Mi patria es todo el mundo.

Dominio público

El cierre digital del dominio público

A menudo en el proceso de digitalización de obras por parte de museos, bibliotecas o archivos se produce un cierre con respecto a la utilización.

Wren Library, University of Cambridge.

Wren Library, University of Cambridge

      Últimamente encontramos muchas noticias en los medios en que se nos informa de iniciativas para digitalizar obras que se encuentran en museos, bibliotecas o archivos. El principal objetivo de estas iniciativas es facilitar el acceso y la difusión de estas obras y, posiblemente, atraer público hacia sus instalaciones. A pesar de que parezca una buena iniciativa, a veces nos encontramos con la paradoja de que en el proceso de apertura se produce un cierre con respecto a la utilización. Muchas de estas instituciones nos esconden una realidad: la mayoría de las obras que ofrecen se encuentran en el dominio público y, por lo tanto, se pueden usar libremente. Sin embargo, una vez digitalizadas, se imponen unas condiciones que restringen su uso libre. ¿Nos hallamos ante un nuevo cierre del dominio público?

https://i2.wp.com/www.que-leer.com/wp-content/uploads/2018/10/libros-sobre-el-capitalismo.jpg


A mediados de mayo aparecía en los medios la noticia de que el Met (The Metropolitan Museum of Art) de Nueva York ponía a disposición del público un conjunto de 400.000 imágenes digitales para que puedan ser descargadas gratuitamente y usadas con fines académicos, tal y como se indica en las condiciones de uso del sitio web. Este conjunto de imágenes, que se puede identificar mediante la etiqueta OASC (Open Access for Scholarly Content), está formado por reproducciones digitales de obras del fondo del museo que se encuentran en el dominio público o libres de restricciones de derechos de propiedad intelectual conocidos. A primera vista parece una buena noticia, pero, si lo analizamos con cuidado, descubrimos que, en lugar de facilitar el acceso a la cultura y al conocimiento, esta iniciativa representa un cierre. Intentaré explicar por qué.


“Es ya un dogma establecido que el sistema capitalista aparece junto con nuestra modernidad occidental. Las metáforas líquidas siempre han acompañado a las argumentaciones al caso. Los textos de Deleuze-Guattari o de Bauman son de los más sobresalientes. Descodificación absoluta de los flujos, capitalismo líquido… De igual modo, se ha tratado de pensar por qué dicho sistema no nació en otras civilizaciones anteriores con circunstancias líquidas parecidas a las de nuestro tiempo, es decir, qué trabas o diques obturaron su desarrollo. Este artículo profundiza en las condiciones ontológicas del nacimiento del capitalismo para situar su nacimiento mucho más atrás en el tiempo.”

  Lo primero que hay que analizar es la selección de las obras que hace el museo. Escoge un conjunto de obras con unas características especiales, que se encuentren en el dominio público o libres de restricciones de derechos de propiedad intelectual conocidos. Es necesario que sea así porque, si no, tendría que gestionar un permiso para ofrecer estas reproducciones digitales al público. El hecho de adquirir y poseer una obra no genera ningún tipo de derecho de uso, por lo que siempre hay que pedir permiso al titular de los derechos de propiedad intelectual, el autor o quien los posee, salvo situaciones previstas por las leyes aplicables. Entre estas situaciones, puede haber la posibilidad de reproducir las obras para conservarlas, pero, generalmente, no incluye la puesta a disposición de reproducciones digitales. Por lo tanto, lo fundamental es determinar qué obras se encuentran en el dominio público, y esta tarea no es sencilla. Una de las características principales de la propiedad intelectual es que los derechos exclusivos que otorga al autor para determinar cómo se debe utilizar su obra se acaban extinguiendo. Cuando los derechos de propiedad intelectual se han agotado, decimos que la obra ha pasado o se encuentra en el dominio público, y es entonces cuando todo el mundo la puede utilizar libremente sin restricciones.

Actualmente, el periodo de vigencia de estos derechos no está armonizado internacionalmente y varía según la ley estatal aplicable. En los años noventa, en Europa se armonizó este periodo a toda la vida del autor y setenta años después de su muerte, aunque cada estado tiene disposiciones transitorias que hacen que todavía haya diferencias. Por ejemplo, en España, las obras de los autores europeos fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987 pasan al dominio público al cabo de ochenta años de la muerte, de acuerdo con la ley vigente hasta la fecha. Este hecho ocasiona que las obras de autores como Sigmund Freud o Walter Benjamin se encuentren en el dominio público en sus países de origen, pero no en España. La complejidad que conlleva determinar si una obra se encuentra en el dominio público en un territorio determinado fue el origen de la creación de las calculadoras del dominio público. Estas herramientas indican si una obra se encuentra en el dominio público en una jurisdicción determinada a partir de unos parámetros que hay que ir introduciendo como, por ejemplo, el tipo de contenido, la nacionalidad del autor y la fecha de su muerte.

Los síndicos de los pañeros, Rembrandt Harmensz. van Rijn, 1662.

Los síndicos de los pañeros, Rembrandt Harmensz. van Rijn, 1662


Cuando el museo, el archivo o la biblioteca decide qué obras puede reproducir y poner a disposición del público, debería informar de la situación de los derechos de propiedad intelectual y, en consecuencia, de los usos que podemos hacer de la obra a la que accedemos mediante la web de la institución. Y ahí es donde empiezan los problemas. En muchísimas ocasiones, encontramos reproducciones digitales de obras en el dominio público acompañadas del símbolo de copyright, seguido del nombre de la institución, desde la National Gallery británica hasta el Louvre parisino, pasando por la Biblioteca Nacional de España. Cuando encontramos esta indicación, debemos entender que el titular de los derechos de propiedad intelectual es la institución, pero, si la obra se halla en el dominio público, ¿qué derechos hay? Está claro que, en general, las instituciones no son los titulares de los derechos de la obra original porque, como ya se ha dicho, la adquisición o la posesión no supone de forma automática la cesión en exclusiva de los derechos. Entonces, ¿sobre qué contenidos reclaman los derechos?

En la mayoría de casos, las instituciones reclaman derechos sobre la reproducción digital de la obra, sin embargo, ¿podemos tratar esta reproducción como una obra? Hacia finales del siglo pasado, un juez estadounidense estableció que las copias fotográficas de obras de dominio público no podían ser protegidas por el copyright, es decir, por la propiedad intelectual, porque les faltaba la característica principal para ser obras: la originalidad. Esta sentencia afectaba a una institución europea: la biblioteca de arte británica Bridgeman, pero se basaba en la legislación de los Estados Unidos. Aunque habría que ver cómo se resuelve un caso similar en un tribunal europeo usando una legislación europea, podemos pensar que el resultado puede ser similar: una copia digital de una obra es solo una reproducción y, por lo tanto, no puede ser considerada una obra independiente. Si la obra se encuentra en el dominio público, su reproducción digital también. Esta afirmación es la que aparece en la Carta del dominio público de Europeana, la Biblioteca digital europea, y en el Manifiesto del dominio público promovido por la asociación Communia a favor del dominio público digital. Aunque la mayoría de juristas europeos apoyan este argumento, algunas instituciones siguen utilizando la propiedad intelectual como una herramienta para restringir la reutilización de las obras en dominio público digitalizadas. Hace ya unos años, la National Portrait Gallery británica intentó hacer retirar unas imágenes de la Wikipedia por considerar que era la titular de los derechos de propiedad intelectual. No solo reclamó por lo que consideraba una infracción por la puesta a disposición del público de las imágenes, sino que también alegó, entre otros, incumplimiento de las condiciones de uso e infracción del derecho sui generis sobre bases de datos, considerando como tal la colección de imágenes que alojaba en la web. Como se puede comprobar actualmente, las imágenes continúan en la Wikipedia con la indicación de dominio público.

Constitución de las Cortes Catalanas, 1493.

Constitución de las Cortes Catalanas, 1493

   Para intentar no ser tan restrictivas, las instituciones han optado por utilizar condiciones más flexibles, como la ya mencionada del Met o el sistema de licencias de Creative Commons. Observamos que, no habiendo conseguido retirar las imágenes de dominio público de la Wikipedia, la National Portrait Gallery optó por poner a disposición del público 53.000 reproducciones digitales sujetas a una licencia de reconocimiento no comercial sin obras derivadas de Creative Commons. La misma licencia que utiliza la Biblioteca Nacional de España para las imágenes de dominio público que difunde a través de su cuenta de Flickr. ¿Tiene sentido poner una licencia de Creative Commons, en este caso la más restrictiva, en una reproducción digital de una obra de dominio público? Pues la verdad es que no. Por un lado, la institución no es la titular de los derechos de la obra (aunque insiste en poner el símbolo de copyright y el nombre de la institución) y, por lo tanto, no puede autorizar su uso mediante la licencia, y, por el otro, la obra se encuentra en el dominio público y, por consiguiente, su reproducción digital también. En vez de utilizar una licencia, deberían usar la marca del dominio público, una herramienta creada por Creative Commons para identificar las obras que se encuentran en esta situación, cuyo uso recomienda Europeana.

   Desde aquí, agradezco a museos, bibliotecas y archivos la labor realizada para poner al alcance de todos su riqueza cultural mediante los proyectos de digitalización. Sin embargo, les pido que no escondan y cierren el dominio público, sino que lo compartan y lo expresen claramente como ya hacen otras instituciones, desde la British Library hasta el Rijksmuseum. También me gustaría que respetaran la integridad de las obras: un derecho moral de los autores que perdura a lo largo del tiempo y que no se agota en jurisdicciones como la española, y que a veces se ve amenazada por marcas de agua o signos de copyright engañosos. Una práctica que debería evitarse siguiendo las recomendaciones de la Comisión Europea respecto a la digitalización de material cultural.

Todos sabemos que estas iniciativas tienen un coste y que hay que buscar modelos para obtener ingresos, pero compartir las obras del dominio público no impide que se exploten comercialmente, como hasta ahora, o que haya que pagar por reproducciones en alta resolución. Lo que no es justo es intentar utilizar la propiedad intelectual para solucionar todos los problemas. Dejemos que las obras del dominio público permanezcan en el dominio público, sea cual sea su formato o su soporte, y que todos podamos disfrutar libremente de ellas sin miedos, incertidumbres ni dudas. ¡Larga vida al dominio público!

[1] Tal y como se establece en el artículo 146 de la actual Ley de Propiedad Intelectual vigente en España: «El titular o cesionario en exclusiva de un derecho de explotación sobre una obra o producción protegidas por esta Ley podrá anteponer a su nombre el símbolo con precisión del lugar y año de la divulgación de aquéllas».

Derechos de autor en base de p.m.a

Países, áreas, entidades

Categoría de las obras

100 p.m.a. México (p.m.a. después de 1928) 100 p.m.a. o menos
80 p.m.a. Colombia, España (p.m.a entre 1879-1987) 80 p.m.a. o menos
75 p.m.a. Guatemala, Honduras, México (antes de 1928) 75 p.m.a. o menos
70 p.m.a. Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Chile, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, España (p.m.a. antes de 1879, después de 1994), Estados Unidos, Francia, Irlanda, Italia, Nicaragua, Paraguay, Perú, Portugal, Reino Unido 70 p.m.a. o menos
60 p.m.a. España (p.m.a. entre 1987-1994), India, Venezuela 60 p.m.a. o menos
50 p.m.a. Canadá, China, República Dominicana, El Salvador, Panamá, Uruguay 50 p.m.a. o menos

p.m.a. es un acrónimo de “Post mortem auctoris,” una frase en latín que se utiliza en la terminología jurídica en el contexto de los derechos de propiedad intelectual, especialmente los derechos de autor, que suele durar hasta un cierto número de años después de la muerte del autor.

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  ***  It is a stablished dogma that capitalism comes hand in hand with the so called Western modern societies. Liquid metaphors have been used to illustrate this scenario, as seen in Deleuze-Guattari or Bauman, outstanding examples. Total flux decoding, liquid capitalism… Why was the mentioned system not born in other civilizations or similar liquid circumstances? What barrier stopped its development? This article analyses in-depth the ontological conditions for the birth of capitalism and places its birth way back in time.

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Software Libre, los mejores programas de libre acceso para la ciudadanía, y todo 100% legal

En los últimos años hemos asistido a una expansión irrefrenable del software libre, utilizado por millones de personas en todo el mundo a nivel empresarial, las administraciones públicas, y por supuesto, también la ciudadanía. Según Wikipedia, el software libre «es la denominación del software que respeta la libertad de los usuarios sobre su producto adquirido y, por tanto, una vez obtenido puede ser usado, copiado, estudiado, modificado y redistribuido libremente». En la enciclopedia online, que por cierto, se desarrolla con este tipo de software, se indica que no hay que confundir estos programas con el freeware, que, «conservando su carácter de libre, puede ser distribuido comercialmente», y el software de dominio público, que «no requiere de licencia, pues sus derechos de explotación son para toda la humanidad, porque pertenece a todos por igual».
Existen cientos de programas libres y gratuitos que se pueden utilizar para decenas de actividades distintas y para uso personal. Los más conocidos en la actualidad son los siguientes:

Navegadores: sin duda, la estrella entre los navegadores gratuitos es Firefox, un proyecto de Mozilla, empresa que también ofrece un servicio de correo electrónico (Thunderbird) y acaba de anunciar el próximo lanzamiento de un sistema operativo propio.

Redes de mensajería instantánea: las herramientas libres de comunicación instantánea
más utilizadas son Pidgin, aMSN y emesene. Pidgin se puede usar para hablar con prácticamente cualquier red de mensajería instantánea existente, desde las archiconocidas MSN y Yahoo! hasta otras menos populares, como Jabber, ICQ, Google Talk o IRC.

Gestores de descargas: entre los más conocidos, los gestores P2P eMule y Ares, que permiten compartir y descargar cualquier tipo de archivo. Para los que prefieren BitTorrent, el gestor Vuze es el programa más importante. Pero lo último en compartir contenido en Internet es la descarga directa desde plataformas como Megaupload o RapidShare. Para gestionar estos archivos, el programa más popular es JDownloader.

Reproductores multimedia: los más famosos son VLC Media Player, Media Player Classic y Miro, con los que se pueden reproducir cientos de formatos de archivos de vídeo y audio. Especializado en los archivos musicales, encontramos Songbird.

Editores multimedia: para modificar archivos de audio, el programa más popular es Linux MultiMedia Studio. Para vídeo y animación disponemos de Blender, que está al nivel de los editores de vídeo profesionales. Y para la imagen y el dibujo, los más conocidos son GIMP e Inkscape para fotografía y dibujo vectorial, respectivamente.

Ofimática: El programa más conocido es OpenOffice.org, que incluye un editor de texto, hojas de cálculo, y  presentaciones, entre muchos más. También son populares la hoja de cálculo Gnumeric y el procesador de textos Abiword. Y para la creación de documentos PDF, el software libre indispensable es PDFCreator.

Además de los citados, existen mucho más software libre que se puede usar para tareas muy dispares, desde los editores de páginas web Joomla! o Drupal hasta los los descompresores de archivos 7-Zip o PeaZip.

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El 5G, una tecnología que en 2020 generará en España unos beneficios indirectos de más de 14.600 millones de euros

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Los Derechos de Autor y cuándo una Obra es de Dominio Público

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CITAS

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Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, Juan 8:31-38

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Nada hay cuidadosamente ocultado que no haya de revelarse
ni secreto que no llegue a saberse”. Evangelio de Lucas 12:2

Quis custodiet ipsos custodes?
La Religión mediante la deshumanización de las personas
las comvierten en borregos del Sistema.   Superduque

„Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo,
no procuran la transmisión de esos conocimientos.“  Miguel de Unamuno

superduque

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55 comentarios


  1. Los derechos de autor son una serie de derechos de carácter personal y patrimonial, que le atribuyen al autor de una obra, como puede ser una canción (con o sin letra), la plena disposición de la misma, así como el derecho exclusivo de su explotación.

    Esto supone que el autor puede explotar su obra de cualquier forma, especialmente en lo relativo a su reproducción, comunicación, distribución y transformación, impidiendo a los demás el poder realizar dichas actividades, a no ser que cuenten con su autorización y sin tener en cuenta en todo caso las excepciones que prevé la ley.

    Mientras que el derecho de exigir el reconocimiento de la condición de autor, así como el de exigir que se respete la integridad de la obra (impidiendo su deformación, modificación o alteración) son irrenunciables, inalienables e imprescriptibles, los derechos de explotación sí que tienen una duración determinada, en concreto durarán toda la vida del autor y los 70 años posteriores a su muerte o declaración de fallecimiento (en el caso de autores fallecidos antes de 1987, serán 80 años).
    Este plazo se cuenta desde el 1 de enero del año siguiente a aquel en que se produzca la muerte o la declaración de fallecimiento.

    Muchos países han fijado este plazo de 70 años, por ejemplo Estados Unidos, Australia así como todos los estados miembros de la Unión Europea en virtud de la Directiva 93/98/CEE. En cambio en otros países como es el caso de India o Venezuela el plazo es inferior, de 60 años y en contra está el caso de Méjico que son 100 años.
    Transcurrido el periodo mencionado y por tanto extinguidos los derechos de explotación, la obra pasa al dominio público.

    Lo expuesto es la regla general, ya que en el caso de las obras anónimas, póstumas, en colaboración y publicadas el comienzo del cómputo del plazo varía.

    En las obras anónimas el plazo empieza a contarse desde su divulgación lícita, a no ser que antes de cumplirse dicho plazo el autor fuera conocido en cuyo caso se aplicaría la regla general.
    Si la obra no se ha divulgado lícitamente el plazo se cuenta desde la creación de la misma.

    En el caso de obras en las que han colaborado varios autores, los derechos de explotación duran toda la vida de los coautores y los setenta años posteriores a la muerte o declaración del fallecimiento del último que sobreviva.

    Además la ley indica, que para el caso de las composiciones musicales con letra, duran toda la vida del autor de la letra y del autor de la composición musical y los 70 años posteriores a la muerte o declaración de fallecimiento del último superviviente, siempre que sus contribuciones hubieran sido creadas para dicha composición musical con letra.

    En el caso de las obras que se divulgan por partes o entregas que no son independientes, el plazo de protección comienza desde el momento en que se ha divulgado lícitamente, pero el plazo se computa por separado para cada elemento.

    Una vez que la obra es de dominio público puede ser utilizada por cualquiera, sin necesidad de la autorización del autor y sin tener que pagar ningún tipo de remuneración al mismo, siempre que se respete su autoría y la integridad de la misma, pudiendo ser reproducida, distribuida, comunicada públicamente o ponerse a disposición en internet, así como transformarla, dando en este caso lugar a las obras derivadas, que son independientes de la obra principal, como es el caso de las revisiones, adaptaciones o arreglos musicales, de manera que el autor de dicha obra derivada gozará de los derechos de explotación exclusivos sobre la misma, independientemente de que la obra de la que deriva sea de dominio público.

    23 noviembre, 2019 en 15:07

    • Las grandes compañías comienzar a comprar voluntades de los políticos con total descaro. Es célebre el que cada vez que Mickey Mouse va a pasar en USA al dominio público, surge una ley que prorroga oportunamente la vigencia de los derechos. Si se rasca un poco se ve que quienes presentaron esas propuestas recibieron suculentos pagos de Disney.

      26 noviembre, 2019 en 22:26

    • ¿Donde deja ese engendro comercial llamado YOUTUBE los derechos del espectador a ver las obras en su propio idioma?

      27 noviembre, 2019 en 21:13

    • 2 diciembre, 2019 en 0:10



    • 2 diciembre, 2019 en 0:42

  2. 23 noviembre, 2019 en 15:15

  3. Interesante el cuadro de los PMA, luego a eso hay que añadir las excepciones, como por ejemplo en España han sido excepciones, por largo tiempo (ahora no se), la familia Valle Inclán y la García Lorca, durante mucho tiempo bastiones principales de la SGAE

    23 noviembre, 2019 en 18:09

    • 23 noviembre, 2019 en 23:07

    • A lo largo de la última década se ha avanzado mucho en el acceso abierto a las publicaciones científicas. Sin embargo, más allá del acceso a las publicaciones, cada vez más se piden los datos y los procesos que se han generado en el proceso de la investigación para poderlos reproducir. Con este objetivo se ha iniciado un proyecto piloto, Horizon 2020, que pretende hacer públicos los datos que se generan o se recogen en un proyecto de investigación para que se puedan reutilizar. Actualmente el Parlamento europeo está revisando la directiva europea de 2001, donde se definían las leyes de propiedad intelectual. Entre las propuestas presentadas, está la introducción de una nueva excepción para permitir analizar un texto y extraer sus ideas o datos. La Declaración de La Haya sobre la búsqueda y extracción de conocimiento en la era digital tiene por objetivo mejorar el acceso al conocimiento eliminando cualquier barrera que impida la búsqueda y el análisis.

      Durante esta última década, en el ámbito académico, se ha hablado mucho del acceso abierto a las publicaciones científicas. Ya hace más de diez años que se publicaba la Iniciativa de Budapest a favor del acceso abierto, donde se establecían los fundamentos básicos de este movimiento que promueve el acceso a los resultados de la investigación sin ninguna barrera tecnológica, económica ni legal. El objetivo establecido a finales del año 2001 era alcanzar esta situación en aquellas publicaciones para las que los investigadores no reciben una compensación económica directa, principalmente los artículos en revistas o los documentos de trabajo. En el documento final de la declaración se plantearon dos estrategias para alcanzar el objetivo final que se han convertido en las dos tipologías de acceso abierto que conocemos actualmente: el verde y el dorado. Por un lado, se impulsaba a los autores a autoarchivar sus artículos, es decir, a mantener una copia de cualquier contribución que había sido revisada y publicada para difundirla mediante unos archivos abiertos que reciben el nombre de repositorios. El autoarchivo permite que cualquier persona pueda acceder a los resultados publicados sin tener que pasar por su pago. No obstante, las editoriales suelen exigir un periodo de tiempo o embargo para dar acceso al público al texto completo, que va de los seis a los cuarenta y ocho meses, y que la versión que se ofrezca sea la versión revisada pero no con la maquetación o presentación final (la versión del autor en lugar de la versión final publicada). Esta es la vía verde. Si tuviéramos una copia en un repositorio de todo lo que se publica, ¿tendría sentido mantener el sistema de publicación científica actual? Y aquí es donde entra la segunda estrategia, la ruta dorada, que plantea un cambio en las revistas o publicaciones periódicas abogando por utilizar los derechos de propiedad intelectual para permitir una libre difusión y no para establecer barreras. Con la ruta dorada se apuesta por las llamadas revistas de acceso abierto, que, como su nombre indica, son revistas de acceso gratuito que publican los contenidos con una licencia que permite su libre reutilización solo exigiendo el reconocimiento de la autoría y el mantenimiento de la integridad de la obra. Dado que el acceso a estos contenidos es gratuito, hay que buscar otras vías de ingresos que no sean el pago por acceder a ellas. Uno de los sistemas es el de pagar por publicar, pero hay otros.

      Uno de los objetivos del acceso abierto es facilitar que el público en general acceda sin ningún tipo de barrera a los resultados de la investigación. Y es con esta idea que se han elaborado las diversas políticas de acceso abierto (o quizás habría que calificarlas de acceso público) que hay en la actualidad. A nivel institucional o académico, a nivel nacional o a nivel internacional han proliferado los requerimientos para hacer públicos los resultados de la investigación por parte de quien la financia [2]. En muchos casos la investigación se financia con fondos públicos y, de esta forma, hay un retorno al público.

      Tenemos repositorios, tenemos revistas de acceso abierto, tenemos políticas, e incluso leyes [3], que imponen el acceso abierto, pero, ¿en qué situación nos hallamos? En verano de 2013 la Comisión Europea publicaba un estudio que había encargado donde se afirmaba que se había llegado a un punto de inflexión para que se pudiera acceder gratuitamente a alrededor del 50% de las publicaciones de 2011. Este porcentaje no se alcanza solo con los contenidos que se encuentran en los repositorios, ya que en la mayoría de los casos la proporción de contribuciones accesibles al público respecto al total es bastante inferior. Sin embargo, la introducción de mandatos más fuertes, como la obligación de depositar y hacer público cualquier artículo resultante de un proyecto financiado en el marco europeo de investigación, ha incrementado el interés y la preocupación de los investigadores por el acceso abierto.

      Pero tal vez ya ha llegado el momento de ir más allá de las publicaciones. Los resultados de la investigación tienen formas muy diversas y, por lo tanto, hay que ver cómo podemos traspasar esta idea de apertura de las publicaciones a esos otros objetos. Los primeros pasos se están dando con los datos. Ya hay publicaciones que piden los datos que se han generado o que se han utilizado en una investigación para publicarlos con los textos. No basta con poder leer cómo se han conseguido unos resultados, ahora se piden los datos para poderlos reproducir. Con este objetivo se ha iniciado un proyecto piloto dentro del programa europeo de financiación de proyectos de investigación, Horizon 2020. Este proyecto piloto pretende hacer públicos los datos que se generan o se recogen en un proyecto de investigación que se puedan reutilizar de forma amplia fomentando su gestión y preservación.

      Aún podemos ir un poco más lejos y plantearnos la apertura en otras fases de la investigación y no solo cuando se han alcanzado unos resultados. De hecho ya hay investigadores que comparten todo cuanto hacen diariamente [4] o que publican cada línea de código que generan a través de servidores de acceso público y así permiten su reutilización. Todas estas prácticas se engloban en lo que se llama ciencia o investigación en abierto. Todavía son prácticas minoritarias, pero están emergiendo con fuerza y por ello la Comisión Europea ha planteado la ciencia en abierto como una de sus prioridades para los próximos años. El año pasado realizó una consulta pública para recibir la opinión de todos los ciudadanos que estuvieran interesados en ello y, principalmente, de todas las partes implicadas: investigadores, instituciones, editores, asociaciones… Tras la consulta se celebraron cuatro reuniones para validar las respuestas recibidas y hace pocas semanas se ha llevado a cabo un informe de este proceso de validación.

      La declaración de La Haya

      Parece claro que estamos viviendo un momento de transición donde convive la difusión tradicional de los resultados de la investigación con nuevas formas de compartir todo el proceso de una investigación con el público en general. Debemos permitir que cualquier investigador elija el modo de difundir lo que hace sin penalizar ninguna opción, recompensando y reconociendo la labor realizada y permitiendo que todo el mundo conozca, hasta donde sea posible, lo que se hace con dinero público.

      Pero, mientras intentamos que la investigación sea más abierta y llegue a todo el mundo, todavía surgen nuevos obstáculos que dificultan el descubrimiento de nuevos conocimientos. Y en muchos casos no son obstáculos tecnológicos, sino obstáculos legales que generan, sobre todo, incertidumbre e inseguridad. La mayoría de estos obstáculos provienen de una aplicación restrictiva de la propiedad intelectual.

      Actualmente el Parlamento europeo está revisando la directiva europea de 2001, donde se recomendaban un abanico de excepciones o límites en las leyes de propiedad intelectual estatales para afrontar la nueva sociedad de la información. El sistema de límites o excepciones sirve para indicar todo lo que se puede hacer con una obra sin tener que pedir permiso a los titulares de los derechos, como por ejemplo hacer una copia para uso privado, hacer una cita, hacer una parodia… El primer borrador del informe elaborado por la relatora Julia Reda ya apuntaba a que actualmente la directiva impide el intercambio de conocimiento en lugar de facilitarlo, tal y como se pretendía en su momento. El informe final ya se habría tenido que votar en las comisiones correspondientes para llegar al pleno del parlamento, pero de momento se ha aplazado. En esta votación habrá aprobar o rechazar las diversas enmiendas presentadas por los parlamentarios que son interesantes de leer para ver la disparidad de opiniones.

      Entre las propuestas presentadas, está la introducción de una nueva excepción para permitir que cualquier persona pueda analizar un texto y extraer sus ideas o datos. Puede parecer que esta excepción no sea necesaria porque posiblemente todos podríamos coincidir en que cuando leemos un texto podemos extraer sus ideas o datos y no es necesario que pidamos ningún tipo de permiso. Pero actualmente muchos de estos procesos de análisis y de extracción son realizados por máquinas e incluyen un acto de reproducción del texto, lo que provoca que los titulares de los derechos de propiedad intelectual reclamen que sea necesaria la autorización pertinente [5]. En la mayoría de leyes europeas existe un vacío respecto a este tipo de explotación de la obra, que provoca una incertidumbre e inseguridad jurídica que hay que resolver. En cambio, en otros países se ha dejado claro que no existe ningún tipo de autorización, como por ejemplo en los Estados Unidos. En el ámbito europeo tenemos un ejemplo de introducción de una excepción a la ley de propiedad intelectual. En verano de 2014, en el Reino Unido se modificó la ley para incluir en ella una serie de excepciones o límites. Entre estos límites que se introdujeron está el de permitir que cualquier persona haga una copia de una obra a la que haya accedido legítimamente para analizarla mediante herramientas informáticas en un proceso de búsqueda sin una finalidad comercial. Es un primer paso pero quizás no es suficiente, ya que el límite comercial mantiene una incertidumbre y una limitación en los casos en que la investigación pueda tener un interés comercial, un término difícil de acotar.

      Pero, ¿por qué nos preocupa este proceso de análisis y extracción? Actualmente tenemos una avalancha de información en todos los ámbitos y la investigación no es la excepción. Los investigadores no pueden leer la ingente cantidad de contenidos que se publican y, por ello, han creado estos mecanismos para procesarlos y extraer las ideas o los hechos más relevantes. Estos procesos reciben el nombre genérico de «minería de texto y de datos» (TDM, siglas en inglés). El análisis de textos para extraer ideas, hechos, datos, patrones en general, puede ayudar a avanzar en cualquier investigación en cualquier ámbito. Por esta razón, la semana pasada se hizo pública una nueva declaración que se posiciona a favor de un acceso al conocimiento más igualitario y reclama cambios en las leyes de propiedad intelectual para proteger la libre circulación de las ideas, las datos y los hechos. Esta declaración se gestó en la sede de LIBER, la Asociación de Bibliotecas de Investigación Europeas, en La Haya, en diciembre de 2014, y recibe el nombre de esta localidad neerlandesa. La Declaración de La Haya sobre la búsqueda y extracción de conocimiento en la era digital tiene como objetivo mejorar el acceso al conocimiento eliminando cualquier barrera que impida la búsqueda y el análisis.

      A principios de este siglo XXI, Budapest fue el referente para empezar a avanzar en el acceso abierto. Habrá que ver si ahora La Haya toma el relevo de la capital húngara para convertirse en uno de los referentes para consolidar la investigación en abierto. Os invito a leer el texto de la declaración y a apoyarlo si estáis de acuerdo con él.

      Un abrazo.

      24 noviembre, 2019 en 10:46

    • El 2º vídeo de la entrada tiene la respuesta.

      26 noviembre, 2019 en 21:42

  4. Dominio público en 2019

    Junto con el nuevo año y sus múltiples tradiciones vuelve con nosotros un clásico: el listado de los autores cuya obra pasa a dominio público, en esta ocasión los fallecidos en 1938. La Biblioteca Nacional de España ofrece una selección de sus producciones, que serán libremente accesibles desde la Biblioteca Digital Hispánica.

    Entre ellos cabe destacar los aragoneses José María Alvira (1864-1938); Mariano Baselga y Ramírez (1865-1938); Andrés Giménez SolerLeonardo Escalona y Montaner (1891-1938); Miguel Fleta (1897-1938); Faustino D. Gazulla (1879-1938); Andrés Giménez Soler (1869-1938); Francisco Lafuente Zabalo (1886-1938); Zacarías López Debesa (1879-1938); Blas Mora (1861-1938); y Justo Royo, El Cebadero (1891-1938).

    Dentro del ámbito literario los dramaturgos Serafín Álvarez Quintero (1871-1938) y Manuel Linares Rivas (1867-1938), o el novelista Armando Palacio Valdés (1853-1938). También en el capítulo de traductores Rafael García Ormaechea, quien tradujo a Marx, o Luis López-Ballesteros y de Torres (1896-1938), quien hizo lo propio con las obras completas de Freud.Hermanos Álvarez Quintero

    En cuanto a los políticos, se incluyen en la nómina Juan de la Cierva y Peñafiel (1864-1938), abogado y político de la Restauración, Rodolfo Gil (1872-1938), Ramón Franco (1896-1938) o el socialista Juan José Morato (1864-1938). La única mujer que hallamos es María Atocha Ossorio y Gallardo (1876-1938), la, escritora, traductora y primera mujer periodista miembro de la Asociación de la Prensa de Madrid. También debemos señalar la presencia del archivero Francisco de Bofarull y Sans (1844-1938).Francisco de Bofarull y Sans

    Una de las principales novedades que presenta este año es el cambio de formato del listado, puesto que cambia el PDF habitual por un excel que se ve enriquecido con los enlaces al propio catálogo de la BNE y a la entrada del autor en el portal de datos enlazados datos.bne.es.

    Además, junto con estos listados abreviados, se han creado ficheros completos con todos los datos disponibles en los registros de autoridad de la BNE, y se han publicado como conjuntos de datos abiertos y reutilizables, en diferentes formatos, en el catálogo de datos.gob y en el datahub de CKAN, siguiendo la estrategia de la BNE para la apertura e impulso de la reutilización de sus datos y colecciones digitales.

    http://www.dominiopublico.es/

    23 noviembre, 2019 en 21:43

  5. Dominio público
    Algunas peliculas

    23 noviembre, 2019 en 22:52

  6. 24 noviembre, 2019 en 11:59

  7. Interesante!

    24 noviembre, 2019 en 12:41

  8. 24 noviembre, 2019 en 13:21

  9. 24 noviembre, 2019 en 13:56

  10. 24 noviembre, 2019 en 14:35

  11. 25 noviembre, 2019 en 2:05

  12. 25 noviembre, 2019 en 5:06

  13. 25 noviembre, 2019 en 23:12

  14. 26 noviembre, 2019 en 0:07

  15. 26 noviembre, 2019 en 12:41

  16. Gracias a esa Gran Mierda comercialoide llamada YOUTUBE no podemos escuchar en Español la pelicula…

    YOUTUBE is a huge anti-cultural shit.

    26 noviembre, 2019 en 23:27

  17. 27 noviembre, 2019 en 20:21

  18. 28 noviembre, 2019 en 7:42

  19. 28 noviembre, 2019 en 23:41

  20. 30 noviembre, 2019 en 12:35

  21. 30 noviembre, 2019 en 13:14

  22. 30 noviembre, 2019 en 16:47

  23. 30 noviembre, 2019 en 20:35

  24. 1 diciembre, 2019 en 0:08

  25. 1 diciembre, 2019 en 0:16

  26. 1 diciembre, 2019 en 0:41

  27. 1 diciembre, 2019 en 1:05

  28. 1 diciembre, 2019 en 23:19

  29. 1 diciembre, 2019 en 23:49

  30. 2 diciembre, 2019 en 4:00

  31. 2 diciembre, 2019 en 20:59

  32. 3 diciembre, 2019 en 0:20

  33. 3 diciembre, 2019 en 13:56

  34. 8 diciembre, 2019 en 4:08

  35. 8 diciembre, 2019 en 6:28

  36. 9 diciembre, 2019 en 13:33

  37. 9 diciembre, 2019 en 20:49

  38. 9 diciembre, 2019 en 21:49

  39. 10 diciembre, 2019 en 2:35

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