboles. Pero no metían
árboles dentro de casa. Los romanos sólo adornaban los que estaban plantados en la tierra.
La tradición del árbol de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI.

Cristianismo legalizado

Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo había
avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El mitraísmo era la
religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero Constantino I cambió
las cosas después de tener una visión, antes de una batalla, en el año 312.
Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los
dioses paganos de Roma.

Por ejemplo, uno de los dioses romanos más populares era el Deus Sol Invictus,
y los romanos lo adoraban un día a la semana, el Dies Solis (como en inglés,
“sunday” = “día del sol”). Constantino, que era sumo sacerdote en el culto al
Sol Invictus, decretó que ese día fuese también jornada de descanso y adoración
para la cristiandad.

En el año 321, Constantino legalizó el cristianismo, y declaró que el día del
“nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de diciembre, debía ser
considerado como una nueva fiesta cristiana para celebrar el nacimiento de Cristo.
Con estas tácticas, no se alteraba el calendario romano, y las tradiciones paganas
se fueron adaptando al cristianismo.

En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre como la Fiesta de la Natividad.

Distintas opiniones

La Navidad llegó a Egipto hacia el año 432, y a Inglaterra al final del siglo VI.
Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII.
En la actualidad, los cristianos occidentales lo celebran el 25 de diciembre pero
los ortodoxos lo hacen el 6 de enero, basándose en las referencias de un académico
griego, Clemente de Alejandría, que a su vez escribió sobre otro maestro griego,
Basillides, que dijo que Jesucristo nació el 6 de enero. Clemente se refiere a la
Fiesta de la Epifanía, que en España se celebra como el Día de los Reyes Magos.

Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253), condenaban
la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un faraón”. Decía que sólo
se festejaba el nacimiento de los pecadores y no de los santos. Hoy, algunos grupos
fundamentalistas, como los testigos de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen
pagano. Tampoco los cumpleaños, dicho sea de paso.

¿Cuándo nació Jesucristo?

Parece bastante claro que Jesucristo no nació en diciembre. Es muy improbable que
los pastores durmiesen con sus ovejas a la intemperie en diciembre, cuando las
temperaturas en Judea caían hasta bajo cero y era época de lluvias.
Se ha especulado con muchas fechas: el 16 de mayo, el 9 o 20 de abril, el 29 de marzo,
pero es algo imposible de averiguar con certeza. Hay gente dedicada a investigar la
Biblia, como los de ASK (Associates for Scriptural Knowledge), de Wisconsin. Una de
sus últimos estudios asegura que la Estrella de Belén que guió a los tres Reyes Magos
—probablemente, una conjunción de Venus y Júpiter— ocurrió el 17 de junio del año 2 a.C.
Para entonces, Jesús debía tener entre 0 y 2 años. Así que, según esta aproximación,
Jesús pudo haber nacido en algún momento entre los años 4 a.C. y 2 a.C.

¡Haz lo inesperado!

Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después de su retiro invernal.

La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno trataban de la familia,
la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección, el nuevo ciclo. Diciembre
siempre has sido una época para la rebelión, la celebración, la esperanza. Sería una
buena idea adoptar algunas de esas tradiciones paganas que se han perdido por el
camino. Por ejemplo, el intercambio de papeles: con los niños, con los empleados,
con los alumnos,… Frances Bernstein, en su libro Classical Living: Reconnecting
with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas un poco! ¡Haz lo inesperado!
Porque estas acciones pequeñas recuerdan el espíritu de la Saturnalia y tienen
importancia religiosa, al conectarnos directamente con la Naturaleza”.

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